Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1997/05/05 00:00

CARCELES S.A.

Los pabellones de máxima seguridad se han convertido en centros de negocios y las prisiones en tierra sin Dios ni ley.

CARCELES S.A.

La cárcel Nacional La Modelo de Bogotá, donde están recluidos Jorge Eliécer Rodríguez Orejuela, Henry Loaiza 'el Alacrán', Jesús Amado Sarria, los hermanos Luis Fernando y Tulio Murcillo y los guerrilleros Francisco Galán y Felipe TorresVelandia _del ELN_, entre otros, se parece más a una oficina de Telecom que a un verdadero centro de reclusión.Un informe secreto, elaborado por los organismos de seguridad del Estado, así lo revela. De acuerdo con ese informe, en La Modelo están instaladas 16 líneas telefónicas que son utilizadas por los presos del pabellón de máxima seguridad para realizar llamadas internacionales sin ningún tipo de control. Los reclusos se han comunicado con lugares tan exóticos como Tanzania, Ghana y Nigeria, en Africa, y Bahrein, en Asia. También han servido para hablar con el Líbano, Israel y Jordania, en el Medio Oriente; España, Grecia, Suiza y el Reino Unido, en Europa; Canadá, Estados Unidos, Guyana y Chile, en América. En otras palabras, los hombres de los carteles de la droga, los jefes guerrilleros y algunos miembros del ala terrorista del cartel de Medellín se conectan a su antojo con el mundo.De acuerdo con el documento secreto, los detenidos del pabellón de máxima seguridad de La Modelo realizan en promedio siete llamadas diarias al exterior, muchas de las cuales son canceladas con el sistema de tarjetas prepagadas, y se hacen en su mayoría a países con problemas de narcotráfico, terrorismo y tráfico de armas. La utilización de estas líneas telefónicas ocurre en horarios no permitidos por el régimen carcelario: entre las 10 y las 12 de la noche. Un alto porcentaje de esas comunicaciones se realizan con Perú, lo que para los investigadores tiene una explicación lógica: ese país es el principal productor de base de coca. Y mientras en La Modelo los presos tienen a su disposición 16 líneas telefónicas con discado directo internacional, en La Picota los reclusos del pabellón de máxima seguridad se han ingeniado un complejo sistema para mantener sus contactos con el mundo. Lo hacen a través de un teléfono público, gratuito, autorizado por el régimen penitenciario. La diferencia con La Modelo radica en que los detenidos adquirieron un conmutador que está instalado por fuera del penal y un operador se encarga de hacerles puente con el exterior.Todo esto deja al descubierto que el sistema carcelario colombiano no es como el que se ve en las películas gringas: cárceles electrónicas, guardianes insobornables, celdas subterráneas ocupadas por presos encadenados, incomunicados, y a los que sólo se les permite tomar el sol una vez a la semana. Ninguna prisión en Colombia se parece en lo más mínimo a la legendaria y aterradora Alcatraz. En las prisiones de Colombia casi todo es permitido, porque las normas y la cultura son laxas. La impunidad es total y los guardianes parecen estar más al servicio de los presos que de las mismas prisiones.
La crisis carcelaria
A todo lo anterior se suma la grave crisis carcelaria que se desencadenó la semana pasada en el país. En cuatro centros de reclusión se presentaron disturbios promovidos por los detenidos, quienes protestaban por las pésimas condiciones en las que se encuentran. El más grave de ellos ocurrió en Valledupar, donde los reclusos se tomaron la cárcel, desarmaron a los guardianes, tomaron unas 15 personas como rehenes y asesinaron a cuatro funcionarios del Inpec.El sindicato de guardianes del Inpec amenazó, por su parte, con un paro general para impedir que la Policía Nacional asumiera el control de los pabellones de máxima seguridad de La Picota y La Modelo, posición en la que algunos analistas vieron una posible relación entre guardianes y narcotraficantes. Tales analistas se apoyan en las declaraciones del presidente del sindicato, Neftalí Rojas, quien manifestó que si se tomaba esa decisión era para facilitar la extradición de los hermanos Miguel y Gilberto Rodríguez a Estados Unidos.Y es que al igual que toda la sociedad colombiana, las cárceles sufrieron de manera inclemente por la irrupción del narcotráfico a comienzos de la década pasada. El tipo de delincuentes cambió, pero el sistema penitenciario siguió igual. Las normas no fueron actualizadas. Y ni siquiera la construcción de pabellones de alta seguridad en Bogotá, Cali y Medellín, a un costo multimillonario, sirvió para que las personas comprometidas en ese delito quedaran a buen recaudo.Quién no recuerda la espectacular fuga de José Ramón Matta Ballesteros, el narcotraficante hondureño que salió orondo por la puerta principal de La Picota; o la evasión de Jaime Eduardo Rueda Rocha, disfrazado como abogado; o la fuga de Dan Denys Muñoz Mosquera, alias 'Tyson', a bordo de un helicóptero que lo recogió en una azotea de la cárcel de Bellavista en Medellín; o el célebre escape de José Santacruz Londoño, que hace un año huyó en un campero parecido a los que utilizan los fiscales sin rostro. O cómo olvidar que Pablo Escobar estuvo recluido en una cárcel que al final resultó ser más una casaquinta que manejaba a su antojo y que dotó de los más extravagantes lujos. A medias tintasLo cierto es que la crisis carcelaria va más allá de los patios de los presidios. Y de los últimos episodios _que parecen haber llevado la situación a extremos impensados_, ni siquiera el gobierno puede escaparse. Muy por el contrario, todo indica que fueron varios los hechos, identificados por SEMANA, en los que el Ejecutivo vaciló o reversó decisiones ya tomadas. Y que tales dudas envalentonaron al sindicato que agrupa a los guardias de prisiones y contribuyeron a desencadenar las recientes revueltas de los presos.En la segunda semana de enero pasado, por ejemplo, el Ministerio de Justicia anunció que el gobierno nacional había tomado la decisión de separar a los hermanos Gilberto y Miguel Rodríguez, con el argumento de que seguían delinquiendo desde sus celdas en La Picota. Pero excusado en el hecho de que, según las autoridades carcelarias, una vez separados los hermanos Rodríguez no estarían seguros en ningún lugar de reclusión del país, el asunto quedó archivado.Otro episodio ocurrió hace más de un año, cuando funcionarios de la Casa de Nariño informaron acerca de una inversión cercana a los 3.000 millones de pesos para construir un centenar de pequeñas casas en inmediaciones de La Picota, con el fin de albergar a los personajes detenidos por el proceso 8.000. La pequeña ciudadela fue terminada a mediados de noviembre pasado, pero allí sólo fueron enviados reclusos comunes y corrientes que ya estaban condenados.El traslado del periodista Alberto Giraldo del pabellón de máxima seguridad de La Modelo a la casa cárcel que queda fuera de ese centro de reclusión también generó serias dudas. SEMANA supo que Giraldo envió una carta en la que aseguraba que de seguir en ese lugar podría ser objeto de ataques contra su vida por parte de algunos de los internos que lo acompañan desde hace más de un año. Giraldo fue trasladado 36 horas después de presentada la solicitud. Ahora ocupa una habitación al lado de Eduardo Mestre y de Juan Manuel Avella. Las fuentes consultadas revelaron que altos funcionarios del gobierno intervinieron en la decisión que facilitó la salida del periodista del pabellón de alta seguridad a un lugar más cómodo.

Línea directa No menos controversial ha sido el manejo que el gobierno le ha dado hasta ahora al caso de Francisco Galán, el jefe guerrillero del ELN detenido por el Ejército en Bucaramanga en diciembre de 1992. Según trascendió, en la primera semana de marzo pasado, y en desarrollo de un consejo de seguridad que sesionó en la Casa de Nariño, el gobierno decidió el traslado de Galán desde la cárcel de Itagüí a La Modelo y el retiro del radioteléfono con el que se comunicaba con la dirección nacional y las diversas columnas del ELN en todo el país. Esa determinación fue adoptada después de que el Inpec y el propio Ejército presentaron evidencias que indicaban que Galán seguía delinquiendo desde la cárcel y además actuaba como intermediario en la negociación de secuestros. Galán fue recluido en La Modelo, pero pocos días después una decisión oficial le devolvió el privilegio de comunicarse con su gente por radioteléfono. El gobierno justificó la medida con el argumento de que el jefe guerrillero es un interlocutor importante en un eventual proceso de paz. Sin embargo los organismos de seguridad están convencidos de que Galán maneja desde su celda los partes de guerra y los secuestros de la organización subversiva. Y que tiene línea directa con el cura Pérez. Quienes conocen el tema afirman que estos episodios _que muestran un manejo dubitativo del gobierno frente al tema de las cárceles_ contribuyeron a la crisis de los últimos días. A mediados de marzo, cuando el cuerpo de custodia y vigilancia entró en paro para presionar la salida de la fuerza pública de los principales penales, incluido los pabellones de máxima seguridad de Bogotá, la respuesta oficial no fue nada clara.El sindicato se dio cuenta de que tenía un nuevo aire cuando el gobierno no cumplió un anuncio del entrante ministro de Trabajo, Iván Moreno Rojas, quien recién posesionado dijo que el movimiento huelguístico sería declarado por fuera de la ley. Pero ello no ocurrió. La resolución que decretaba la ilegalidad del cese quedó entre el tintero. Y en plena Semana Santa sucedió otro hecho que atizó aún más la hoguera. La explosión de una bomba manipulada por un interno del pabellón de alta seguridad de La Picota hizo que el gobierno anunciara el desalojo de la guardia penitenciaria y el ingreso de la Policía para asumir el control de ese lugar y de La Modelo. Los guardianes anunciaron que no entregarían el control de los pabellones, pero la declaración del presidente del sindicato defendiendo a los Rodríguez obligó a que el Ministerio de Trabajo declarara finalmente la ilegalidad del paro. Para acabar de enredar el problema, la semana pasada estalló una cadena de sangrientos motines protagonizados por los presos, quienes, según el director saliente del Inpec, coronel Rafael Pardo Cortés, estaban incitados por el sindicato de guardianes. Este sombrío panorama muestra claramente que en las cárceles del país impera la ley de la selva y que las prisiones de Colombia son un territorio sin Dios ni ley. Y justamente estas graves deficiencias se han convertido en una de las principales razones para que el gobierno de Washington insista en que los cabecillas del cartel de Cali deban ser extraditados. Para la Casa Blanca el problema carcelario es una prioridad en la agenda de las relaciones de los dos países. Ya son varias las ocasiones en que los funcionarios de la administración Clinton han denunciado que los capos del narcotráfico siguen delinquiendo desde las cárceles. Y mientras no haya una solución de fondo, éste seguirá siendo uno de los mayores obstáculos en el proceso de recertificación. Los presos de La Modelo tienen a su disposición 16 líneas teléfonicas con discado internacional.
Los hechos de la crisis
La actitud vacilante del gobierno ha contribuido a agravar la crisis carcelaria Marion: la cárcel más segura del mundo.
La cárcel de Marion,en Illinois, es sinónimo de miedo. Este lugar es una fortaleza subterránea dotada con lo último en tecnología electrónica. En su interior están recluidos 327 presos, entre ellos John Gotti, considerado como el principal capo de la mafia neoyorquina. En el perímetro exterior de la prisión están ubicadas ocho torres de vigilancia. Cada una cuenta con circuito cerrado de televisión, teléfonos inalámbricos y armamento para repeler un ataque. Después de las torres hay cinco hileras de alambradas y alarmas ultrasónicas, luces de seguridad, cercas metálicas y altavoces electrónicos para la identificación. El interior de Marion es igual de intimidante. En la primera puerta de ingreso hay que someterse a una requisa de una hora que incluye sellos ultravioleta en el brazo izquierdo y la firma de un documento en el que se especifica que el ingreso de ciertos artículos es un delito federal. Para acceder al siguiente puesto de control hay que pasar una puerta electrónica que se abre por la acción de celdas fotoeléctricas. Del otro lado está un largo pasillo vigilado por cámaras y guardianes apostados detrás de vidrios oscuros. Hay 12 puertas más como esta. La vida en esta penitenciaría subterránea no es fácil. De acuerdo con el reglamento interno, los presos tienen derecho a una hora de sol a la semana, que se toma dentro de una jaula metálica de dos metros cuadrados. Los presos pueden ducharse tres veces por semana, su correspondencia está controlada, no tienen visitas familiares y no se les permite comunicarse con otros presos. Francisco Galán ha utilizado el radioteléfono que le autorizó el gobierno para intermediar en secuestros.

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