Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1986/01/27 00:00

CATASTROFE DEL RUIZ

CATASTROFE DEL RUIZ

OMAYRA SANCHEZ - Símbolo de la tragedia.
La imagen de una niña de apenas 12 años, Omayra Sánchez, atrapada por una placa de concreto y prácticamente sepultada por el lodo, fue la imagen que, después de haberle dado la vuelta al mundo, se convirtió en el símbolo de la peor catástrofe natural vivida en Colombia: la erupción del cráter Arenas del volcán Nevado del Ruiz.
Más de 20 mil muertos, más de 21 mil heridos, cerca de 200 mil damnificados, 11 mil hectáreas de tierras afectadas y pérdidas materiales superiores los 50 mil millones de pesos, son el saldo de la tragedia. Una tragedia cuyas dramáticas secuelas hubieran podido reducirse considerablemente. Porque todo sucedió como en el cuento del pastorcito mentiroso. Desde hacía varios meses se venía hablando de los graves peligros que entrañaba la actividad registrada en el volcán. En el Congreso, un debate del parlamentario Arango Monedero alertando sobre los peligros pasó prácticamente inédito, a pesar de la presencia de algunos ministros, entre ellos el de Minas. Las fumarolas que empezaron a mostrar su cara desde noviembre del 84, no fueron tenidas muy en cuenta por las gentes de la región que las interpretaron como un fenómeno exótico más del lugar donde, paradójicamente en un país sin estaciones, se podían practicar deportes de invierno. Ni siquiera se asombraron demasiado cuando en diciembre del 84 sintieron leves temblores,y emanaciones de gases, cenizas y agua evidenciaban que dentro del volcán algo estaba sucediendo. Las alarmas sin resultados concretos fueron anestesiando a la población, a pesar de que algunas familias, las que vivían más cerca de las riberas de los ríos Claro, Azufrado. Lagunillas y Recio, fueron evacuadas, Y de que el flujo turístico hacia El Refugio, en las faldas del nevado, fue prohibido. Aunque el volcán estaba dando pasos de animal grande, los llamados a la calma por parte de las autoridades, que obraron no se sabe a ciencia cierta si con negligencia o con peligrosa prudencia, primaron sobre los temores de los investigadores. Los informes se acallaron y las autoridades locales olvidaron la sabiduría encerrada en el refrán aquel que dice que es mejor curarse en salud. Por esto, finalmente, cuando a eso de las cinco de la tarde del miércoles 13 de noviembre, las cientos de miles de personas que vivían en las zonas de alto riesgo al sur de Caldas y al norte del Tolima, empezaron a sentir las lluvias de cenizas y arenas, no creyeron que vendría lo peor y muchos se resistieron a abandonar sus casas. Seis horas después, sin embargo, todo estaba consumado. Millones de toneladas de piedra y lodo, saturadas de elementos volcánicos, convirtieron en un inmenso playón de desolación y muerte lo que antes había sido una de las más feraces tierras de cultivo. Fue una noche de horror que el amanecer y el paso de los días convirtió en un espectáculo dantesco. Así lo atestiguan las imágenes y los testimonios que aún hoy sobrecogen a Colombia y el mundo.
Semanas después, la tragedia ocasionada por la actividad del volcánnevado está muy lejos de quedar atrás. El cráter Arenas aún constituye un peligro potencial, y el drama de los damnificados está sin solucionar, a pesar de ingentes esfuerzos oficiales y privados, concentrados básicamente en una nueva entidad, Resurgir, creada a propósito del desastre, para coordinar esfuerzos y canalizar los recursos para la reconstrucción de Armero y la solución de los problemas de las personas que quedaron sin nada.
A pesar de las apariencias, el caos no ha sido superado. Hay quienes sostienen que resulta imperdonable que, después del terremoto de Popayán, se haya aprendido tan poco y no se haya ganado experiencia en cuanto a la forma de organizar las cosas en casos de desastre. Pese a que tanto en Popayán como en el de Armero y Chinchiná, la respuesta solidaria del país ha sido inconmensurable, lo cierto es que esa respuesta sigue siendo caótica y son muchos los recursos, humanos y materiales, que se desperdician. Es un hecho que la imprevisión y el desorden impiden una correcta administración de las ayudas y que, como en este caso, "en río revuelto, ganancia de pescadores": muchas historias sobre dinero, drogas, carpas, ropa, implementos robados se han oído durante este trágico episodio y son muchos los damnificados que aún se quejan de que la ayuda no llega, muchos los sobrevivientes que no han encontrado a sus familias, muchos niños aún sin hogar. Pero como dicen, la esperanza es lo último que se pierde y mucha de ella está cifrada en Resurgir. Amanecerá y veremos.--

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.