Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1995/11/20 00:00

CARNE DE CAÑON

El arresto de Wilson Pérez no es el primer caso que revela la conexión entre fútbol y cocaína. Probablemente tampoco será el último.

CARNE DE CAÑON

LO QUE MENOS ESPERABAN los colombianos es que un marcador de punta de la Selección Colombia se metiera un autogol. Sin embargo, el martes de la semana pasada Wilson Pérez fue capturado por el DAS en el aeropuerto Ernesto Cortissoz de Barranquilla con 171 gramos de droga camuflados dentro de dos revistas. Lo que al comienzo parecía ser una dosis personal, pronto se explicó como un mandado que estaba haciendo el jugador a un amigo y terminó como un servicio de mensajería entre carteles, según las versiones más recientes. Lo único claro hasta ahora es que lo que llevaba Pérez era un paquete con pasta de coca. De acuerdo con esto, lo que tiene que aclarar la Fiscalía son varios interrogantes. ¿A quién iba a ser entregado el paquete? ¿Se trata de un negocio entre los carteles de la Costa y Cali? ¿Por qué Pérez realizaba continuos viajes entre Barranquilla y Cali?
Pero más allá de hasta dónde lleguen las investigaciones, el caso de Wilson Pérez volvió a poner sobre el tapete el tema de la infiltración del narcotráfico en el fútbol, un tema que no es para nada nuevo.
Desde comienzos de la década de los 80 era vox populi que la mayoría de los equipos profesionales pertenecían a la mafia. Las millonarias contrataciones que hacían los hermanos Rodríguez Orejuela para el América de Cali, las famosas fiestas en las fincas de Gonzalo Rodríguez Gacha 'El Mexicano' con los jugadores profesionales para celebrar los títulos de Millonarios en 1987 y 1988, y los arreglos y compras de partidos entre los grandes clubes son casos que fueron familiarizando a los deportistas con este ambiente. "En esa época no era extraño que 'El Mexicano' llegara con regalos para nosotros después de un buen partido. La relación con él era bastante amistosa y de mucha confianza. Con algunos de mis compañeros tenía tanta confianza que los ponía a hacer mandados bastante delicados", dijo a SEMANA un ex jugador que perteneció a la nómina de Millonarios en esa época.
Pese a que el bajo mundo se había tomado el fútbol, los buenos resultados internacionales del balompié nacional, sirvieron para camuflar lo que todo el mundo sabía. La afición y la prensa especializada prefirieron hacerse los de la vista gorda, con la teoría de que el dinero de la mafia tenía más efectos positivos que negativos sobre el fútbol criollo. Además, algunos llegaron a creer que la violencia de los carteles jamás iba a afectar a este deporte. Sin embargo, en cuestión de narcotráfico no hay plazo que no se cumpla y la violencia irrumpió de un momento a otro.

AMBIENTES DAÑADOS
El primer caso de gravedad sucedió en la noche del martes primero de noviembre de 1988, cuando fue secuestrado el juez Armando Pérez. Luego de 20 horas, el árbitro fue dejado en libertad con la condición de leer un mensaje ante la opinión pública. Se trataba de una amenaza concreta contra los jueces que actuaran mal en el campeonato y de una acusación directa contra los equipos Santa Fe y América por la supuesta compra de árbitros.
Ese año, después de varias irregularidades arbitrales, Millonarios se coronó campeón y la fiesta que armó el cuadro capitalino hizo olvidar los tragos amargos de días pasados. Pero un año más tarde el escándalo renació cuando el miércoles 15 de noviembre fue asesinado en Medellín el árbitro Alvaro Ortega. Las versiones sobre los autores intelectuales del crimen apuntaron en esa ocasión al cartel de los apostadores, que muchas veces está compuesto, entre otros, por narcotraficantes. Después del homicidio el sentimiento general fue el de parar el tren del fútbol antes de que atropellara a más personas. Y así fue. Sin embargo, a pesar de la gravedad del asunto, las medidas que tomó el gobierno fueron paños de agua tibia y el fútbol siguió infectado de narcotráfico.
Pese a la dramática situación que vivía este deporte en Colombia, la gente no pareció darse cuenta que día tras día el fútbol se corrompía más y que para gran parte de los futbolistas el ambiente del narcotrafico y el del deporte ya eran más que hermanos. Quizás el título del Atlético Nacional de la Copa Libertadores y la clasificación de Colombia al Mundial de Italia 90 a finales de 1989, hicieron que los colombianos se engañaran pensando que era la mejor época en la historia del fútbol nacional. Pero por dentro se vivía una realidad completamente distinta.
Por ese entonces en Colombia surgió la leyenda que Pablo Escobar utilizaba a varios jugadores de los equipos de Antioquia como testaferros de sus propiedades y que otros cabecillas de los cartel es aprovechaban la imagen de varios deportistas para ponerlos a realizar encomiendas ilegales. La cercanía del narcotráfico con el fútbol fue aún más visible en la recordada masacre de Candelaria, Valle, en septiembre de 1990, que arrojó un saldo de 22 muertos. En esa ocasión, según las autoridades, dos ex jugadores del América de Cali, Hugo 'El Pitillo' Valencia y Eduardo Perdigón se salvaron milagrosamente del ataque que realizó la organización de Pablo Escobar supuestamente contra 'Pacho' Herrera, propietario de la finca en la que se encontraban más de 60 personas.
De ahí para adelante los escándalos no pararon. Tan sólo un mes después de la entrega de Pablo Escobar a la justicia, René Higuita se encargó de atizar la hoguera. Corría julio de 1991 y el famoso arquero decidió visitar al narcotraficante en la cárcel de La Catedral. Para los colombianos no pareció lógico que una figura internacional como era Higuita se reuniera con el mayor criminal de la historia del país. Varias polémicas se armaron alrededor de este caso y el final del episodio fue la destitución del coronel Augusto Bahamón, quien autorizó la entrada del arquero del Atlético Nacional a La Catedral.Meses después los colombianos conocieron varias fotografías encontradas en esa cárcel donde aparecían de visita, entre otros, algunos jugadores como Leonel Alvarez y Ricardo 'Chicho' Pérez.
Dos años más tarde vendría una seguidilla de sucesos relacionados con coca y fútbol. A comienzos de febrero de 1993 el jugador del Atlético Nacional Omar 'El Torito' Cañas fue asesinado cerca de la urbanización Navarra en el municipio de Bello, Antioquia. Aunque hasta el momento no está completamente confirmado, las autoridades consideraron que la muerte del deportista estuvo relacionada con posibles vínculos con el narcotráfico. Tan sólo unos meses después, a comienzos de junio, René Higuita fue detenido y recluido en la cárcel La Modelo de Bogotá, por haber servido de contacto en la liberación de un secuestrado. Pero faltaba más. Un mes más tarde Felipe 'El Pipe' Pérez, ex jugador del Nacional y quien militaba en el Envigado, fue detenido en su apartamento de El Poblado en Medellín donde tenía una de las caletas más sofisticadas encontradas por las autoridades. En esta se hallaron 20 uniformes del Ejército, 158 cartuchos para fusil R15 y 43 proveedores para fusil AUG. Hoy en día el ex deportista afronta dos condenas que le suman cinco años y cinco meses de prisión.

HAZAÑA DUDOSA
Pese a todo esto, 1993 es recordado por los aficionados al fútbol en Colombia como el mejor en toda la historia deportiva del país por la espectacular clasificación de la selección al Mundial USA 94. Con esta hazaña volvió la ilusión de que en este deporte todo andaba bien. Pero la realidad volvió, y regresó cuando nadie la esperaba: en pleno mundial. Las amenazas contra el cuerpo técnico de la selección por alinear en el equipo titular a Gabriel Jaime 'Barrabás' Gómez fueron, entre otras cosas, las culpables de la desastrosa actuación del onceno nacional en Estados Unidos. La triste historia de 1994 finalizó con el brutal asesinato de Andrés Escobar en la madrugada del 2 de julio. Un día inolvidable para los colombianos y para el mundo del fútbol que pareció confirmar nuevamente que en Colombia este deporte es manejado por el narcotráfico. Aunque en un comienzo la Fiscalía dijo que el crimen había sido un hecho aislado, es decir que no habían estado involucrados ni los apostadores ni la mafia, un año más tarde el padre del jugador, en una entrevista a SEMANA, afirmó que a su hijo lo habían matado los apostadores del fútbol.

TODO SIGUE IGUAL
Parecía que el asesinato de Andrés había rebosado la copa. Pero no. Después del mundial las autoridades interceptaron varias llamadas de jugadores y miembros del cuerpo técnico de la selección a Miguel Rodríguez Orejuela. Los diálogos giraron en torno de lo que había acontecido en el interior del equipo durante la disputa del mundial. Esto demostró una vez más que la situación del fútbol nacional seguía igual o peor que en los años 80.
Ahora, con la detención de Wilson Pérez la semana pasada el tema del narcotráfico en el fútbol volvió a la mente de los colombianos. No obstante, ahora hay una razón para recuperar la esperanza. Las investigaciones que están realizando la Fiscalía y la Superintendencia de Sociedades en varios equipos de fútbol parecen dar alguna ilusión de limpieza en este deporte. Hace dos semanas la Fiscalía regional de Cali anunció la apertura de una investigación por presunto testaferrato en la acciones del América de Cali, después de que un abogado de la junta directiva del club denunció haber comprado una sola acción y ahora figura como propietario de 100 de ellas.
Sólo queda esperar que el gobierno actúe de una manera decidida ante lo ocurrido, porque como se ha demostrado los jugadores son muchas veces utilizados por sus 'padrinos' para hacer tareas delictivas. En fútbol también vale el dicho "el que anda con la miel algo se le ha de pegar", y como dice un directivo del deporte que prefirió mantener en secreto su nombre, "No podemos tapar el sol con las manos. Es decir, que con triunfos deportivos en el exterior escondamos la cruda realidad del fútbol colombiano. Un fútbol que todavía está lleno de coca, muerte y apuestas".

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