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| 8/6/2011 12:00:00 AM

¿Candidatura o haraquiri?

El lanzamiento de Mockus a la Alcaldía parece indicar que su animadversión por Uribe pesa más que su lealtad al Partido Verde.

Se rumora que esta semana Antanas Mockus se lanzará a la Alcaldía de Bogotá. Varios colaboradores cercanos a él así lo confirman. De llegar a ser verdad, a primera vista parecería uno de los mayores actos de suicidio político de los últimos tiempos. Teniendo en cuenta que el exalcalde hace exactamente un año se convirtió de la noche a la mañana en un fenómeno político sin antecedentes, el colapso de ese fenómeno se vislumbra tan rápido y tan fuerte como fue su ascenso.

 Ya se sabía que la ola verde no fue más que una ola. Era muy difícil que se convirtiera en un partido político sólido, pues se trataba, en el fondo, de un movimiento basado casi exclusivamente en la personalidad de Mockus. Es decir, su transparencia, su ética y su moral. Sin embargo, a pesar de la nobleza de esos valores, paradójicamente no era más que un movimiento caudillista. Y al no tener la infraestructura política, burocrática y electoral para perpetuarse era previsible que se desvaneciera gradualmente.

 Lo que nadie anticipaba era que el caudillo se convirtiera en el propio verdugo del movimiento. Su reciente retiro le quitó el alma a una colectividad que tenía alma mas no cuerpo. El argumento para esta decisión fue que la adhesión de Uribe a Peñalosa iba en contra de sus propios principios y de los de la colectividad, y que por ello no podía permanecer en esta. Ese puritanismo político, aunque extremo, podría ser respetable. Lo que definitivamente no lo es, es utilizarlo como excusa para lanzarse él mismo y sabotear las posibilidades de Enrique Peñalosa, el candidato que su antiguo partido eligió.

Se podría decir que Antanas Mockus se bajó del pedestal y mostró el cobre. El gladiador que combatió el 'todo vale' se convirtió en un practicante de ese precepto en esta ocasión. Esta metamorfosis quedó magistralmente ilustrada en una caricatura de Osuna en donde se ridiculizaba a Mockus disfrazado de indígena para que un partido de esas comunidades le otorgara el aval. El mensaje de la caricatura era claro: por más absurdo que parezca que un lituano represente a los indígenas, el fin justifica los medios. Y en este caso, el fin es la Alcaldía.

 Pero lo verdaderamente sorprendente de esa candidatura no es que el héroe de los dineros sagrados y la cultura ciudadana mostrara facetas de ego y ambición desconocidas, sino que Mockus esta vez parece no tener posibilidades de triunfo. La última encuesta de CMI que lo incluye en el abanico de candidatos da el siguiente resultado: Peñalosa ocupa el primer lugar con 25 por ciento de la intención de voto. Lo sigue Gustavo Petro con 16 por ciento y de tercero se ubica Antanas Mockus con 13 por ciento. Las otras mediciones confirman este bajonazo y ninguna muestra indicios de repunte. Por el contrario, lo que era un descenso gradual podría convertirse en caída libre.

 ¿Cuál es entonces el verdadero raciocinio de su apuesta? Mockus cree que él es todavía el símbolo del 'no todo vale' y que ese principio debe ser defendido, incluso aunque no triunfe. Al mismo tiempo, sabe que está quemando los últimos cartuchos de su vida pública y cree que todavía puede prestar un servicio. Se dice que quedó particularmente deprimido frente a una encuesta de Bogotá Como Vamos que revelaba que los índices de cultura ciudadana, su gran bandera, han caído vertiginosamente. Sus seguidores, aunque muchos menos que antes, tienen el mismo convencimiento o tienen intereses electorales que dependen de esa candidatura. Juan Carlos Flórez, por ejemplo, uno de los concejales estrella de la capital, sería cabeza de lista si esta se materializa.

Los verdes y los peñalosistas tienen otra versión de los hechos. Según ellos, Mockus desde el principio quiso ser candidato a la Alcaldía y su apoyo inicial a Peñalosa siempre fue a regañadientes y de mala gana. También creen que no era necesario que le hiciera tanto daño al partido si finalmente lo que quería era competir en franca lid por la Alcaldía. Habría podido hacerlo por dentro sin dañar la imagen del partido que él ayudó a construir.

 Es difícil determinar cuál de esas dos versiones es más válida. Lo que sí se podría afirmar es que si Antanas Mockus no gana, se expone a que el Partido Verde lo responsabilice de una eventual derrota de Enrique Peñalosa. Su actitud solo se entiende si su animadversión por Álvaro Uribe es tan grande que él crea que le está prestando un servicio a la capital evitando la reelección de Peñalosa.

Indudablemente se trata de una conducta poco caballerosa si se tiene en cuenta que Peñalosa lo apoyó en su candidatura presidencial teniendo también serias reservas. Mockus, sin embargo, ha tenido fama de ser un poco extraño, en parte porque siempre cree que uno debe actuar de acuerdo con sus principios independientemente de las consecuencias Ese parece ser un rasgo lituano, pues el alcalde de la capital de esa nación demostró la semana pasada que para evitar que los carros queden mal parqueados, es capaz de aplastarlos pasándoles por encima con un tanque de guerra. n?
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