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| 5/5/2014 12:00:00 AM

Caso Colmenares: el triste final de un falso testigo

Tras comprobarse que mintió a la justicia, Jesús Alberto Martínez fue condenado a siete años de cárcel.

Jesús Alberto Martínez era ni más ni menos que el testigo estrella de la Fiscalía en el sonado caso Colmenares. Fue por él que, el 2 de octubre del 2012, el país se estremeció cuando delante de una cámara el hombre contó con lujo de detalles cómo el joven Carlos Cárdenas, en compañía de algunos amigos, golpeó en la cabeza con una botella a Luis Colmenares para luego montarlo inconsciente en una camioneta.

Su testimonio por momentos fue tan creíble que, incluso, bajo la gravedad de juramento, aseguró tener fotografías tomadas en un teléfono celular que registraban el momento en que la víctima fue subida a una camioneta Ford Explorer de placas BOV 358. Todo fue desvirtuado después.

“El otro joven que estaba ahí lo golpea de frente, pero lo golpea con una botella. Le pega dos veces con la botella, una de frente y otra de costado. Levantan al muchacho y lo agitan y lo zarandean. Ahí lo cogen y lo llevan hacia la camioneta y ahí es donde estoy yo, como a 20 metros”, narró entonces.

“Lo que yo más recuerdo es que cuando a él lo montan. El muchacho que se va subir de copiloto me dice ‘¿qué mira?’ Hoy en día yo aseguro, porque lo conocí por los medios, que era Carlos Cárdenas. Nunca se me va a olvidar la cara de él”, dijo Martínez en un testimonio que estremeció al país.

Fue por esa declaración que los fiscales abrieron nuevos capítulos del proceso por la muerte del estudiante. Por esa época, había llegado para ponerse al frente del expediente la entonces fiscal delegada ante la Corte Marta Lucía Zamora, quien al lado de un grupo de investigadores se dio a la tarea de verificar si este hombre, nacido en Barranquilla y quien trabajaba en la venta de celulares, decía la verdad.

Al mismo tiempo la fiscal enfocaba sus esfuerzos en demostrar si los relatos de los otros dos testigos, Wílmer Ayola, Jonathan Martínez -quienes estaban protegidos por la Fiscalía- eran verídicos o no.

Zamora halló fisuras en sus declaraciones y por eso la funcionaria no ‘tragó entero’. Pronto se conocieron las verdaderas intenciones de Martínez y los otros dos testigos: sacarle provecho a sus mentiras, ya que el ente acusador no sólo les proveía seguridad y vivienda, sino dinero para su manutención.

Fue así como, el 16 de enero del 2013, Martínez y sus compinches fueron capturados bajo los cargos de fraude procesal, falso testimonio y fraude a subvención.

Allí se derrumbó el ‘castillo de mentiras’ con el que engañaron a las autoridades y a la familia Colmenares, que había puesto todas sus esperanzas en estos tres hombres, quienes seguían afirmando ser testigos de excepción cómo habría muerto su hijo. El trío testificó en la misma dirección.

Martínez fue llevado tras las rejas en la cárcel La Picota, pero pronto logró que los fiscales lo trasladaran al búnker de la Fiscalía bajo otro engaño: dijo que tenía otras informaciones que le servían al proceso.

El sujeto, por varios meses, estuvo confinado en una celda muy cerca de los despachos judiciales, pero de nada sirvió ese nuevo intento de ‘ayudar’ en el proceso. Mientras eso ocurría, su juicio por los delitos que cometió al mentir en el proceso por la muerte del estudiante siguió adelante.

Fue este lunes cuando le llegó la hora a Martínez: la jueza 49 de conocimiento lo condenó a siete años de prisión. La causa judicial en su contra no fue tortuosa, pues Martínez había aceptado su culpa cuando apenas comenzaban las audiencias preparatorias para su juicio.

Para la juez, Martínez, con su actitud, afectó la administración de justicia y, lo que es peor: el derecho de las víctimas a conocer la verdad. “Con su dicho (el de Martínez) se abrieron procesos penales y se vinculó de manera directa e indirecta a un grupo de personas en el denominado caso Colmenares”, precisó la funcionaria.

Esta es la segunda condena que recibe Martínez. La primera, de 10 años, se derivó de un proceso por hurto agravado por el robo de un vehículo en Barranquilla. Se trató de un viejo proceso instruido en esa ciudad, que apareció en las épocas en que este hombre se convirtió en protagonista del sonado caso Colmenares, un proceso que aún no ve la luz al final del túnel.
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