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| 6/22/1998 12:00:00 AM

CANAL EN EL AIRE

La Comisión Nacional de Televisión le negó el canal de Bogotá a la Casa Editorial El Tiempo y se desató una controversia jurídica sobre la validez de esta decisión.

Pocos acontecimientos han generado tanto suspenso en el mundo de la televisión como la votación de la semana pasada en la Comisión Nacional de Televisión por el canal de Bogotá. El único proponente era la Casa Editorial El Tiempo, que había aceptado pagar los 14 millones de dólares que la Comisión fijó como costo de la licencia. Sin embargo Caracol y RCN, que habían sido adjudicatarios de canales nacionales a 95 millones de dólares cada uno, demandaron esa licitación con el argumento de una inequidad evidente entre las dos cifras si se tomaba en cuenta que Bogotá tiene cerca de la mitad de la pauta de televisión del país. A la cifra de 14 millones de dólares se llegó con base en el número de habitantes de la capital frente al total nacional. El argumento de los demandantes es que ese no era un criterio lógico dado el peso de Bogotá en la economía nacional.
Al llegar al momento de la votación el resultado fue tres votos a favor, uno en contra y uno en blanco. Los tres votos a favor fueron de Carlos Muñoz, Jorge Valencia y Eugenio Merlano. El voto en contra fue de Mónica de Greiff, quien sostiene que la Ley 182 prohíbe hacer cualquier licitación sin un estudio previo para determinar su precio. Su posición es que la Comisión se expone a una investigación de la Procuraduría por hacer entrega de bienes públicos sin tener en cuenta su costo real. El voto en blanco fue de Alvaro Pava, quien sorprendió a muchos con un voto nada común en el campo de la administración pública. Como el requisito para la aprobación del canal requería cuatro votos el canal de la Casa Editorial El Tiempo quedó aparentemente hundido.
El registro de la noticia en el periódico El Tiempo dejó la impresión de que era más un estancamiento que un hundimiento. La posición del periódico, según su abogado, Weiner Ariza, es que la votación es "una no decisión" puesto que para declarar desierta la licitación se necesitaba que al menos cuatro de los cinco miembros hubieran votado en contra, y la única que lo hizo fue Mónica de Greiff. Caracol y RCN consideraron que el cubrimiento de esta noticia por parte del periódico fue parcializado puesto que para ellos la decisión de la Comisión era definitiva.
La realidad es que la diferencia entre 14 millones de dólares por el canal de Bogotá y 95 millones por un canal nacional es demasiado grande para que las dos fueran correctas. O el canal de Bogotá es demasiado barato o los nacionales son demasiado caros. Sin embargo, aun en la eventualidad de que se hubiera cometido un error en la cuantificación del costo, esto no invalida automáticamente el proceso jurídico si se llenaron todos los requisitos exigidos por la ley. Mónica de Greiff, quien no estuvo presente el día en que se aprobaron los pliegos de condiciones y los precios, argumenta que en el método de evaluación del costo "la Cntv no cumplió con uno de los requisitos que debió tomar en cuenta". Agrega que, de hacerse este avalúo en forma correcta, el costo debía oscilar entre los 37 y los 58 millones de dólares.
En lo que todos los comisionados están de acuerdo es en que la Casa Editorial El Tiempo presentó una propuesta excelente y que no tiene ninguna responsabilidad en la controversia que se está presentando pues se limitó a cumplir con todos los requisitos y presentar su propuesta. El punto de vista del diario es que no se pueden cambiar las reglas de juego de una licitación a mitad de camino.
A todas estas, Alvaro Pava ha dejado saber que si su voto en blanco no es considerado válido y tiene que volver a votar lo haría en contra de la adjudicación del canal por las mismas razones que expone Mónica de Greiff. Su fórmula de transacción es declarar desierta la licitación, contratar un estudio que avalúe el costo teniendo en cuenta el peso de la pauta que se genera en Bogotá y, posteriormente, adjudicar por contratación directa dándole la primera opción a la Casa Editorial El Tiempo. Esto suena muy lógico pero significaría seguramente un aumento considerable del costo que el proponente no necesariamente estaría dispuesto a aceptar. ¿Cuál será el próximo capítulo? Nadie lo sabe.
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