Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/02/01 15:09

El ‘infierno’ de la cárcel de La Dorada

Los internos de la cárcel de máxima seguridad de Doña Juana viven un drama humanitario. La temperatura en el penal alcanza 45 grados centígrados y no tienen dónde resguardarse.

La arquitectura del penal hace que haya pocos sitios donde guarecerse de la luz del sol. Foto: Archiva particular

Uno de los castigos más severos a presos ‘famosos’ en todo el mundo es la restricción a recibir la luz del sol. Son muchos los casos de condenados que tienen que resignarse a pasar sus últimos días tras las rejas y sin posibilidad de recibir el rayo del sol. Abimael Guzmán, el líder de la guerrilla peruana Sendero Luminoso, fue condenado a cadena perpetua en una celda subterránea, 45 metros bajo tierra. Desde 1993 no sabe lo que es la luz del día.

Salvatore Mancuso, el exparamilitar extraditado a Estados Unidos, según confesó hace unos años, ha pasado meses sin recibir el sol. El narcotraficante Carlos Ledher, confinado en una prisión federal estadounidense, sólo ve la luz del sol 45 minutos a la semana.

En Colombia hay un caso muy particular. Cerca de 1.300 reclusos no tienen esta restricción, pero le huyen a la luz del sol. Están recluidos en la cárcel de máxima seguridad Doña Juana, del municipio de La Dorada (Caldas). Según el Inpec, en este penal el hacinamiento desborda el 40 % y, por si fuera poco, los estragos del fenómeno de El Niño han convertido sus días de condena en un auténtico infierno.

Los días son eternos para quienes están pagando sus condenas porque no sólo palidecen ante el inclemente sobrecupo, sino que deben soportar temperaturas que llegan a 45 grados a la sombra. A pesar de los esfuerzos de las autoridades competentes, la situación se agrava cada vez más. Cuando el reloj marca el mediodía es la peor tortura, los reclusos deben estar al aire libre bajo los inclementes rayos solares y la arquitectura de los patios no ofrece ni una sola opción de refugio. “Las jornadas son demasiado largas y el hacinamiento empeora todo”, reconocen directivos del sindicato del Inpec.

Aunque la Alcaldía del puerto de La Dorada y otras instituciones trabajan para facilitar equipos, agua y otros elementos que amainen el impacto del verano en la población carcelaria, la realidad parece haberlos superado. El alcalde de la localidad, Diego Pineda, indicó que en el penal no existe sistema de aire acondicionado o ventiladores, debido “a las exigencias  de seguridad”.

El calor extremo ha generado conflictos entre los reclusos. Las disputas, aunque suene dantesco, son para ganar un espacio en las celdas o los sitios que producen alguna sombra. En los últimos tres meses, las peleas se han duplicado y los guardias han tenido que intervenir casi todos los días para prevenir asonadas.

Lo más grave es que existe el riesgo de aumento de virus y enfermedades “de difícil control”. El alcalde Pineda explicó que actualmente en el penal hay 500 reclusos más de lo que pueden soportar las instalaciones.

Según el mandatario local, se buscan soluciones, con el apoyo de la Secretaría de salud, las EPS que asisten a los internos, la Personería de La Dorada, la Dirección Territorial para la Salud, el Inpec y la administración de la cárcel, entre otras  instituciones.

Delegados de la Fundación Juan David Pineda, que trabaja con presos políticos, así como los familiares de los reclusos, solicitaron a varias entidades y al Ministerio de Salud, de manera urgente, equipos especiales para amainar el impacto del fenómeno.

Las autoridades han garantizado que el suministro de agua sea suficiente para mantener los niveles de hidratación, pero el temor entre los funcionarios es que llegue un racionamiento, lo que agravaría la ya precaria situación humanitaria.

Por ahora, los esfuerzos buscan facilitar el ingreso de ropa liviana por parte de los familiares y flexibilizar la distribución de las raciones de alimentos en horas en que las temperaturas no sean tan altas.
 
Mientras los  reclusos claman por una pronta solución, pasan los días aferrados a los barrotes de sus celdas, luchando por unos centímetros de sombra que los resguarden de los rayos del sol.

Ya la Defensoría del Pueblo le había hecho un llamado al gobierno nacional en abril del 2015 para que decrete el estado de emergencia social. “Una sociedad que se precie de ser tal debe garantizarles a los presos unas condiciones de permanencia dignas y al país un sistema carcelario robusto”, señaló la entidad.

No deja de ser una paradoja. Mientras hay presos que claman por unas horas de luz solar, en Colombia los presos de La Dorada hacen lo propio, pero para no recibirla.

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