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| 2/1/2014 1:00:00 AM

Los celos enfermizos del 'Mellizo'

Uno de los tantos jóvenes asesinados en Barranquilla era hermano de Sofía Vergara. Nadie sabía quién lo había hecho y por qué.

En una época difícil de la historia de Barranquilla y Cartagena comenzaron a aparecer muertos jóvenes sin que nadie tuviera la menor idea de por qué. El misterio se hizo mayor porque, si bien todos eran jóvenes de clase alta, de familias reconocidas en la ciudad, algunos de los que aparecían abaleados eran ‘muchachos buenos’ y otros ‘chicos malos’, pues terminaron enredados, de una u otra forma, con el narcotráfico. Hoy, quince años después, SEMANA pudo conocer que todos tuvieron un común denominador: los celos enfermizos o la paranoia de Víctor Mejía Múnera, más conocido como el Mellizo o Chespirito.

De él, y de su hermano Miguel, se acuerda el país porque eran los dueños de los 35 millones de dólares en fajos de billetes que la Policía descubrió encaletados en las paredes de un apartamento en Bogotá en 2001. Y también por el escándalo que se armó, en 2005, cuando trataron de colarse en la negociación de los paramilitares con el gobierno. La historia de los dos, sin embargo, terminó en 2008 cuando Víctor fue abatido en el bajo Cauca y Miguel fue capturado en Tolima y luego extraditado a Estados Unidos.

Una persona que trabajó por muchos años con Víctor Mejía le contó a SEMANA la historia de cómo este mataba por placer o por antojo, sin consultarle a nadie, y se convirtió así en el terror de la Arenosa.

En los años setenta, el Mellizo se fue de su Cali natal a Buenaventura a trabajar con la Flota Mercante Grancolombiana. Viajaba del puerto hasta Houston y con el paso de los días comenzó a llevar pequeñas dosis de marihuana y anfetaminas. En un viaje se arriesgó con 40 kilos y uno de los marineros lo delató. El capitán dio aviso a las autoridades, pero el Mellizo, antes de que el barco atracara en Houston donde lo estaban esperando para arrestarlo, se lanzó al mar. Y terminó en Nueva York, donde comenzó a trabajar en una panadería.

Cuando se tomó confianza, comenzó a comprar coca y a revenderla. Su contacto en Colombia era Gonzalo Rodríguez Gacha, el Mexicano. Llegó a controlar varias cuadras de la calle Astoria y su poder le alcanzó para tener 20 empleados y enfrentar a una banda de jamaiquinos. Después de siete años en Nueva York, en 1988 regresó a Cali y comenzó a trabajar por su cuenta. Un año después, cuando murió el Mexicano, el Mellizo empezó a enviar coca a Nueva York a través del Chapo Guzmán y de Amado Carrillo, que eran los contactos de Rodríguez Gacha en México.

Todo iba bien para él, hasta que la guerra entre Pablo Escobar y los Rodríguez Orejuela lo hizo abandonar Cali en 1991. Escobar lo quería matar, él se fugó a Barranquilla y comenzó entonces a sacar la droga por La Guajira. En ese momento comenzó la mala hora para los jóvenes de la Arenosa.

Desde que llegó, en 1993, el Mellizo se hizo muy popular por su afición a las motos Harley-Davidson, de las cuales tenía más de diez. Le gustaba hacer recorridos por el norte de la ciudad y frecuentaba el parque Washington, un sector de restaurantes, bares y familias acaudaladas. También le gustaba la música electrónica, mandaba a buscar las mejores pastillas de éxtasis en Holanda y las repartía en las discotecas en Barranquilla y Cartagena.

El Mellizo pasaba la mayor parte del tiempo controlando su negocio de narcotráfico y su principal preocupación era que no se metieran con su esposa ni con sus novias y mucho menos con las madres de sus cinco hijos. Su mujer, que había estudiado en un prestigioso colegio de la ciudad, le decía que sus antiguos novios la llamaban para coquetearle y ese tipo de comentarios dieron lugar a la mayoría de las muertes. Pero hay quienes afirman que era ella la que llamaba a los exnovios y después le decía lo contrario al Mellizo.

Uno de los primeros muertos fue Rafael Vergara Vergara, a quien apodaban el Comegato, hermano de la actriz Sofía Vergara. El hermano de la Toti, que era rumbero y tocaba el acordeón, no andaba en buenos pasos. Sobre su homicidio se tejieron en principio muchas versiones, una de ellas decía que le había pegado a Chespirito una cachetada en el baño de una discoteca. Pero la fuente de SEMANA asegura que el Mellizo se enteró por un amigo de los dos que Comegato estaba rondando a su mujer. “Eso fue suficiente para ordenar su muerte”, ocurrida en Bogotá el 12 de junio de 1995.

Jorge ‘Tito’ Nasser Arana fue asesinado el 2 de abril de 2001 en Barranquilla. Sus padres, Julio Nasser y Sheila Arana, tuvieron líos con la justicia. Tito estuvo en la cárcel dos años y, 20 días antes de su asesinato, fue absuelto del delito de lavado de activos. El motivo de su muerte es aún más extraño porque Nasser Arana no se metió con ninguna de las mujeres del Mellizo, sino que fue este quien se metió con su esposa y lo mató por hacerle el reclamo. En medio de la paranoia, Mejía Múnera llegó a creer que Tito lo iba a matar.

Un primo de Tito, Joseph Jalil Nasser, no estaba metido en negocios sucios, pero también fue asesinado. Su único pecado, según la fuente, fue haber sido novio de la mujer y madre de los hijos del Mellizo cuando estaban en el colegio.

Alfredo ‘Api’ Abello Silva, hermano de José Rafael ‘el Mono’ Abello, líder del cartel de la Costa, fue asesinado el 5 de marzo de 1995 cuando salía de un gimnasio en Barranquilla porque se atrevió a seducir a una de las novias de Mejía Múnera. A Api le habían hecho un atentado en Santa Marta días antes y era un reconocido donjuán.

A uno de los chicos buenos que el Mellizo ordenó matar, según la fuente, fue Jaime Guinovart, un estudiante universitario muy atractivo. Guinovart era miembro de una familia de reconocidos empresarios. Y a Jorge Hané, miembro de una familia propietaria de un concurrido café restaurante, lo dejó inválido. Su familia se fue de Barranquilla pues nunca supo quién había disparado contra su hijo. En ese caso, un testaferro de Jorge 40 le dijo al Mellizo que el café era frecuentado por agentes de la DEA.

Otra de las misteriosas muertes fue la de Carlos Bolívar. Era un joven muy apreciado en los círculos sociales de la ciudad a pesar de que también terminó andando con el Mellizo. No es muy claro por qué pero, según la fuente, el propio Mellizo lo mató.

Armando Angulo Izasa, a quien apodaban el Polaco, era hijo de una familia prestante, pero no parecía tener límites. Terminó enredado en la seductora vida del Mellizo. Fue uno de los últimos asesinados y su cuerpo apareció en una fosa en Aguachica, Cesar.

El caso de Álvaro José Castro, alias el Mopri, es diferente. Castro tenía negocios con el Mellizo, coronó un envío y le hizo creer a Mejía que había fallado. El Mellizo no lo perdonó y a plena luz del día, sentado en un centro comercial, le pegaron un tiro en la cabeza.

Y hubo también equivocaciones como la cometida contra Hernando Salazar, a quien por órdenes del Mellizo asesinaron creyendo que era Gustavo, su hermano, al que estaban buscando para que respondiera por los contactos que estaba haciendo con la DEA. A Salazar le decían el Macabí y tenía en ese entonces una repostería en Cartagena.

Los anteriores de una u otra manera tenían negocios con el Mellizo o estuvieron involucrados en el narcotráfico o lavado de activos, pero sus homicidios fueron cometidos por un chisme según el cual estos se habían metido o estaban seduciendo a su mujer o a alguna de sus amantes.

El Mellizo hizo historia en Barranquilla y aun hoy muchos no quieran acordarse de él –pronunciar su nombre les produce pánico a algunas personas– pues aunque Víctor está muerto y Miguel extraditado, los sicarios del combo de los Magníficos, que Víctor fundó, al parecer siguen ejecutando órdenes que vienen de la cárcel donde está su hermano preso.

“El Mellizo era rencoroso, no consentía a los sapos y él mismo ‘hacía sus vueltas’, le gustaba matar”, dice la fuente.
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