Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2007/10/13 00:00

Casi cadena perpetua

Qué hay detrás de la condena por 24 años que le impuso un juez al político Alberto Santofimio por el magnicidio del líder liberal Luis Carlos Galán.

Alberto Santofimio (izquierda) y Luis Carlos Galán fueron enemigos políticos en los años 80. Pero ni el más agudo observador pensaba que algún día la justicia condenaría al primero del asesinato del segundo

Esa semana, el político colombiano Alberto Santofimio Botero adquirió el rótulo que pocos seres humanos quisieran ostentar en el planeta: ser condenado como el autor intelectual de un magnicidio. El juez primero penal especializado de Cundinamarca Jesús Antonio Lozano Hoyos encontró culpable a Santofimio de ser uno de los responsables del crimen de Luis Carlos Galán Sarmiento, el 18 de agosto de 1989, en Soacha, Cundinamarca. Para el juez, hay certeza de que el ex senador tolimense instigó el asesinato de su rival, en alianza con el criminal más temido del siglo XX: el narcotraficante Pablo Escobar Gaviria. Es una decisión sin precedentes en Colombia y por eso ha sido recibido con júbilo por la familia del inmolado fundador del Nuevo Liberalismo y con sorpresa en algunos círculos políticos y judiciales que apostaban por un resultado diferente. La razón: la Procuraduría General había pedido recientemente la absolución de Santofimio, por la presunta debilidad de las pruebas en su contra.

Para infortunio del ex ministro y ex precandidato presidencial, el juez Lozano opinó lo contrario; después de 15 meses de analizar el proceso, no dudó en sentenciar a Santofimio a 24 años de prisión. En una providencia de 93 páginas, el juez Lozano explicó con detalle por qué cree que Santofimio participó en el plan criminal que terminó con el asesinato de Galán.

El juez fundamenta su decisión en cuatro elementos: el testimonio de John Jairo Velásquez Vásquez (alias 'Popeye'), pruebas circunstanciales y declaraciones de otras personas que corroboran lo dicho por el lugarteniente de Escobar, las coincidencias políticas del capo con Santofimio desde 1982 y la total falta de credibilidad que le merecen las manifestaciones de inocencia del ex senador.

Sin duda, el político estaría libre si 'Popeye' no hubiera declarado el 28 de abril de 2005 que Santofimio incitó a Escobar a que asesinara a Galán. Es el testigo estrella y a quien la defensa intentó desacreditar en todas la formas posibles. Dijeron que era falso que 'Popeye' fuera la mano derecha del capo, pero el juez, basado en testimonios de otros lugartenientes de Escobar como alias el 'Mugre' y de los enemigos de éste -los Rodríguez Orejuela-, concluyó lo contrario. En otras palabras, 'Popeye' pudo haber sido testigo de las reuniones entre Santofimio y Escobar en las que se habría hablado del crimen.

En su declaración a la justicia, Luis Carlos Aguilar Gallego (alias el 'Mugre') también había corroborado la existencia de esos encuentros clandestinos que, según Santofimio, nunca ocurrieron. Al juez tampoco le pareció importante que en 1994 el mismo 'Popeye' hubiera negado cualquier participación de Santofimio en el crimen. Para el funcionario judicial, la explicación de 'Popeye' de que temía por su vida era legítima.

El segundo testimonio aceptado por el juez fue el del ex congresista Carlos Alberto Oviedo Alfaro, quien actualmente está en prisión por homicidio. El ex representante quindiano aseguró que, en alguna oportunidad, Escobar le comentó sobre la participación de Santofimio en el asesinato de Galán. Algo parecido le hizo el capo al recientemente fallecido zar antisecuestro Alberto Villamizar Cárdenas. Escobar le confesó su participación en el magnicidio, no sin antes advertirle que en aquella empresa criminal también participaron narcotraficantes y algunos políticos amigos suyos. Para el juez, entre ellos estaría Santofimio.

Hay otros testimonios como el del también fallecido esmeraldero Pablo Elías Delgadillo Buitrago, quien señaló a Santofimio como uno de los partícipes en el complot para segar la vida del dirigente del Nuevo Liberalismo. 

Para el juez Lozano, otros dos hechos, aunque circunstanciales, comprometen a Santofimio: la frase de Galán a sus familiares y cercanos amigos de que "si algo me pasa, miren hacia el Tolima" y una pancarta en una manifestación pública de Santofimio semanas antes del crimen en la que se leía: "Los santofimistas van al entierro de Galán".

En todo crimen, como en las populares series de televisión Perry Mason, Petrocelli y hoy CSI, es fundamental el móvil. Sin él, es imposible encontrar al culpable. Para el juez, Galán era un obstáculo para las ambiciones políticas de Santofimio y era su enemigo acérrimo. Cita la investigación de la Fiscalía donde se dice que Galán denunció en múltiples oportunidades los nexos entre Santofimio y el cartel de Medellín y que la respuesta del dirigente liberal del Tolima a esos señalamientos fue siempre agresiva.

Al contrario de lo dicho por Santofimio, tanto en la Fiscalía como en la audiencia pública, para el juez Lozano están totalmente demostradas la amistad y la cercanía del ex político tolimense con Escobar y sus secuaces. A ellos los unieron temas como el de la lucha contra la extradición de nacionales y la financiación de sus campañas políticas. Incluso, advirtió, también quedó probada la guerra sin cuartel que emprendió Escobar contra las toldas del Nuevo Liberalismo, como el asesinato del ministro Rodrigo Lara Bonilla y el atentado al ex ministro Enrique Parejo González. En otras palabras, para el juez había una confluencia de intereses entre el jefe del cartel de Medellín y Santofimio.

 Cuando empezó a tomar fuerza la campaña con miras a las elecciones presidenciales de 1990, en el primer puesto del partidor se ubicó Luis Carlos Galán. Eso lo decían todas las encuestas. Con las mismas aspiraciones aparecía también Alberto Santofimio Botero, quien, no obstante, le dijo a la justicia que en 1989 su fuerza política no le alcanzaba para pensar en serio en la primera magistratura. Y aunque Santofimio tenía la razón, pues para esa época su desprestigio nacional era enorme y los verdaderos rivales de Galán eran Hernando Durán Dussán y Ernesto Samper, para el juez esa justificación no es suficiente, ya que de todos modos, Santofimio se beneficiaría con la eliminación de su rival.

 Es evidente que de nada le sirvió a Santofimio el poder de su arrolladora palabra, en la audiencia pública del año pasado. El juez no le comió cuento. Es más, en la providencia es claro que la credibilidad del político quedó por el suelo. No le creyó a Santofimio cuando afirmó que conoció a Escobar en 1982, en Puerto Berrío (Antioquia) y que después de aquel encuentro lo volvió a ver en otras dos oportunidades, pero siempre en sitios públicos y nunca en escondites. Para desvirtuarlo, el juez cita varias declaraciones sobre la estrecha relación del político y Escobar. Todas pasaron el examen de veracidad del funcionario. Tampoco le ayudaron al ex senador sus negativas públicas sobre sus relaciones con el cartel del Cali; vínculos que fueron confirmados en los años 90 y por los cuales pasó unos años en la cárcel. Para el juez, si mintió en ese entonces, por qué creerle ahora.

La defensa de Santofimio apeló la sentencia ante la sala penal del Tribunal Superior de Cundinamarca. Y aunque fuera ratificada, con rebajas y otros beneficios, los 24 años seguramente quedarán reducidos a unos ocho años. Pero para un hombre como Santofimio, que en su momento estuvo en la fila de los presidenciables, pagar, así sea una hora, por el magnicidio de Luis Carlos Galán es como una cadena perpetua.

Como en todo juicio con consecuencias políticas, no hay consenso sobre el fallo. Hay quienes dicen que si bien no hay evidencia de que Santofimio sea inocente, tampoco la hay contundentemente de que es culpable. Sus delatores son antiguos miembros del cartel de Medellín, traicionado por él cuando se pasó al de Cali. También creen que Pablo Escobar era el verdadero determinador de sus magnicidios, los cuales no requerían instigación de terceros. Que si Santofimio estaba enterado del asesinato antes de que sucediera, podía ser culpable de omisión de denuncia o hasta de complicidad, pero no de autoría intelectual. Que en el momento del crimen, Santofimio estaba aliado con el cartel de Cali y no con Escobar. En fin, que el político tolimense sin duda podía ser bandido, y amigo de criminales, pero no necesariamente un asesino. Que era posible que le hubiera dicho a Escobar que si Galán llegara al poder, seguramente lo extraditaría, pero que de ahí a haber participado en la planeación del delito hay mucho trecho. No todo el mundo cree la frase textual de 'Popeye': "Mátalo, Pablo, mátalo". Que si por andar en malas compañías uno tiene que responder por los delitos de éstas, también tendría que responder Virginia Vallejo. Aunque teóricamente el testimonio de ella no fue incorporado al proceso, el efecto mediático de sus declaraciones sobre la opinión pública pudo haber sido el tiro de gracia contra Santofimio. Finalmente, que la presión de la opinión pública era tan grande, que el juez que fallara a su favor tendría su carrera terminada inmediatamente y pasaría a la historia con el mote del hombre que exoneró a Santofimio.

Como las apelaciones tendrán lugar ante cuerpos colegiados como el tribunal Superior de Cundinamarca y la Corte Suprema de Justicia, algunos juristas consideran que no es totalmente imposible que no compartan el fallo del juez Lozano.

Pero por ahora la situación es otra y hay muchos que celebran. Consideran que los detalles no importan. Que era conocida por todos la animadversión de Santofimio hacia Galán. Que hay suficientes pruebas de que Escobar y Santofimio fueron aliados y que los unía el odio por todo lo galanista. Y más importante aun: que en un Estado de derecho, la última palabra es del juez. Y éste se pronunció: "Santofimio, culpable".

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