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| 2/27/2014 12:00:00 AM

El silencio “sepulcral” de los coroneles en la muerte del grafitero

Semana.com revela detalles de la acusación a Javier Vivas y Nelson Arévalo en el caso de Diego Becerra.

La Fiscalía acusará formalmente este jueves a dos de los oficiales de más alto rango hasta ahora detenidos por presuntamente alterar la escena del crimen del joven grafitero Diego Felipe Becerra. Se trata de los coroneles Javier Vivas y Nelson de Jesús Arévalo. 
 
En el escrito de acusación, conocido por Semana.com, la Fiscalía señala la forma en que los dos oficiales, quienes para la época de los hechos (19 de agosto del 2011) se desempeñaban como subcomandante de la Policía Metropolitana de Bogotá y comandante de la Estación de Suba, respectivamente, presuntamente hicieron un pacto en el que guardarían silencio para favorecer al patrullero Alexánder Alarcón, quien aseguró haber disparado en defensa propia porque Becerra supuestamente tenía un arma en su poder con la cual buscó atacarlo. 
 
Señala la acusación que el grafitero no estaba armado y que la pistola que se encontró en la escena de los hechos fue puesta allí por dos policías que antes la dispararon en la orilla de un caño, para hacer creer que efectivamente Becerra había buscado lesionar a Alarcón. 
 
“Una vez les entrega la misma (la escena del crimen), aproximadamente cinco horas después de ocurridos los hechos, sobre las 3:30 a. m. del día 20 de agosto del 2011, que esta fue alterada al colocarse, plantarse o sembrarse en la zona acordonada y donde cayera el menor al ser impactado por el proyectil de arma de fuego, un arma de fuego, clase pistola, de color cromado calibre 22 largo, marca Sterling”, dice un aparte del escrito de acusación que les será leídos a los oficiales este jueves.
 
La Fiscalía evidencia además dentro del presunto montaje para hacer ver a Becerra como un delincuente que “el arma hallada en la escena no corresponde a las características de la utilizada por los presuntos ladrones, quienes momentos antes habrían perpetrado un atraco al interior de un bus de servicio público, tal como la describe la persona que reporto el hurto al decir que ‘el arma era negra y de juguete’”. Es de recordar que Becerra fue denunciado por el conductor Jorge Eliécer Narváez como una de las personas que quisieron supuestamente hurtar en su vehículo. Por estos hechos hoy el denunciante está procesado por presuntamente mentir para incriminar al joven. 
 
En el escrito de 62 páginas, cita a varios testigos que dicen no haber visto ningún arma de fuego tirada cerca de donde cayó Becerra, luego de ser impactado por el patrullero Alarcón en medio de una persecución. 
 
“La prueba de resultados de disparo en las manos del occiso arrojó resultado negativo para la prueba de absorción atómica (…) que resultaron concordante con la pintura de los spray que portaba la víctima en su bolso en el momento de los hechos, se recogieron elementos materiales probatorios, de igual manera los grafitis que se ubicaron en los lugares cercanos”.
 
A lo que la Fiscalía le suma que “(…) tampoco se encontró en el arma de fuego sembrada en la escena trazas de la pintura por transferencia del occiso a dicha arma. En otras palabras, que el joven Diego Felipe Becerra no estaba participado de ningún atraco a una bus, que la actividad que estaba desarrollando en el momento de los hechos era una expresión urbana conocida como grafitis, que no portaba ninguna clase de arma de fuego tal como pretenden hacer ver o creer y que menos accionó un arma de fuego en contra de la humanidad del patrullero Wílmer Alarcón”.
 
Para el ente investigador está claro que Vivas y Arévalo conocieron de las irregularidades como comandantes y callaron, cometiendo así omisiones, cuando su deber era el de velar porque se presentaran los hechos tal y como se dieron, sin ningún tipo de alteración. Además quisieron hacer ver que ellos nunca estuvieron involucrados en el operativo posterior a la muerte de Becerra.  
 
“El coronel José Javier Vivas Báez, subcomandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, y el teniente coronel Nelson de Jesús Arévalo Rodríguez hicieron presencia en la escena de los hechos, en el instante en que el doctor Hernando Ruiz (defensor de la Policía investigado en el mismo proceso) acude a la misma o momentos después de este hecho relevante para la investigación, accedido de la madrugada”, por lo que se recalca que “la escena fue alterada por patrullero Alarcón y probablemente por los demás uniformados con la anuencia de oficiales de grado superior que hicieron presencia en la escena del crimen”.
 
Asegura la acusación que la teoría del caso es corroborada por varios de los uniformados procesados y que decidieron dar a conocer la verdad de lo sucedido. Es el caso del patrullero Fredy Esnéider Navarrete Rodríguez, de quien se dice que rindió versión voluntaria y “señaló sin dubitación alguna las circunstancia del caso de Diego Felipe, cómo se implantó el arma de fuego encontrada por la policía judicial”. 
 
Otros de los testimonios con los que cuenta la Fiscalía son los del del patrullero Nelson Rodríguez y el subteniente Rosemberg Madrid. Los uniformados aseguraron que el coronel Arévalo sí estuvo en la escena de los hechos, puesto que fue el oficial el que regresó con Alarcón luego de que el último llevó a Becerra malherido a una clínica donde falleció. 
 
Dice el ente acusador que “desde la Metropolitana se hizo un pacto de silencio sepulcral entre las partes” y que “se pactó guardar silencio o mención alguna sobre los oficiales de grado superior que hicieron presencia en el lugar de los hechos y en especial no se podía mencionar al J2, el señor coronel José Javier Vivas Báez, evidenciándose que todos los policías que hicieron presencia en la escena sabían qué se iba a hacer, que no era otra cosa que favorecer el actuar del patrullero Wílmer Antonio Alarcón”, recalcó la Fiscalía. 
 
Rodríguez, según ha dicho la Fiscalía, fue quien aseguró que le hicieron cambiar su declaración, e incluso precisó que el documento de su primer testimonio fue roto por el abogado Ruiz, quien lo obligó a decir que él (Rodríguez) recibió el lugar de los hechos con el arma de fuego, con la que, supuestamente, el grafitero le disparó Alarcón. Según el uniformado, el jurista le manifestó que había oficiales involucrados en el caso, razón por la cual no podía mencionarlos si quería conservar su integridad y la de su familia.

Mientras el teniente Madrid también manifestó que el coronel Arévalo le ordenó que designara primer respondiente del hecho a una patrulla de su cuadrante, procedimiento que sería irregular porque la parecer la escena del crimen fue dejada sala por un largo periodo.

A Vivas y Arévalo se les imputaron los delitos de falsedad en documento público, fraude procesal, porte ilegal de armas y favorecimiento de homicidio, además de ocultamiento, alteración o destrucción de material probatorio, cargos que no fueron aceptados por los oficiales actualmente detenidos en la cárcel La Picota. 
 
Este jueves también será acusada Nubia Mahecha, la esposa del conductor de buseta que al parecer cometió una falsa denuncia en contra de Becerra. Ella y su pareja aseguraron que el grafitero cometió un hurto en su vehículo. La mujer será acusada de falso testimonio, fraude procesal y favorecimiento en homicidio.
 
La Fiscalía pretende llevar al juicio de los dos oficiales de la Policía y de Mahecha 58 testigos, entre los que se destacan los uniformados investigados y los padres de la víctima. Además tendrá 54 pruebas documentales.
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