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| 12/23/2016 4:17:00 PM

Carta de una víctima de la masacre de los diputados del Valle a los colombianos

Semana.com les pidió a un grupo de víctimas del conflicto que relaten lo que les dejó el acuerdo de paz con las FARC. Este es el texto que Fabiola Perdomo envía en vísperas de la Navidad.

Fabiola Perdomo es viuda de uno de los 11 diputados del Valle del Cauca secuestrados por las FARC el 11 de abril del 2002 y asesinados cinco años después. Es madre de Daniela, una joven de 17 años que era una bebé cuando la guerrilla ingresó al edificio de la Asamblea y se llevó engañado a su papá, Juan Carlos Narváez, y a los otros parlamentarios, para supuestamente protegerlos de una bomba que había en el recinto.

Este año, en La Habana, el Secretariado se sentó por primera vez frente a ella y los demás familiares de los diputados. El encuentro fue estremecedor. "Su muerte fue lo más absurdo de lo que he vivido en la guerra, el episodio más vergonzoso, no nos enorgullecemos de él. Hoy, con humildad sincera, pedimos perdón", dijo Pablo Catatumbo, el hombre que comandaba el bloque que cometió ese aterrador crimen durante el encuentro. Esta es la carta que Fabiola Perdomo le envía al país en vísperas de la Navidad. 

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A los colombianos,

Esta es la navidad número 15 que estoy sin mi esposo, Juan Carlos, desde el 2002 cuando fue secuestrado por las FARC junto a sus 11 compañeros diputados. Nunca durante todos estos años hubo celebraciones, era un día más del año, acostándonos temprano y no faltaron las lágrimas, que fueron nuestras compañeras durante las fechas especiales.

Pero esta Navidad es distinta a las otras 14. Este año descubrí el efecto sanador del perdón, el cual logró trasformar mi vida. Ese 10 de septiembre en Cuba, donde pude ver a los ojos a los que me arrebataron y asesinaron a mi esposo. Estar frente a frente con quien te ha hecho daño, con quien ha acabado con tus sueños, con quien ha fracturado a tu familia no es fácil, pero es necesario.

Es el momento cuando se toca fondo en el dolor, pero al mismo tiempo es la oportunidad para descargar toda la rabia, el odio, las tristezas y en muchos casos la sed de venganza; es un momento de catarsis. Una catarsis que logra su efecto sanador en dos momentos: primero cuando se da la descarga emocional y segundo, con la actitud del victimario. En nuestro caso, este segundo momento fue definitivo. Hubo una actitud de respeto, de reconocimiento del daño causado, de vergüenza por lo ocurrido y sobre todo de arrepentimiento y compromiso de no repetir la barbarie de la guerra que ha dejado tanto dolor y sufrimiento.

Puedo decir con tranquilidad que esta Navidad no será en blanco y negro como eran las anteriores; hay color, el color de la esperanza, la cual promete un futuro mejor. Hoy hay una sensación liviana porque el peso del rencor contra quienes causaron tanto sufrimiento quedó atrás. Eso lo entendimos mi hija Daniela y yo. Ahora lloro, pero por actos que me conmueven; como ver la sonrisa y el rostro de esperanza de un niño víctima de la violencia cuando recibe su único regalo de Navidad. En esta Navidad, además de dar regalos doy un consejo: vivir la oportunidad de perdonar.

Vinimos a esta tierra a ser felices, a servir y a construir, pero la carga de sentimientos negativos que vamos acumulando con el paso del tiempo no nos deja hacerlo y a veces no nos damos cuenta o nos demoramos en entenderlo. El perdón nos ayuda a descubrirlo, nunca es tarde para perdonar.

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