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| 6/13/2015 10:00:00 PM

Candidatos enredados

Las campañas se tomaron las redes sociales. Ya no importan las vallas y los carteles, sino los ‘likes’ y seguidores.

“Voten por mí”. Esa es la única frase prohibida a un candidato en Twitter, Facebook o Instagram. Un mundo virtual sin reglas que cambió la forma de hacer política. Estar en las redes sociales se ha vuelto igual o más importante que subirse a una tarima, repartir volantes o despacharse tres horas en los micrófonos. La estrategia de los candidatos de hoy es llegar a las pantallas, no solo de televisión, sino de celulares, tabletas y computadores. En menos de diez años, las redes le cambiaron la cara al país y transformaron para siempre la forma de hacer campañas. El único problema es que la legislación no ha logrado cogerles el ritmo a estos cambios tecnológicos. ¿Hacer propaganda en redes es lo mismo que en la vida real y viola la ley actual?

Colombia está entre los primeros diez países que más tiempo dedican a navegar en las redes. Dos de cada tres colombianos conectados a internet están revisando sus perfiles en Twitter, Facebook, Instagram o WhatsApp. La red del pájaro azul ya tiene más de 17 millones de usuarios en el país y Facebook sigue siendo el rey de reyes con 22 millones. Por eso cualquier candidato sabe que si no está en las redes no existe porque tanto la diseminación de las ideas como el debate se están trasladando a las plataformas digitales. Eso lo han entendido la mayoría de las figuras reconocidas que hoy compiten por las alcaldías y gobernaciones más importantes del país. Si bien para las elecciones de octubre próximo no ha surgido aún un político que se haya convertido en un ‘fenómeno’ de las redes, todos comprenden que además de discursos, alianzas, líderes y recorridos barriales necesitan retrinos, likes, seguidores y memes.

Desde hace más de un año el mundo virtual está repleto de mensajes políticos que invitan a votar en otras palabras. Esa es la principal preocupación del Consejo Nacional Electoral y de la Procuraduría. A las oficinas del Consejo han llegado cerca de 50 denuncias y consultas sobre abuso de redes sociales para hacer campaña por fuera de los plazos legalmente establecidos por las autoridades electorales, según las cuales solo puede comenzar a partir de agosto. Y la respuesta siempre es la misma: archivar.

Los denunciantes llenan páginas enteras de ‘pruebas’ con fotos que los candidatos suben en su paso por barrios y localidades, y mensajes que invitan a votar sin decirlo. Cómo serán los vacíos legales y la poca información que a esta entidad han llegado hasta consultas sobre qué tan permitido es que un aspirante se presente en Facebook como ‘precandidato’. La verdad es que de acuerdo con la ley, si el mensaje no invita a votar de manera explícita no se considera propaganda electoral.

Para muchos eso es cuestionable y las redes, así como las firmas, se vuelven atajos perfectos para evadir la lupa de las autoridades electorales. Para otros, entrar a legislar su uso sería metérseles a la vida privada de los políticos y violar su derecho a la libre expresión. La pregunta es qué tan privada puede llegar a ser una cuenta en Twitter con más de 100.000 seguidores, como pasa con las de varios candidatos a alcaldías y gobernaciones.

La procuradora delegada para temas electorales, María Eugenia Carreño, ya dijo que es necesario fijar unas reglas para garantizar el juego limpio. “No se pueden utilizar esas formas de expresión para desequilibrar el debate electoral”, señaló.

La respuesta del Consejo Nacional Electoral a este tipo de denuncias es clara: mientras el que va por la calle no puede evitar ver una valla, el usuario de redes sociales puede elegir si sigue o no al candidato. De ahí que no sea considerado publicidad ni se tenga por qué restringir su uso. Hasta ahora la explicación del CNE es que las redes sociales se inventaron para entablar un diálogo directo entre los usuarios. SEMANA tuvo acceso a los documentos oficiales donde argumenta que “intervenir en las publicidades que se realizan mediante grupos cerrados o las diferentes redes sociales por parte de algún aspirante a cargo de elección popular se entendería como la alteración a la intimidad y libertad de expresión que tiene cada usuario”. Y concluye que “la utilización de las redes sociales para dar a conocer ideas políticas no se considera propaganda electoral”.

La visión de algunos analistas es que eso puede cambiar. El Consejo Nacional Electoral le bota la pelota al Congreso y asegura que es responsabilidad del Legislativo hacer algo, pues sin ley no hay regulación. Solo la ley define un tiempo en televisión y en radio para los mensajes políticos. ¿Y qué pasa con YouTube? Solo la ley regula los plazos para pegar mensajes en las paredes de las calles. ¿Y qué pasa con los muros de Facebook? ¿Qué pasa con los inbox y correos electrónicos? ¿Quién controla la guerra sucia en Twitter?

Las redes sociales tienen la ventaja de llegar directamente a los ciudadanos sin pasar por los medios. Eso es bueno y malo. Bueno para los candidatos cuando lo aprovechan para interactuar con los usuarios y no solo promocionarse a sí mismos. Malo para las autoridades electorales, que se ven desbordadas en hacerles seguimiento a cuentas personales. La percepción de quienes representan redes como Twitter o Facebook es parecida. Para ellos el tema de la regulación está en manos del Congreso y mientras tanto no hay por qué restringir los contenidos ni someterlos a plazos, como sí pasa con las vallas y los volantes.

En todo caso, el vacío legal ha sido aprovechado por todos los candidatos. Sin usar la palabra ‘votar’, las cuentas de Twitter de varios aspirantes a alcaldías y gobernaciones están repletas de mensajes y ya hay varios grupos en Instagram que invitan a los jóvenes a seguir campañas. Lo que sí es un hecho es que tener muchos seguidores no es sinónimo de ganar. Si las elecciones se midieran por número de seguidores en vez de votos, en Bogotá, por ejemplo, ganaría el candidato del Centro Democrático, Francisco Santos, que ya tiene más de 400.000; luego seguiría Enrique Peñalosa con 346.000. Después el candidato de La U, Rafael Pardo, con 197.000 y en cuarto lugar la candidata del Polo, Clara López, con 175.000. La realidad es que de acuerdo con las más recientes encuestas ni Pacho Santos está a la cabeza ni Clara López en la cola.

Mientras no existan reglas de juego claras, las redes sociales seguirán siendo el blanco perfecto para madrugarles a las campañas. Los mandamientos del like, los trinos y ‘el sígueme y te sigo’ seguirán redefiniendo la manera de hacer política. Y aunque los votos son la última palabra, el que sabe dominar redes puede hacerse conocer más rápido, transmitir sus mensajes de mejor manera y saltarse a los medios y a los periodistas.
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