Domingo, 21 de septiembre de 2014

| 2013/09/13 00:00

Carta de un matemático contra el bloqueo de la Nacional

Estudiantes y profesores no han podido entrar a clase desde el 27 de agosto.

Rectoría espera que se pueda hacer clases desde el martes 17 de septiembre. Foto: SEMANA.

El bloqueo por parte de un grupo de trabajadores de la Universidad Nacional llevó a que un profesor de matemáticas enviara una fuerte carta en la que no solo reprochó la actitud de los manifestantes, también que se bloquee la universidad para evitar el saber.

Fernando Zalamea Borda, reconocido profesor del Departamento de Matemáticas de la Universidad Nacional dejó por un momento los números para dedicarse a las letras. No se guardó nada para reprochar el bloqueo de los edificios de la universidad pública más importante del país.  

En uno de los apartes dice que no comprende como algunos trabajadores “no interesados en el saber tengan el descaro y la desvergüenza de creer que pueden forzar lo que se les ocurra, en detrimento de miles de universitarios”.

Luego señaló, “solo un verdadero desprecio por los demás y una crasa ignorancia del mundo, de la ética, de la dignidad humana, puede hacer que el irrespeto persevere”.

En un comunicado el rector de la Universidad, Ignacio Mantilla, demandó de los trabajadores el desbloqueo inmediato para que se puedan retomar las clases este martes 17 de septiembre. La decisión está en manos de los trabajadores quienes presionar por una nivelación salarial.  

Este es el texto de la carta

“La Academia constituye un entorno cultural tan potente, como frágil. Por un lado, gracias al conocimiento, se superan las barreras sociales de cada individuo singular y se pone en marcha toda la fuerza múltiple de una nación, como han mostrado con claridad los países nórdicos u orientales.

Por otro lado, esa energía puede ser vapuleada muy fácilmente, como ha sido el caso con tantas dictaduras latinoamericanas. Para florecer –y poder pasar de la belleza frágil de lo Ideal a la acerada potencia de lo Real– la Universidad requiere ante todo espacio y libertad.

El "espacio" es un entorno físico y mental imprescindible donde se realiza una comunión de la inteligencia entre maestros y estudiantes. La "libertad" deja que vuele esa razonabilidad, enlace de razón y sensibilidad, y que se abran las puertas de la invención.

Es inmediato, por tanto, que el bloqueo acaba con la labor universitaria: rompe el espacio, limita la libertad y destruye los tránsitos del saber; elimina las ilusiones de emancipación de los individuos e impide los avances de una comunidad; maneja los más ramplones actos de intimidación y fuerza; produce temor y silencio (obsérvese un testimonio sin nombre a continuación); impone taxativamente una perspectiva por encima de las demás y elimina el diálogo; pisotea cualquier deliberación; encoge el entusiasmo, la generosidad y el altruismo de los mejores maestros; lleva al abandono, al desgano y al desinterés.

Es increíble que unos pocos violentos –evidentemente nada interesados en la Universidad o en el saber– tengan el descaro y la desvergüenza de creer que pueden forzar lo que se les ocurra, en detrimento de miles de universitarios. Solo un verdadero desprecio por los demás y una crasa ignorancia del mundo, de la ética, de la dignidad humana, puede hacer que el irrespeto persevere.

Hay decenas de maneras de protestar y de generar reivindicaciones dentro del ámbito educativo, que no vayan en contra de su fundamento mismo: la libertad de pensamiento.

Es hora de que los trabajadores, las directivas, el profesorado y –sobre todo– el estudiantado, protestemos vehementemente contra las acciones de hecho impuestas por unos pocos, allende la enorme mayoría”.

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