Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/09/27 22:38

La carta de un soldado ex secuestrado a su bebé

Semana.com le pidió a un grupo de líderes que les explicaran a sus hijos el momento que vive Colombia. Este es el texto de un hombre que pasó tres años en la selva por cuenta de las Farc.

Ardila fue secuestrado el 3 de agosto de 1998. Foto: Archivo particular

Giovanny Ardila Olmos volvió a nacer el 28 de junio del 2001. Llevaba más de tres años privado de la libertad, hasta que las FARC y el gobierno nacional firmaron un acuerdo humanitario que lo devolvió de la selva. Ardila fue uno de los uniformados retenidos ilegalmente durante la trágica toma del municipio de Miraflores, Guaviare, el 3 de agosto de 1998. Junto a él, 56 policías y 73 soldados regulares corrieron la misma suerte.

Un año después de su liberación, cuando se encontraba terminando el bachillerato, Giovanny conoció a Adriana Bello, quien era su profesora de inglés. Realizando sus estudios comenzó a hablar con ella y después de un tiempo comenzaron a salir. Pasados los años, forjaron una relación que tiene como resultado la destinataria de esta carta: una pequeña de 19 meses que los motiva para dejar atrás el odio y perdonar.

Si quiere escuchar a Giovanny:

“Amada Sara:

Ninguna persona puede elegir la patria donde nace, pero si sus padres, muchos migrando a la nación de su preferencia para allí dar a luz a sus hijos. Otros no tenemos esa posibilidad y lo único que nos queda es trabajar para ofrecer a nuestros hijos un país mejor.

A simple vista parece una trivialidad, pero en el fondo es inmensamente relevante. Tu padre enfrentó la crueldad de la guerra, no por elección personal, sino por deber patrio y política de Estado. Encañonó un fusil, olió la muerte, enfrentó al desconocido enemigo y sufrió la privación de la libertad durante años en la húmeda selva, como mártir de un Estado que apenas entendía.

Sin embargo, la fuerza de la supervivencia y la esperanza lo sacaron adelante y años más tarde llegaste tú, dando un nuevo sentido a la vida, simbolizando el amor, el sueño más hermoso, el premio a todos los sacrificios y adversidades para ser ahora nuestra razón de ser.

El anhelo de acompañarte y estar contigo cuando sonrías y cuando llores, con el alma, con los mejores deseos de que la vida te regale su mejor sonrisa o de que tú tengas la fuerza y el carácter de obligarla a sonreír.

Entre tantos sueños, nuestro mayor y más grande anhelo para ti, es que puedas vivir en una patria en paz, un país en el que tengas las oportunidades de crecer plenamente y desarrollarte con toda la seguridad y garantías de una mejor sociedad.

Queremos regalarte la paz. Aunque hoy no lo sepas, un día entenderás porque haciendo un gran esfuerzo dejaremos el odio y el rencor de lado para luchar por ti y por tu futuro. Con el mismo empeño y el mismo amor que lucharemos por ti toda la vida para ofrecerte un mundo mejor y esperamos que sepas valorar este esfuerzo y que hagas lo mismo para conservar esta paz, despojándote del miedo para vencer el odio y forjando un país mejor”.

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