Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2016/03/09 14:50

¿Por qué tanta demora del ELN?

El ELN decidió postergar su negociación con el gobierno. Estas son sus razones y sus riesgos.

¿Por qué tanta demora del ELN? Foto: A.F.P.

Las hipótesis que expondré a continuación no son inspiradas por el manejo de información privilegiada, son el resultado de lectura de medios y de mi experiencia como negociador en procesos de paz exitosos con el M-19, el EPL, el Quintín Lame, el PRT, las milicias del Pueblo y para el Pueblo, Las milicias del Valle de Aburrá, la CRS y un frente del ELN. También en procesos menos exitosos como la negociación en Caracas con la Coordinadora Guerrillera Simona Bolívar (ELN, FARC y EPL comandado por Francisco Caraballo).

De las negociaciones en Caracas, antes citadas, al gobierno le quedó claro que las guerrillas colombianas jamás volverían a negociar en una mesa conjunta. La razón principal es que las viejas rencillas y las contradicciones ideológicas que habían dado pábulo para que en Colombia tuviéramos guerrillas de todas las vertientes del socialismo mundial –chino, soviético, cubano y cubano cristiano- les imposibilitaban avanzar de manera conjunta en las negociaciones.

Por esto, cuando el ELN inició contactos para abandonar la lucha armada, era claro que sería en un escenario diferente al de las FARC, y la sincronía entre los dos solo podría ser de tiempo.

Considero que el ELN ha tomado la decisión de esperar a que termine la negociación con las FARC y tomarse un tiempo prudencial para iniciar oficialmente la propia, por varias razones:

Primero, porque la organización no ha logrado un acuerdo interno sobre el tema. Hay sectores importantes en el Comando Central que consideran que no es el momento de dar este paso.

Segundo, al ELN no le convenía realizar conversaciones de paz en paralelo con las FARC, porque siendo una organización, comparativamente mas pequeña y marginal, la atención, los reflectores y la prensa estarían enfocados en las FARC, por lo que su proceso se desarrollaría en la penumbra.

Tercero, quedándose por fuera de esta fase de las negociaciones valorizaría su propia negociación.  Sería la pieza, pequeña si se quiere, pero necesaria para completar el rompecabezas de la paz, según la entiende el gobierno. Para que el presidente pueda hacer realidad su frase de la terminación de la guerra o la finalización del conflicto, necesita hacer la paz con el ELN. Aunque también podría jugar la carta de la derrota militar, lo seguro es que terminaría su mandato sin que esto se hubiera logrado.

Cuarto, iniciando negociaciones después de terminadas las de las FARC, El ELN, de entrada, recibiría los mismos beneficios que se le otorguen a las FARC, y de paso se evitaría difíciles negociaciones como por ejemplo las de la justicia transicional y la de victimas.

Quinto, negociando solo el ELN, esperarían atraer toda la atención que hoy tiene el proceso de las FARC. Así mismo, ya ganado lo que las FARC hayan logrado en su negociación, estos pueden presentar una agenda acotada a sus propias demandas, principalmente en la modalidad de la negociación, y el énfasis en temas como recursos naturales, agua, petróleo , así como presencia de capital internacional en recursos estratégicos del país. Frente a lo primero, el ELN aspira a crear algún mecanismo para que en la negociación participe, de manera directa, el “pueblo”, por medio de mecanismos de foros y debates que se deberán desarrollar en el máximo de poblaciones posibles del país. La figura sería que sea el pueblo el que negocia con el gobierno. Ellos solo serían un instrumento guía y el actor empoderado por el pueblo para que negocie sus demandas con el gobierno.

Sexto, dispondrían de tiempo para evaluar el funcionamiento del proceso de reincorporación de las FARC a la vida política, económica y social del país, al tiempo que presionarían políticamente al gobierno, dificultando la aplicación plena de los mecanismos  diseñados para el posconflicto.

Sin embargo, la toma de la decisión de esperar para negociar también tiene sus riesgos:

Cuando finalicen las negociaciones, y las FARC abandonen la lucha armada, el país estará profundamente dividido entre los que aceptaron los términos de la negociación y aquellos que no, polarización que continuará ahondándose. Esa carga negativa pesará sobre la negociación con el ELN. La sobre exposición mediática generada por el proceso con las FARC tiene saturada la mente de los ciudadanos, lo que unido al reducido tamaño de su fuerza militar y a la modalidad de su accionar, el rechazo popular para que no se acepten sus demandas crecerá exponencialmente.

Cuando el ELN se siente a negociar, la laxitud ciudadana para soportar prolongados procesos de negociación estará en su límite máximo, por lo que la negociación no deberá prolongarse mas de seis meses. Superar este tiempo puede generar reacciones imprevisibles. No sería de extrañar que para ese momento la capacidad ciudadana para aceptar tragar sapos, este saturada.

Uno de los más afectados con el desfase y la prolongación de negociaciones con el ELN son las propias FARC, pues no solo serán acusadas de tener alianzas secretas con el ELN (como lo expliqué en articulo anterior) sino que impedirá la cabal aplicación de los acuerdos para el posconflicto.

La presión para que el conflicto con esta guerrilla se resuelva por la vía militar crecerá, no solo en las fuerzas armadas sino en la opinión pública. Claro, el presidente Santos sabe que si opta por ello, terminaría su mandato sin que esto se haya logrado, pero el panorama puede cambiar en el camino. Por ejemplo si hay un remezón gubernamental en Venezuela.

En el conflicto colombiano no está mal que el ELN busque un espacio único y propio en una negociación de paz, pero la decisión se debe tomar pronto.

*Exconsejero de paz

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