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| 6/28/2014 2:00:00 AM

“Uribe en el Congreso enriquecerá el debate”

Carlos Gaviria hace un crudo análisis de la crisis de la Justicia y dice que la izquierda no debe gobernar con Santos sino hacer oposición.

SEMANA: ¿Cómo ve lo que está ocurriendo en la Justicia?

Carlos Gaviria:
Es completamente vergonzoso. Hay una clientelización creciente. El gobierno hace y pide favores y los magistrados hacen y piden favores, eso desprestigia la Justicia de una manera significativa. La deslegitimación de la cúpula de las altas cortes es un fenómeno muy grave y completamente decepcionante.

SEMANA: ¿Esto ocurría cuando usted era magistrado?

C. G.:
Mientras fui magistrado no tuve conocimiento de que en la Corte Constitucional y en las otras cortes ocurrieran hechos como estos. Durante el régimen de Uribe, el gobierno ejerció una influencia bastante negativa sobre las cortes, con presiones, irrespeto a los magistrados y a los fallos de las cortes, y esto fue deteriorando la situación de una manera grave hasta el punto en que hoy estamos.

SEMANA: Se podría decir que los magistrados están haciendo más política que impartiendo justicia…

C. G.:
Ni siquiera política sino politiquería, es decir, política de mala calidad, de mala clase, buscando cargos para sus amigos y sus parientes, buscando favores.

SEMANA: ¿Y por qué no pasaba esto antes, a pesar de que el diseño constitucional era el mismo?

C. G.:
La Constitución con sus 23 años es todavía reciente y solo con el correr del tiempo se le pueden detectar fallas fundamentales. Una que se detectó apenas hace poco fue el gran número de facultades que le atribuyeron al procurador general. Los primeros que celebraron todo el poder que se le dio, porque pensaban que debía ser la conciencia moral del país, fueron después los primeros damnificados de esas facultades. Únicamente cuando llega una persona con la vocación de poder de Alejandro Ordóñez se dan cuenta de que hay algo que cambiar.

SEMANA: ¿Cómo funcionaban las cosas hace 13 años cuando usted fue magistrado?

C. G.:
Muchos procedíamos de la vida académica y poco pensábamos en clientelismo y cosas por el estilo, teníamos un compromiso casi ideal con la aplicación de la nueva Constitución. No éramos personas muy especiales. Había circunstancias que facilitaban la tarea: estábamos aplicando una nueva Constitución, lo que es un hecho bastante apasionante y seductor. Y el país seguía pensando que esa Constitución iba a acabar con muchos males en el país.

SEMANA: ¿Hay una especie de desencanto con la Constitución?

C. G.:
Desencanto con la manera como se viene aplicando y con las fallas que la práctica ha mostrado que tiene.

SEMANA: ¿Cuál es la salida?

C. G.:
La sentencia que dictó el Consejo de Estado sobre la salida de Francisco Ricaurte hace unos dos o tres días marca una línea jurisprudencial muy promisoria, en el sentido de no más “yo te elijo para que tú me elijas”, es una sentencia valiente, conforme al derecho y muy útil.

SEMANA: ¿Es útil quitarles a las cortes las funciones de postulación de candidatos a la Procuraduría, Contraloría y Fiscalía?

C. G.:
Un poco. La facultad nominadora de las cortes ha contribuido de manera significativa a su clientelización, además de que hay una gran lentitud en la administración de Justicia y los magistrados gastan demasiado tiempo en ese tipo de actos y operaciones que no son de naturaleza judicial sino eminentemente administrativa.

SEMANA: No cree que algunos políticos e incluso a veces el gobierno parecen estar conformes con esos magistrados y esa Justicia que atiende a sus requerimientos…

C. G.:
Eso es de doble vía, los magistrados se dejan corromper porque hay quienes desean corromperlos. El problema es más hondo, suprimir la facultad nominadora ayudaría un poco pero no constituye la fórmula definitiva para acabar con el clientelismo en las cortes.

SEMANA: ¿Le suena una constituyente para la Justicia?

C. G.:
No creo que en este momento sea oportuno hablar de constituyente, ya que estaría muy vinculada a intereses como los de revivir la reelección. La reforma a la Justicia no implica necesariamente reformas constitucionales, muchas de las fallas de la Justicia se pueden corregir mediante leyes.

SEMANA: ¿Desde esa perspectiva tampoco sería viable una constituyente para llegar a un acuerdo de paz con las Farc?

C. G.:
Que se firme un acuerdo entre el gobierno y la guerrilla después de 50 años de confrontación es un hecho histórico tan importante que las Farc aspiran a que quede plasmado en una nueva Constitución, pero no creo que sea el mecanismo adecuado para lograr lo que se quiere.

SEMANA: A propósito ¿Cree que es posible que haya paz con las Farc?

C. G.:
Tanto como paz, no, pero sí la firma de un documento entre el gobierno y la guerrilla que permitirá respirar un aire completamente distinto en Colombia. Ese va a ser el inicio de un ambiente de paz.

SEMANA: ¿Hasta dónde debería ceder el gobierno con las pretensiones de las Farc? ¿Deberían pagar cárcel los guerrilleros?

C. G.:
Es muy difícil fijar a priori esas condiciones. En un proceso de justicia transicional no se puede pretender que la justicia se realice a plenitud. Lo que pasa es que todos los colombianos tenemos en la mente que si no es con penas privativas de la libertad, las situaciones no pueden saldarse satisfactoriamente. Pero la justicia restaurativa también puede jugar un papel muy importante.

SEMANA: Con los paramilitares sí se reclamaba cárcel, ¿cree que son dos procesos completamente distintos?

C. G.:
Son distintos. Estoy de acuerdo con la Corte Suprema de Justicia cuando dijo que los paramilitares no podían ser asimilados como delincuentes políticos.

SEMANA: ¿Qué va a pasar con la alianza de partidos y movimientos que tuvo lugar para las elecciones presidenciales alrededor de la paz y de Juan Manuel Santos?

C. G.:
Como usted bien lo dice, esa coalición se hizo en torno a un solo propósito, el de la paz. Eso no garantiza que haya una completa unidad en esos movimientos que se aliaron con tanta facilidad.

SEMANA: Pero hace apenas unos días se presentó precisamente el Frente Amplio por la Paz, en el que usted aparece, ¿Hacia dónde apunta eso?

C. G.:
Yo fui el primer sorprendido cuando vi ahí mi nombre, yo no asistí a ninguna reunión ni he sido consultado sobre mi inclusión en un movimiento de esa naturaleza.

SEMANA: ¿La pelea de Clara López y Jorge Robledo va a terminar de fraccionar al Polo?

C. G.:
Tengo la esperanza de que eso no ocurra, los asuntos controversiales que generan disputas dentro del mismo partido deben ser tratados de otra manera, no en los medios, porque se hace más difícil su solución.

SEMANA: Lo que le reclama el senador Robledo a Clara López es que haya tomado decisiones unilaterales cuando no se habían discutido en el partido, ¿quién tiene la razón?

C. G.:
Por una parte Clara López hizo uso de una facultad que el Polo les dio a los militantes de votar por quien quisieran. La crítica viene más adelante cuando aparece en la publicidad de campaña de Santos, asumiendo ese proyecto como si fuera suyo.

SEMANA: ¿La izquierda o el Polo deben participar en el gobierno de Santos?

C. G.:
No. Para que haya verdadera democracia es necesario que haya un proyecto de gobierno y un proyecto diferente, alternativo, que se haga desde la oposición. Uno de los hechos que más ha contribuido a la gran abstención que hay en Colombia es que la gente sabe que en las elecciones no se juega nada, porque gane quien gane las cosas siguen igual. Es necesario que la gente sepa que en las elecciones se está jugando algo y que si gana el Polo no es lo mismo a que gane el conservatismo.

SEMANA: Hay quienes definen a Juan Manuel Santos como un presidente de izquierda, ¿usted cree que lo es?

C. G.:
De ninguna manera, lo que ocurre es que cuando un gobernante se sale del esquema tradicional e intenta algunas reformas en beneficio de sectores que han permanecido marginados o segregados, se le califica como de izquierda. El presidente ha hecho algunas reformas, incluso tímidas en beneficio de esos sectores, pero en ninguna parte del mundo eso daría como para calificarlo de izquierda.

SEMANA: ¿Cómo cree que va a ser el Congreso con el expresidente Uribe a bordo?

C. G.:
Va a ser muy interesante porque en el Congreso debe haber debates y oposición. Las oposiciones del Polo y del Centro Democrático son muy distintas, pero es muy importante que donde se ventilan los problemas más importantes del país haya visiones diferentes.
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