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| 12/20/2008 12:00:00 AM

Castaño no perdona

El nuevo libro del periodista Juan Carlos Giraldo contiene detalles inéditos del asesinato de Jaime Garzón por los hombres de Carlos Castaño.

El fin de semana salió a la venta un libro que dará mucho de qué hablar. Se trata de Las comadres de la parapolítica, del experimentado periodista judicial Juan Carlos Giraldo. A lo largo de 400 páginas se narran 38 historias con inéditos detalles sobre diferentes aspectos relacionados con los paramilitares: los secretos de los pactos entre los jefes de las AUC y los políticos; los negocios y las peleas internas por temas de drogas, y los aliados desconocidos que durante años tuvieron las autodefensas son tan solo algunos de los temas que contiene el libro editado por Intermedio. Entrevistas con Eleonora Pineda, Rocío Arias, Salvatore Mancuso, 'Jorge 40' y Ernesto Báez, así como apartes de expedientes judiciales y testimonios de testigos de los hechos forman parte de la investigación realizada por Giraldo durante más de un año. SEMANA reproduce apartes de una de las historias más sorprendentes donde cuenta detalles, hasta ahora inéditos, del asesinato del humorista y periodista Jaime Garzón.

"A tres hombres envió Carlos Castaño desde Antioquia para que asesinaran a Jaime Garzón en Bogotá. Sólo tres hombres, nada más, para evitar filtraciones, cumplieron con la orden del jefe paramilitar. Dos llegaron a Bogotá en moto, la misma que usaron para el homicidio. El tercero, el jefe del plan, lo hizo en un carro particular. Nadie más debía saber del operativo. Únicamente Castaño y los sicarios.

"El jefe paramilitar odiaba visceralmente a cuatro personajes de la vida nacional: Carlos Pizarro, líder emblemáticodel M-19; Bernardo Jaramillo Ossa, candidato presidencial del partido de izquierda UP; Manuel Cepeda, senador de ese mismo partido, y Jaime Garzón. Estos cuatro hombres fueron asesinados por Castaño, pero tal vez era a Garzón a quien más odio le tenía; además de considerarlo uno de sus principales críticos, Castaño creía que 'Betún', como lo llamaba despectivamente, era aliado de la guerrilla y se beneficiaba económicamente de los secuestros.

"El día que lo mataron, Jaime Garzón salió de su casa más temprano que de costumbre. Justo en la esquina de un semáforo, la moto lo alcanzó y se detuvo a su lado. Tres tiros hicieron blanco en su cara, y el torso quedó desgonzado sobre el timón. El hombre que disparó contra el humorista era conocido en el mundo criminal como Lótar, el 'tatuado'; se sabría después que con cada entrada a la cárcel por homicidio se hacía un nuevo tatuaje. El conductor de la motocicleta se llamaba Álex Sampedro. El jefe del grupo, Elkin Mena Sánchez, conocido como el 'Negro' Elkin, era jefe de la banda La Terraza, un grupo de matones creado por Carlos Castaño para las "vueltas especiales".

"En las siguientes 12 horas después del asesinato los tres sicarios se escondieron en sitios diferentes, mientras preparaban su salida de Bogotá. El 'patrón' los recibiría personalmente en una de sus fincas, en Urabá o en Córdoba. Y pese a que les había advertido que tuvieran cuidado con la salida de la capital, decidieron hacerlo lo más pronto posible; estaban ansiosos porque el jefe les iba a dar un regalo muy especial: a los dos primeros, dinero en efectivo, y al 'Negro' Elkin, una finca en Urabá. Y mientras dedicaban su tiempo a implementar los trámites de regreso, el país no lograba todavía asimilar la noticia del crimen.

"Castaño, por su parte, alistaba la celebración. Ese día descansaba en una de sus fincas preferidas, la 'Número Siete', en el Alto Sinú. Estaba solo. Había decidido permanecer así, al menos hasta cuando sus tres sicarios regresaran a darle "parte de victoria" y entregarle detalles de la operación. La noche que se encontró con ellos Castaño recibía la visita de uno de sus aliados de las autodefensas, el jefe paramilitar del Bloque Central Bolívar, Ernesto Báez, quien se convertiría en testigo de excepción del encuentro de Castaño con los hombres que le hicieron el 'favor'.

"Cuando por fin llegaron Castaño, los abrazó con fuerza y ordenó servirles trago. Castaño estaba medio borracho y tal vez por eso no notó que su amigo Ernesto Báez los miraba desde el saloncito del fondo. Castaño se paró de pronto, con el vaso en la mano, muy eufórico, los ojos bien abiertos, y gritó a todo pulmón, tal vez queriendo que todo el mundo escuchara sus palabras: "¡Felicitaciones, felicitaciones muchachos, ustedes actuaron con gran patriotismo y un gran profesionalismo, no imaginan lo feliz que me siento de verlos sanos y salvos aquí!".

"El 'Negro' Elkin asumió la vocería del grupo para responder las felicitaciones "Patrón, usted sabe que nosotros nunca le fallamos; el asunto resultó más fácil de lo que creíamos y la venida sí que más".

"En medio de los abrazos y agradecimientos, ya muy ebrio, Carlos Castaño anunció una de sus famosas determinaciones repentinas, propias de su carácter volátil, las mismas que le valieron el remoquete de 'loco', calificativo creado por sus propios compañeros del estado mayor de las autodefensas. "Nos vamos ya para la Cincuenta, hay que seguir celebrando allá", les dijo a los tres hombres.

"Después de la etílica celebración en la finca Siete, Castaño se llevó a los tres sicarios para su otra hacienda y allí los mantuvo bajo protección durante varios días, hasta cuando, según él, había pasado el riesgo y las investigaciones judiciales no lo involucraban; aunque dentro de las hipótesis más serias se hablaba de la participación del paramilitarismo,

"Después de varios meses de versiones de testigos presenciales y de testigos de oídas, el proceso fue abierto contra Carlos Castaño como autor intelectual, y contra un joven delincuente de Medellín, conocido con el alias de el 'Bochas', a quien una mujer desde una ventana creyó identificar como el sicario que disparó, pese a que esa mañana el verdadero 'gatillero' utilizó un pasamontañas.

"Ante este inicial caos investigativo, el jefe paramilitar comenzó a planificar la forma de borrar todo rastro que llevara a su nombre. Aunque en su contra la justicia ya había acumulado cerros de expedientes por otros crímenes que se le atribuían, en el caso del crimen de Jaime Garzón había decidido no permitir que algún indicio lo alcanzara. Concluyó que, más temprano que tarde, debía deshacerse de los eslabones vigentes que podrían completar la cadena: los sicarios y el arma asesina.

"-Negro, dijo Castaño, usted es un hombre muy valioso para mí. Cuente con la plata para la finca, cuente con eso, pero como para quedar mano a mano, entonces yo le colaboro con la finca y usted a cambio de eso, me hará un favor. Negrito, me llegó de Bogotá el informe de balística sobre la clase de arma con la que ustedes le dieron a 'Betún'. Necesito que ustedes me traigan esa arma para acá, no sea que algún día pillen ese fierro a alguno de los hombres suyos y se caiga totalmente la vuelta.

"-Déme un tiempito, pero cuente con eso patrón -le prometió el sicario. Se despidieron y los dos se fueron felices y tranquilos. El 'Negro' para su nueva finca y Castaño para otra de sus haciendas, aliviado, convencido de que el sicario cumpliría su promesa antes de dos semanas.

"En realidad, al 'Negro' Elkin se le olvidó el compromiso, o tal vez no le dio importancia, y dedicó el tiempo a organizar su finca, a convertirla en la mansión que siempre soñó. Construyó un jacuzzi para 12 personas, una piscina descomunal, kioscos y habitaciones más confortables que las originales. Se llevó a vivir con él a 20 de sus más cercanos colegas de La Terraza, y cada ocho días organizaba verdaderas bacanales que se hicieron famosas en toda la región.

"Castaño decidió seguirle los pasos y cuando supo que Elkin estaba en la finca un fin de semana, con todo y su cuadrilla de matones, lo sorprendió en la noche. "Negro, qué hubo del favor", le dijo. El sicario lo atendió somnoliento, atrapado por los efectos de la marihuana. En su mano derecha llevaba un paquete de la yerba, y sin temor alguno enrolló un cigarrillo delante de su patrón. Lo prendió desafiante y, sin medir consecuencias, le respondió: "Señor, ese asunto definitivamente no lo vamos a poder resolver; ese fierro lo perdió uno de mis hombres en un intento de robarse un carro en Medellín", le confesó con una tranquilidad pasmosa.

"Castaño lo miraba fijo y pareció no sorprenderse, ni siquiera cuando el sicario le hizo la siguiente confesión, todavía más comprometedora: "Ese fierro quedó en manos de un policía". Castaño no reaccionó violentamente. Esperó unos segundos sin dejar de mirar al 'Negro', y le dijo: "Negrito, muchas gracias por la buena voluntad". Se despidió y regresó a su finca Siete. Al día siguiente estaba ocurriendo un espectacular operativo ordenado por Castaño para allanar la finca del 'Negro' Elkin, donde a esa hora sus habitantes y visitantes todavía estaban durmiendo tras una rumba que se prolongó hasta la madrugada.

"El operativo contaba con pequeños grupos de asalto sobre sitios diferentes de la hacienda, especialmente sobre los dormitorios. Todos dormían, y a casi todos los mataron. En total, según las cuentas de Báez, unos 10 miembros de La Terraza murieron acribillados. Entre los primeros caídos figuró alias 'Lotaro', el 'Tatuado', el conductor de la motocicleta utilizada para el asesinato del periodista.

"Los asaltantes llegaron con la orden de buscar y acribillar a los jefes, pero primordialmente a Álex Sampedro, el sicario encargado de disparar contra Garzón. Al 'Negro' Elkin ya se lo habían llevado en horas de la mañana.

"Castaño lo había citado para presentarle, supuestamente, a un extranjero, experto en explosivos. Consciente de que su patrón no estaba del todo satisfecho con su proceder, el 'Negro' Elkin salió de una vez a cumplirle la cita. Poco antes de bajarse del vehículo recibió una primera descarga de balas nueve milímetros. Murió en el instante junto a su conductor, casi a la misma hora en que sus compañeros de La Terraza eran asesinados por los comandos en la finca que tanto buscó poseer".
 
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