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| 4/8/2014 12:00:00 AM

“Las ciudades tienen que liderar el postconflicto”

El alcalde de Montería, Carlos Correa, ha transformado esa ciudad en una de las más amigables con la naturaleza. Ahora quiere meterle el hombro a trabajar por la paz.

El alcalde de Monteria, Carlos Correa, es una de las estrellas nacionales del Foro Urbano Mundial. Desde que su ciudad fue seleccionada como una de las más sostenibles del mundo por la organización WWF y Findeter, el mandatario no ha dejado de contar cómo logró transformar su urbe. En el foro dio una de las conferencias más pertinentes para la planeación del futuro: las ciudades del post conflicto y fue uno de los ejemplos que la universidad de Nueva York seleccionó para presentar. SEMANA habló con él. 

SEMANA: ¿Cómo llegó Montería a  ser seleccionada una de las ciudades más sostenibles del planeta? 

CARLOS CORREA: Nos presentamos a una convocatoria. Teníamos que poner cuales eran las acciones y retos en términos de sostenibilidad ambiental. Cada ciudad tenía una calificación. El proceso era en tres etapas. De las 164 ciudades que pasaron la primera ronda quedaron 32. Evaluaban los programas de gobierno y la proyección. Luego por esas 32 había una votación. Montería fue una de las cinco ganadoras. 

SEMANA: ¿Y cuáles fueron las otras ciudades? 

C. C: Belo Horizonte; Ciudad del Cabo, Copenhague y Seúl. Medellín ganó también en otra categoría. Fue la ciudad que más votos tuvo de los ciudadanos. 

SEMANA: ¿Qué cree que lo hizo ganar? 

C. C: Montería tiene varios proyectos de sostenibilidad ambiental. Los que más resaltaron ellos fue un programa de reforestación urbana, pues tenemos la meta de sembrar en este cuatrienio un millón de arboles. También destacaron un programa de energía solar que busca que las escuelas de las regiones más apartadas tengan el servicio de electricidad por medio de esta fuente que es muy limpia. Por otra parte, nos premiaron por nuestro programa de manejo del rio Sinu. Hemos hecho grandes esfuerzos económicos y educativos para recuperarlo. Y por último, el plan de adaptación de la ciudad al cambio climático. Esa es una meta muy ambiciosa y queremos cumplir las metas que nos trazamos antes de 2019. 

SEMANA: A propósito de cambio climático, ¿qué tan vulnerable siente que es Montería a este fenómeno? 

C. C: Montería es una ciudad muy vulnerable. Es que no hay que olvidar que nuestra fundación se dio alrededor de humedales. Si bien está en el Valle del Sinú, que es uno de los más fértiles de Colombia, también está en medio un complejo de aguas. Hemos sido muy vulnerables, pero esos riesgos son mitigables. Ahí es donde tenemos que trabajar. Queremos preservar los humedales. Somos muy sensibles a las inundaciones y a la erosión de las riveras del Río.  

SEMANA: Alcalde, usted viene a hablar de las ciudades del postconflicto. Montería ha sido muy golpeada por la guerra. ¿Cómo ha afectado ese conflicto a su ciudad? 

C. C: Lo que pasa es que las ciudades son imanes del desplazamiento. La gente que está en el campo y vive en conflicto lo que busca es irse para una ciudad. Muchos están mejor allí porque hoy un pobre en la ciudad tiene más oportunidades que un pobre en el campo. Pero aveces esos lugares donde llegan no tienen la infraestructura necesaria para recibir tanta gente. Mi preocupación es comenzar a trabajar por las ciudades del post conflicto desde ahora, no después de que se firme la paz para comenzar los procesos sociales que necesitan lugares como Montería, que no solo han sido víctimas de la guerrilla, sino del paramilitarismo, del narcotráfico, del contrabando, hoy de las Bacrim.  Por eso en este foro decimos que las ciudades tienen que liderar el postconflicto”.

SEMANA: ¿Qué se necesita para ese liderazgo? 
 
C. C: Lo primero que tengo que decir es que los conflictos que vivimos necesitan tener mucha más atención. No solo del gobierno nacional sino también de la cooperación internacional. Monteria, por ejemplo, tiene alrededor de 55.000 desplazados, de 500.000 habitantes. Pueden ser mas, pero eso son los que tenemos registrados en las bases de datos de victimas. Esos 55.000 desplazados han hecho que los indicadores de necesidades básicas insatisfechas aumenten. Cuando llegan tantos desplazados, uno empieza a nadar contra la corriente. Hacemos 5.000 casas pero luego llegan otras 10.000 personas.

Por supuesto, que cuando llegan 55.000 personas nuevas en tan pocos años, las ciudades no tienen vías, colegios y hospitales para recibirlos bien. Por eso, estamos construyendo una política pública de reasentamiento para que los próximos alcaldes sepan cómo manejar las invasiones. Por ejemplo, cómo hacer para que las personas no lleguen a asentarse en las riveras de ríos y canales, sino en sitios en donde puedan tener al menos las necesidades básicas insatisfechas.  Si no nos adaptamos al tema del postconflicto, este nos va a pegar muy duro. 

*Periodista de Medio Ambiente SEMANA 
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