Miércoles, 22 de febrero de 2017

| 1994/03/21 00:00

CARLOS II

¿Para dónde va la candidatura de Carlos Lleras de la Fuente?

CARLOS II

HACE APROXIMADAMENte un mes, Margarita Vidal llamó a Carlos Lleras de la Fuente para invitarlo a participar en su nuevo programa radial Domingo a domingo. En ese momento la entrevista no tenía mayor trascendencia. Se sabía que Lleras estaba contemplando la idea de lanzar su candidatura a la Presidencia de la República para 1998 y que presidía una fundación sin ánimo de lucro llamada Presencia, donde se estudiaban los problemas nacionales. Pero la candidatura para 1994 no estaba en el horizonte. El jueves de la semana antepasada la periodista y el ex constituyente grabaron el programa. Ambos quedaron muy satisfechos. La entrevista fue magnífica. Lleras tiene mucha facilidad de expresión, un gran sentido del humor y una irreverencia permanente que llama la atención.
Tan satisfecho quedó que comenzó a jugar con la idea de no esperar hasta 1998 para lanzarse a la presidencia. En los últimos días muchos amigos suyos le habían manifestado que la campaña de Ernesto Samper no despegaba y que era obvio que había un espacio político por llenar. Efectivamente, la sensación entre la alta burguesía colombiana es que la campaña samperista estaba naufragando. En ese grupo el favorito de muchos liberales era Humberto de la Calle quien, si bien siémpre mantenìa su posición de segundo en las encuestas, no representaba una alternativa real para enfrentar a Samper.
Esa noche del jueves Carlos Lleras se durmió pensando en dar el gran salto. Sabía perfectamente que no podía ganar la presidencia en 1994. Pero pensaba que ante la falta de entusiasmo por todo lo que había sobre la mesa, podía crear un impacto que lo posicionara para el 98. El anuncio de su candidatura obviamente sería intempestivo, desconcertante y extemporáneo. Sin embargo, no escapó a su mente el fenomenal impacto que había tenido el lanzamiento de Antanas Mockus a la alcaldía de Bogotá en circunstancias similares.
Al día siguiente, el viernes 11 de febrero, almorzó en el Club 74 con Juan Carlos Esguerra Portocarrero, su ex colega en la Constituyente y amigo cercano. Intercambiaron opiniones sobre la posible candidatura y Esguerra lo animó a jugársela. Discutieron la situación del Partido Liberal y la conclusión era la misma: había un vacío por llenar.
Esa tarde, Lleras hizo algunas consultas telefónicas a allegados suyos para sondearlos. Habló, entre otras, con Antonio Puerto, el respetado hombre de empresa quien ha sido su íntimo amigo de toda la vida. También con Carlos Alberto Garay, director de Acoplásticos, para escuchar un punto de vista gremial. Las respuestas eran todas en el mismo sentido: valía la pena lanzarse al agua.

LA HORA CERO
A partir de ese momento, y sin ningún aviso formal, Carlos Lleras de la Fuente lanzó su candidatura a la Presidencia de la República. Su ingreso al abanico produjo una avalancha publicitaria que dominó las noticias a partir de la semana pasada. La aspiración tenía un problema concreto. Lleras de la Fuente exigía que se revisaran las reglas del juego de la consulta liberal para permitirle ingresar haciendo caso omiso de que la fecha de inscripción ya había pasado. Esto no era fácil. Y no sólo por razones de principio, sino de orden práctico. ¿Qué sentido tenía fijar una fecha si se podía modificar por el simple capricho de un aspirante nuevo? Por otro lado, ya se había incurrido en costos de impresión y distribución del tarjetón, cuyo monto llegó a ser calculado en cerca de 100 millones de pesos. Lo grave de la pretensión de Lleras de la Fuente es que no sólo contenía una dosis de arrogancia, sino también de chantaje. El mensaje implícito era: o modifican las reglas por mí o me siento en libertad de dividir el partido e, incluso, de irme con Pastrana.
La noticia cayó como un baldado de agua fría entre los aspirantes liberales. Los más perjudicados, Samper y De la Calle, hicieron las declaraciones más caballerosas. "El ingreso de Lleras le da altura al debate", dijo Ernesto Samper, pensando exactamente lo contrario.
Humberto de la Calle, por su parte, también con poca convicción, declaró que "la democracia se enriquecia" y que "no tenía mayores objeciones". El único que expresó lo que todos sentían fue David Turbay, quien consideró que era una falta de respeto que alguien pretendiera romper los reglamentos del Partido Liberal por el simple hecho de ser hijo de un ex presidente. Agregó que si el partido iba a tener reglas distintas para los mortales y para los dioses no descartaba la posibilidad de retirarse él de la consulta. Paradójicamente, David Turbay es el menos afectado entre todos los aspirantes con la candidatura de Lleras, pues la votación del precandidato costeño es de maquinaria, mientras que el sector donde muerde el hijo del ex presidente es de opinión.
Pero independientemente de todas estas posiciones, al que le correspondía manejar la situación era al jefe del partido, Julio César Turbay, a quien todos los candidatos le botaban la papa caliente. Este veterano de todas las batallas, y de todos los Lleras, decidió que era mejor tener al nuevo candidato por dentro que por fuera, sobre todo ante los rumores que circulaban en el sentido de que la meta de Lleras de la Fuente era que le cerraran las puertas en el liberalismo para montar toldo aparte. Por eso se le dio un tratamiento de excepción para buscarle una salida al problema. Como si fuera poco, la apertura del boquete tuvo un toque pintoresco cuando Gloria Gaitán, la hija del caudillo liberal asesinado, solicitó también su ingreso a la consulta a nombre de las masas gaitanistas.
Al día siguiente se comenzaron a hacer encuestas para medir cuál era el potencial electoral de Lleras de la Fuente. En términos generales, todas le daban una fuerza considerable en Bogotá, una fuerza relativa en Medellín y Cali, y prácticamente ninguna en Barranquilla. Las encuestas lo dejaban lejos de Samper, un poco abajo de De la Calle y disputándose el tercer lugar con Carlos Lemos.
Este resultado es excelente. No obstante, los observadores políticos no consideran la candidatura de Lleras de la Fuente particularmente sólida. Su lanzamiento produjo un despliegue masivo de medios de comunicación que todo político envidiaría. Los sondeos se hicieron en el punto más alto de este espectáculo. Pero pasado el boom publicitario, se anticipa una pérdida de terreno gradual de ahora en adelante. Sobre todo si se tiene en cuenta que carece de toda organización o infraestructura política.
Carlos Lleras de la Fuente es un hombre muy inteligente que tiene además la ventaja de llevar uno de los nombres más respetados de Colombia. Su labor en la Constituyente lo hizo acreedor a un prestigio grande, particularmente entre la clase dirigente, donde siempre había sido popular por sus dotes de conversador y su sarcasmo cachaco.
Pero su aspiración a la Presidencia de la República tropezará con bastantes obstáculos. Es una candidatura personalista caracterizada por un enorme desprecio por la actividad política en general y por los dos partidos tradicionales en particular. De ahí su impresionante movilidad política que lo ha hecho pasar del Movimiento de Salvación Nacional, de Alvaro Gómez Hurtado, al Partido Liberal, sin descartar del todo la Nueva Fuerza Democrática de Andrés Pastrana. Y aunque de labios para afuera niega su interés por una vicepresidencia, sus allegados saben que no ha descartado totalmente esa posibilidad.
Su irreverencia con las estructuras organizadas y con las jerarquías del Partido Liberal gusta en los cìrculos elitistas y en los sectores de opinión independientes. Pero Colombia es un país multifacético y de arraigadas costumbres políticas que no parecen muy compatibles con el talante de Carlos Lleras de la Fuente. Por lo pronto, tanto sus admiradores como sus detractores están de acuerdo en una cosa: su temperamento, algo monárquico, es más apto para heredar un trono que para ganar unas elecciones.

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