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| 6/30/2017 7:35:00 PM

Así pasaron de ladrones a extorsionistas los Mercenarios de Quibdó

Los Calvos, como también era conocida la banda, disparaban contra las empresas y los empleados que no pagaban sus exigencias. El jefe de la banda organizaba los chantajes desde una prisión del Chocó

En diciembre de 2015, con su primer atentado, el grupo criminal organizado conocido como los Mercenarios cambió de dimensión, de nombre y de actividad criminal en el Chocó. En ese mes pasaron de dedicarse al robo de transportadores y de distribuidores a cobrar extorsiones, lo que resultó ser una modalidad mucho más rentable. Se hicieron llamar los Calvos, en honor a su segundo al mando y entraron en la mira del grupo anti secuestros, anti extorsión de la Policía Nacional.

Su primera víctima grande fue una empresa de servicios de giro ubicada en el barrio Las Mercedes en Quibdó. Según relata la investigadora del Gaula en cargo del caso, los Mercenarios empezaron por exigir 50 millones de pesos al gerente de la empresa, antes de bajar sus pretensiones a 10 millones, que se pagaron en dos cuotas. La primera entrega se hizo el 15 de diciembre de 2015 y la otra 13 días después, el 28 de diciembre.

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El acuerdo era que se quedarían con ese dinero y dejarían de hostigarlo, pero poco tiempo volvieron a acosarlo para obtener el resto de los 40 millones. Dijeron que eso que había pagado era muy poquito y que iban a tener que entregarles mensualmente una cuota hasta llegar al precio acordado. Cuando el gerente rechazó su amenaza, le aseguraron que más tarde le mandarían su “regalito”, sin precisar más.

Unas semanas más tarde, ya en enero de 2016, atacaron a tiros un punto de venta de Supergiro desde una motocicleta. En esa agresión hirieron a una trabajadora de la empresa en el pie y a un policía que iba a solicitar uno de los servicios de la empresa. “Ya usted verá si me paga o no me paga” le dijo el agresor al empresario, dando el banderazo inicial de su nueva modalidad delictiva.

" target="_blank">El acto quedó grabado en video.

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Los disparos a las fachadas de empresas y a trabajadores se volvieron prácticamente un ritual distintivo de la empresa criminal. Atacaron a grandes compañías a las que cobraron millones y a pequeñas tiendas de barrios que desembolsaban 50 mil pesos mensuales como “vacuna”, intimidando a sus víctimas por mensajes de celular, hasta que los investigadores se dieron cuenta de que el jefe operativo del grupo era Harold Valoys Córdoba, alias Carlos Calvo. Un hombre que ya había sido capturado en abril de 2011 por rebelión y extorsión, pero que presuntamente seguía delinquiendo desde la prisión de Anayancy en Quibdó.

(" target="_blank">Audio de una de las extorsiones)

De acuerdo con el capitán en cargo del Gaula Chocó, Carlos Calvo es un miliciano retirado del frente 24 de la guerrilla de las FARC que en su momento hizo alianza con la facción local de los Rastrojos. Cuando esta se transformó en el Clan del Golfo, se declararon en disidencia y aprovecharon su conocimiento del terreno y de las armas para educar a una nueva generación a la que bautizaron los Mercenarios, en 2012. Esta se dedicó primero al hurto y luego a las extorsiones, cuando decidió cambiar de nombre y pasar a llamarse los Calvos, en honor a su jefe Carlos.

En el momento en el que lo recapturaron y lo trasladaron a un prisión de máxima seguridad, primero en Bogotá y luego a la cárcel Tramacua, ubicada en el departamento del Cesar, con bloqueos de señal, para evitar que siguiera impartiendo órdenes, se contabilizaban por lo menos 40 miembros en su grupo, de los cuáles 20 han sido identificados. Entre estos había sicarios, cobradores de extorsiones y menores de edad que eran usados como mensajeros para llevar en un papel el teléfono al que tenían que marcar las víctimas para comunicarse con el Calvo.  

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Junto con él fueron arrestados en operativos simultáneos 13 personas en las ciudades de Quibdó, Villavicencio y Cartagena, así como en los municipios de Jamundí y Vigía de la Fuente, -hasta donde se extendía su red criminal- por los delitos de de concierto para delinquir agravado en concurso heterogéneo y sucesivo con el delito de extorsión.

Entre estos se encontraba el jefe de finanzas de la estructura y varios sicarios, pero su líder principal, alias el Viejo, -quien fue el que motivó al Calvo a recurrir a menores de edad para cometer sus delitos- sigue prófugo de la justicia. Se espera su captura en una segunda fase de la operación que tendrá lugar pronto, con la que podría quedar definitivamente fuera del mapa una de las organizaciones más temidas de la región, que vio su poder de coacción fuertemente mermado este 30 de junio, con la captura de más de la mitad de sus miembros más importantes.

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