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| 4/28/2011 12:00:00 AM

Carlos Gaviria Díaz explica por qué no se presentó como precandidato a la alcaldía de Bogotá

Esta es la carta en la que el exmagistrado Carlos Gaviria Díaz explicó a los militantes del Polo Democrático cuáles son las razones para no participar en la consulta.

Bogotá D.C., 25 de abril de 2011



Doctor

GERMÁN ÁVILA

Secretario General

P.D.A.

Ciudad.



Apreciado Germán:


Como desde muchos sectores del PDA me han solicitado que ponga mi nombre a consideración como un posible candidato a la Alcaldía Mayor de Bogotá, te ruego que a través de la Secretaría les hagas llegar mi respuesta, que juzgo urgente, a modo de carta abierta.


Un abrazo,


Carlos Gaviria Díaz



Apreciados amigas y amigos:



La solicitud encarecida que ustedes me hacen para que ponga mi nombre a consideración del PDA como potencial candidato a la Alcaldía Mayor de Bogotá, me enorgullece y gratifica, sin la menor duda. Pero como estoy convencido de que no debo aceptar esa postulación tan generosa y amable, voy a exponerles brevemente las razones que me han llevado a tomar esa decisión.

1a. Soy adverso al caudillismo y al mesianismo que inducen a algunas organizaciones políticas a pensar que sin el liderazgo de ciertas personas no hay salvación, y a las beneficiarias de ese juicio a asumirse como redentoras. El Polo no puede incurrir en ese desvío antidemocrático.

Muy a mi pesar acepté competir por segunda vez por la candidatura del Partido a la Presidencia de la República ante el pedido insistente de muchos sectores, especialmente de la juventud. Me parece que esa aceptación no ha debido ocurrir.

2a. Pienso que aun está en la memoria de muchos la campaña presidencial de 2006, en la cual, bajo las circunstancias más adversas, compitiendo con el prepotente teórico del “todo vale”, obtuvimos un resultado memorable para la izquierda colombiana.

Eran ésas circunstancias muy distintas a las que hoy se viven. Sin vanidad y sin falsa modestia, pienso que si bien mi trayectoria personal tuvo que ver con el buen resultado electoral, otros factores externos tuvieron incidencia en él: el PDA acababa de nacer como un compromiso unitario de las distintas organizaciones de izquierda, mal avenidas hasta ese momento, y mucha gente sensata vio el fenómeno como esperanzador, en un país en el que el bipartidismo había devenido formal y vacío.


En el Polo reinaba la armonía, el optimismo era el signo del momento y numerosos sectores democráticos, por fuera del Partido, se sumaron a esa suerte de sentimiento colectivo.

3a. La consulta interna del Polo, que paradójicamente no fue interna, para elegir el candidato a los comicios de 2010, mostró una realidad sustancialmente distinta. Yo ya no era percibido como el intérprete cabal del Ideario común sino como el representante de los sectores más satanizados por la propaganda oficial, estimulada y magnificada por quienes respaldaban a mi adversario y, desde luego, por él mismo. La unidad se había deshecho y, además, los sectores políticos y de opinión interesados en el mantenimiento del statu-quo (es decir, de sus privilegios) ya habían tomado nota de que con Carlos Gaviria la izquierda había salido de la marginalidad.

Son hechos que hay que reconocer con realismo y sin amargura. En esas condiciones, que juzgo de evidencia indiscutible, mal servicio le prestaría mi nombre a la suerte del Partido.

Con valor y con dignidad, el Polo debe afrontar la coyuntura difícil que vive y que mal puede superarse con artificios taumatúrgicos –ineficaces- como la apuesta por un nombre, de los más controvertidos, para la Alcaldía de Bogotá.

El balance final de la gestión de Samuel Moreno, que aún no puede festinarse, como muchos pretenden, será ocasión para adjudicar responsabilidades y méritos y para que el Partido rinda y se rinda cuentas y no desmaye en el impecable propósito que le sirvió de origen. En la continuación de esa lucha, sin honores ni protagonismo, pueden contar con mi inalterable compromiso.

Cordialmente,



Carlos Gaviria Díaz
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