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| 5/28/2016 4:09:00 PM

Ser periodista en el Catatumbo: el destierro o la tumba

El secuestro de los periodistas Salud Hernández y Diego D’ Pablos y del camarógrafo Carlos Melo pone el dedo en la llaga: informar en esa región es poner en riesgo la vida.

En el Catatumbo la libertad de expresión no existe, los reporteros, comunicadores y locutores que  ejercen permanentemente su labor en esa convulsionada  región están censurados por  las amenazas y acciones violentas de todos los grupos armados ilegales que allí operan: el ELN, las FARC el EPL y bandas criminales. Además  optan por la autocensura para  proteger su integridad y la de los medios en los que trabajan.

Semana.com habló con ellos durante en el  Encuentro de Emisoras Diocesanas en Tibú, donde más de una docena de ellos se reunieron  en el seminario “Comunicando para la Paz desde una Construcción Territorial”, con el fin de  capacitar para el postconflicto a quienes manejan los medios de comunicación en el  Catatumbo, donde la iglesia católica tiene gran influencia  y es dueña de varias radiodifusoras que tienen gran sintonía, junto con las emisoras del Ejército.

Reinaldo Cañizales Ardila es un periodista independiente, desde hace 16 años  alquila un espacio en la emisora Ecos del Tibú y en medios televisivos locales, además escribe para el diario La Opinión de Cúcuta. Dice que es muy complicado hacer periodismo en el Catatumbo porque hay muchos factores que influyen en el orden social, político y económico  debido a la presencia de todos los grupos armados de izquierda y de derecha e incluso del propio Estado.  “He recibido muchas presiones y amenazas directas e indirectas, me han dicho: evítese dar a conocer esta información para que no tengamos que sacarlo de la región, o tengamos que acompañarlo al cementerio”.

Subraya que una de las tareas más difíciles es la reportería, pues cuando se toma la información desde los lugares donde se producen los hechos hay amedrentamiento. “En una oportunidad recibí por parte de un policía el encañonamiento con una pistola en mi mejilla para que me retirara del lugar y no siguiera haciendo el cubrimiento de un atentado de la guerrilla contra una patrulla en el corregimiento de Tres Bocas.  En otra ocasión íbamos a cubrir una información relacionada con la presencia de Autodefensas  en la orilla de la carretera, antes de llegar apareció el Ejército y nos manifestó que no siguiéramos y cuando íbamos llegando al área hubo  una balacera y lanzaron  granadas, unas esquirlas alcanzaron a tocar el vehículo en el que nos desplazábamos. Cuando cesó todo nos enteramos que había sido un montaje de la fuerza pública para que nosotros no continuáramos el camino”, relata el periodista.   

Diana Marlén Quintero trabaja en Asunción Estéreo en el municipio de El Tarra, emisora comunitaria que pertenece a la Diócesis de Tibú, donde produce programas de entretenimiento, música,  educativos y  culturales.  Allí, en los estudios, estuvo la periodista Salud Hernández, minutos antes de tomar un bicitaxi que la llevó a un lugar desconocido donde desapareció. Cuenta que hablaron con la reportera española sobre la situación en la región, el oficio de periodismo y otras cosas personales. “No hacemos ningún espacio informativo, no nos dejan difundir más allá los hechos, no está permitido por los grupos armados ilegales, nos restringen pasar informaciones, no podemos contar la realidad. Por ejemplo, si hay algún ataque o mortalidad de X o Y grupo nos abstenemos, somos neutrales, no pasamos información ni del uno, ni del otro”, puntualiza  la comunicadora.

¿En el caso reciente de la muerte del comandante de la policía de El Tarra cómo lo manejaron?

- “No, no lo manejamos, no se dice nada porque no informamos nada ni de izquierda, ni de derecha, somos una emisora neutralizada. No tenemos garantías como comunicadores, es mejor evitar problemas”, enfatiza Diana Quintero. Recuerda que una vez,  en un aniversario de la muerte del cura Camilo Torres, el ELN quiso imponer la lectura de un panfleto y proclamas de un CD, “pero fuimos claro con ellos y les dijimos que éramos una emisora al servicio de la comunidad y que con eso le hacían daño a la comunidad”.

Jhon Freddy Ascanio es el director de la emisora Ecos del Catatumbo en Tibú, donde madruga para entretener e informar a los campesinos con temas locales y música, pero no transmiten ninguna clase de noticias periodísticas de acuerdo a un reglamento interno derivado de los riesgos que  imponen los grupos al margen de la ley. “Tenemos que callar sobre algunos temas de los que no podemos hablar mucho. Cuando son  noticias de orden público, que hirieron a alguien o lo mataron no lo decimos, sólo hablamos de lo bonito y hermoso que tiene el  Catatumbo”, subraya el  locutor.

“Una vez, cuando funcionábamos en la emisora 1280 Ecos del Tibú, llegó un grupo armado y nos dijo que teníamos la obligación de pasar un CD grabado por ellos incitando a la violencia y nosotros nos opusimos  a poner esos mensajes y vinieron las represalias, nos atacaron con un petardo en la puerta de la emisora”.

Luis Albeiro Hernández,  es diácono de la Parroquia Santísima Trinidad del Corregimiento de La Gabarra,  además de su tarea como sacerdote  es comunicador de la emisora Barí Estéreo 103.2 F.M.  Al medio día  entre las 12:30 y la 1:30 p. m. hacen un noticiero de carácter social con información local y también se enlazan con noticias nacionales de RCN  y Caracol.

 ¿Padre, es muy difícil informar en esta zona, hay presión de los grupos armados?

-“En ese sentido somos muy prudentes, por ser una emisora comunitaria  somos neutros  no vamos ni por allí, ni por aquí; lo que emitimos es para la gente del Catatumbo. Por ejemplo,  si nos llega algún información de temas políticos no la emitimos para evitar inconvenientes, si nos llega algún aviso o comunicado de las fuerzas militares que quieren informar a la comunidad, no van a encontrar eco,  tampoco lo emitimos, no emitimos información de de los grupos armados ilegales, ni del Estado”, precisa el diácono Hernández.

Rodolfo Reyes, es otro periodista que desarrolla su trabajo en  la  emisora Ecos del Catatumbo, en un programa participativo donde la comunidad denuncia sus problemáticas  por falta de vías, alcantarillado y otras carencias. Indica que cuando se presentan hechos de orden público lo manejan a través de otros medios. “Comentamos lo que dicen  los otros, no nos apersonamos del tema y damos lectura de lo que publica algún medio, comentamos  de quién es la noticia, aquí es difícil hacer periodismo y  tratamos de no ser imprudentes, no ahondamos en la noticia porque a veces es difícil saber quiénes son los responsables de un hecho violento,  las autodefensas, el EPL, las FARC o el ELN”. Un día, en diciembre -acota Reyes- estaban recibiendo regalos para los niños a través de llamadas al aire “y nos llamó un comandante de las autodefensas desde las montañas del Catatumbo, no nos permitió cortar la llamada, no dijo nada intimidante, agradeció por la actividad que estábamos haciendo”.

Gilberto Estupiñán, es Concejal de Tibú pero  su pasión es el periodismo. Al igual que otros comunicadores de la región, tiene alquilada una franja en Ecos del Tibú donde hace un magazín con contenido variado y  noticias locales, pero nada de orden público. “Estamos censurados y es mejor no decir nada, nos abstenemos de hacerlo por temores de seguridad, en este municipio donde hay  actores de todo tipo y hay contenidos que no  conviene  decirlos”, señala  el comunicador.

Hoy los periodistas Salud Hernández y Diego D’ Pablos , al igual que el camarógrafo Carlos Melo  están libres, todo un país abogó por su liberación, pero un grupo de reporteros anónimos que viven en el Catatumbo sigue amordazado, saben que hablar mucho o informar la verdad puede significarles el destierro o una tumba. 

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