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| 3/29/2014 4:00:00 AM

Caso Colmenares: Jaime versus Jaime

El carcelazo de 48 horas que les aplicaron demuestra la nueva era de la justicia espectáculo en Colombia.

El martes pasado, al filo de la seis de la tarde, cuando la juez Paula Astrid Jiménez sancionó al abogado Jaime Granados con 48 horas de arresto, en la sala de audiencias de Paloquemao el aire se podía cortar. Mientras en las bancas repletas de amigos de Granados reinaban las caras largas, en el otro lado de la sala, el abogado Jaime Lombana no cabía de la dicha. No intentaba ocultar una sonrisa de satisfacción a medida que Granados salía de la sala en dirección a una celda.

La escena era como de película. O mejor, como una de las tantas series de abogados que abundan en la televisión gringa. Muchos interpretaron lo ocurrido como una sacada de clavo pues apenas 15 días antes la juez le había aplicado la misma dosis a Lombana. “La juez compensó”, fue lo que algunos dijeron. Lo que no agregaron es que algo tenía que ver Lombana con esa compensación.

El episodio no deja de ser pintoresco: es la primera vez en Colombia en que los dos pesos pesados de derecho penal son objeto de sendos carcelazos. E incluso dio para chistes en Twitter: “Lombana y Granados van a ser los únicos que paguen cárcel en el caso Colmenares”, decía uno.

Pero detrás de la anécdota curiosa, el episodio también tiene mucho de fondo. La juez lo resumió en pocas palabras: les había advertido a ambos que un juicio no es un show y que es ella quien dirige la audiencia. “Se les recuerda que ustedes litigan ante los jueces y no ante los medios de comunicación”, les dijo.

Y es que de un tiempo para acá, gracias al cambio del sistema penal que se comenzó a poner en práctica en 2005, en Colombia los penalistas se han convertido en celebridades. Y sin duda, Lombana y Granados son dos de los más selectos miembros de esta nueva especie. Antes de 2005, los penalistas simplemente entregaban sus argumentos por escrito o los leían en el proceso. Ahora, con el sistema oral, las pruebas se presentan en el juicio y los litigantes se pueden lucir en los noticieros de la noche tal y como ocurre en series gringas como Law and Order, La Ley de Los Angeles y Perry Mason.

Hay otros bufetes de abogados penalistas de más tradición, y en algunos casos tan o más cotizados que los ya mencionados. En esta categoría estarían bufetes como el del exprocurador Jaime Bernal Cuéllar o el del hoy ministro de Justicia, Alfonso Gómez, pero no han entrado de lleno en la era mediática. Y no son pocos los que creen que era más fácil impartir justicia cuando tenía más peso un memorial que un micrófono.

Lo que hace distinta la historia de los dos Jaimes no es solo su modalidad de trabajo sino la rivalidad que ha existido entre ambos desde hace varios años. Los dos comenzaron como colegas de una misma causa: la defensa del entonces presidente Álvaro Uribe. Con el paso del tiempo, Granados se dedicó a los casos del expresidente y Lombana se quedó con los de sus hijos Tomás y Jerónimo.

Pero también han estado en orillas diferentes en casos como el del almirante Gabriel Arango Bacci (Granados defendió al almirante), el de Revertrex (Granados defendió al superintendente José Miguel de la Calle y Lombana a Amparo Grisales) y el de un empresario italiano acusado por abusar de su hija (Lombana defendió al hombre y Granados a la víctima). En la mayoría de esos casos independientemente de a quién le dieran la razón los jueces, los dos reclamaban el triunfo.

Hoy Jaime Lombana y Jaime Granados están en bandos contrarios en los dos casos más taquilleros del país: el caso Colmenares y el caso InterBolsa. En este último, Granados defiende a las víctimas del Fondo Premium y Lombana a Rodrigo Jaramillo y su hijo Tomás, cabezas de InterBolsa.

Y en el otro caso, Lombana ofreció sus servicios gratis a la familia Colmenares y Granados aceptó ser el defensor de Laura Moreno, una de las dos universitarias señaladas de posible complicidad en el homicidio. Y es en parte por esta alineación jurídica que este caso se ha convertido en uno de los juicios más comentados en la historia del país y quien gane o pierda se juega algo de su prestigio.

Se ha dicho que este último litigio acabó con la poca armonía que aún existía entre estos dos pesos pesados del derecho penal. Pero hay otras interpretaciones. Hay quienes dicen que la declaratoria de guerra está relacionada con la competencia entre ambos por el corazón del expresidente Álvaro Uribe. En su momento, el presidente utilizaba al uno o al otro y provocaba conflictos de poder entre ellos. Ha circulado el rumor de que después de que Jaime Granados metió a Lombana a la cárcel, este le notificó a Uribe que si seguía trabajando con Granados no contaba con sus servicios. También se ha registrado que Uribe visitó a Lombana durante sus días a la sombra y no a Granados. Aunque hay quienes aclaran que eso se dio porque el expresidente reside en Cespo, el mismo búnker de la Policía donde fue recluido Lombana, mientras que a Granados lo enviaron a la Escuela de Caballería.

En las peleas Lombana ha sido más bocón. Ha acusado a Granados de “manipular las pruebas”, de “profunda hipocresía” y de tener la “costumbre de pedir excusas en público y hacer porquerías en privado”. Granados, mucho más parco, ha respondido a su manera. Ya se había quejado varias veces ante la juez del caso Colmenares de esos abusos verbales. Esta le había llamado la atención a Lombana, incluso con sanciones de pago de salario mínimo, pero la última vez decidió arrestarlo.

Lombana, después de pasar el trago amargo de su detención, presionó para que se midiera con la misma vara a Granados, que a través de su oficina de prensa también se había manifestado sobre el caso. Se aplicó entonces el tradicional ojo por ojo. A pesar de esta compensación no son pocos los que creen que un arresto puede ser una sanción desproporcionada para un caso de incontinencia verbal.

¿Qué los hace parecidos y qué los diferencia? A primera vista podría pensarse que son una suerte de vidas paralelas. Los dos nacieron en hogares de profesionales destacados de provincia. El papá de Lombana es un empresario bumangués, de los creadores de Hipinto; y el de Granados es un ingeniero samario. Los dos estudiaron y se destacaron en universidades bogotanas. Granados en la Javeriana y Lombana en el Rosario.

“Ellos son como el agua y el aceite”, cuenta alguien que los conoce. A primera vista, porque el uno, Lombana, es frentero, no se mide en el uso de las palabras y casa peleas. En todo caso, se faja por sus clientes. Granados también lo hace, pero en forma más silenciosa y metódica. Es el duelo entre un boxeador y un ajedrecista.

Lombana tuvo inclinaciones por la política. Cuando tenía 27 años fue subsecretario de Gobierno de Bogotá y un año después viceministro de Agricultura. Y hoy entre sus grandes amigos tiene pesos pesados de la política como Germán Vargas Lleras, el fiscal general Luis Eduardo Montealegre y el procurador Alejandro Ordóñez.

En los años noventa abrió su bufete de abogados en el World Trade Center, en el norte de Bogotá, y si bien el tamaño de la oficina ha crecido (de 60 a 420 metros cuadrados) su equipo no pasa de siete abogados. Lombana tiene la filosofía de que la clientela debe ser atendida por el propio dueño.

En su portafolio tiene a decenas de ministros de Estado y varios de los grandes ‘cacaos’. Entre los pleitos más sona-dos que ha ganado están el de Commsa, en el que defendió a la Nación; el de Bancolombia contra los Gillinski, y el de Bavaria por el lío en que se vio involucrada por la compra de una cervecería en Perú. Y ha ganado puntos de opinión al asumir casos mediáticos probono como el de Colmenares, el del niño muerto en la piscina del Hilton y el de uno de los soldados que saquearon una guaca de las Farc.

Granados, por su parte, arrancó por un camino distinto: el de la asesoría en reformas legales al Estado. En 1989 lo hizo en Puerto Rico, en 1991 estuvo en el equipo que asesoró la reforma a la Constitución, en 2005 fue el ‘papá’ del nuevo sistema penal acusatorio y aún hoy es consultado por la Fiscalía cuando se trata de reformas en la materia.

Si bien desde 1996 creó su propia firma, su incursión en las grandes ligas del litigio se dio en la década pasada con el presidente Uribe. Entre sus casos más sonados ha tenido el de Alfonso Plazas Vega, por el Palacio de Justicia; el del almirante Arango Bacci, que fue absuelto; el de Luis Guillermo Giraldo, por el referendo reeleccionista; el de Bernardo Moreno, por las chuzadas del DAS, y el del exfiscal Luis Camilo Osorio.

Los dos Jaimes, por encima de todo, son apasionados por su oficio y adictos al trabajo. Pues a pesar de que cada uno de ellos puede cobrar más de 1.000 millones de pesos por un caso, más un bono de éxito en algunos de ellos, siguen peleando cada pleito como si fuera el primero de su carrera. Así y todo les toque pagar un carcelazo.
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