Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1995/06/05 00:00

CAPOTEANDO LA TORMENTA

Muchos colombianos piensan que el gobierno se encuentra en una encrucijada. ¿Qué opina el capitán del barco?

CAPOTEANDO LA TORMENTA

A PESAR DE SU JUVENTUD, ERnesto Samper se consideraba un veterano en las lides políticas. Vivió derrotas electorales humillantes como la de su candidatura al Senado en 1982. Sobrevivió a 13 balazos en el atentado contra su vida en 1989. Aguantó cuanta crítica puede recibir un político en ascenso. Pero finalmente logró su meta: la Presidencia de la República.
Sin embargo, nunca pensó que después de haber superado todos estos obstáculos tendría que atravesar un calvario como el que ha tenido que recorrer desde el mismo día de su elección. Su problema no ha sido el del sol en las espaldas sino en la frente. Tal vez nunca un primer año de gobierno había sido tan acalorado para un primer mandatario. Desde que el candidato perdedor Andrés Pastrana puso en tela de juicio la legitimidad moral de su elección hasta que la semana pasada el propio Presidente pidió que se reabriera la investigación de los narcocasetes, Ernesto Samper ha tenido que luchar contra un fantasma. Acostumbrado a lidiar con rivales de carne y hueso, enfrenta ahora a un enemigo abstracto, intangible, que desaparece y aparece cuando nadie lo espera. Se trata de una permanente sombra de sospecha sobre su gobierno, originada en el omnipresente problema de todos los colombianos: el narcotráfico.
Esta situación ha generado un ambiente nacional que ha llegado a oscilar entre el escándalo y la zozobra. Hay días en que los colombianos se despiertan con una sensación de total normalidad y otros en que se sienten al borde de una crisis. Este proceso cíclico es lo único que quiere dejar atrás Ernesto Samper, y aunque muchas veces cree que lo ha logrado, la culebra vuelve a aparecer.
Tal vez el más sorprendido de todo lo que está sucediendo es el propio Presidente. Es un hombre sencillo, descomplicado, conocido por todos los colombianos desde hace muchos años. No hay nada más ajeno a su imagen que las imputaciones que velada o públicamente se le han formulado en estos meses. No en vano, su popularidad se mantiene intacta. Independientemente de lo que pudo haber sucedido en la campaña pasada, los colombianos quieren a su Presidente. La última encuesta le da un nivel de favorabilidad del 70 por ciento, cifra a la cual no llegaron antecesores en el cargo que jamás se vieron cuestionados en esos términos.
¿Cómo se explica esta solidaridad en medio de semejante tormenta? Es una combinación de varios factores. Hay mucho de química por su personalidad calurosa, mucho de la suerte que nunca lo ha abandonado y otro tanto de respaldo popular, que sólo podría ser explicado por el contenido social de sus programas de gobierno. La mayoría de los colombianos perciben al presidente Samper como un hombre preocupado por el bienestar del ciudadano común. Y aunque esta interpretación suene simplista, nadie ha podido ofrecer una mejor para justificar su popularidad.
Durante todo este proceso, Ernesto Samper ha aguantado mucho y ha hablado poco. A pesar de lo grave que ha llegado a estar la situación, es un hombre que irradia siempre una serenidad interna que tranquiliza a sus allegados y neutraliza a sus adversarios. Siempre ha dicho que su vida es un libro abierto y por eso no ha considerado necesario defenderse. Ahora, sin embargo, ha decidido hablar. Después de haber capoteado tantas tormentas, sabe que su fuerte es ser Ernesto Samper. Ese Ernesto Samper fue el que recibió a la redacción de SEMANA el viernes pasado durante dos horas, para su primera entrevista en varios meses sobre la situación actual. Estos son los principales apartes de ese diálogo.

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