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| 7/16/2016 12:00:00 AM

Grietas en el Centro Democrático

El uribismo se encerrará esta semana para tomar decisiones sobre la dirección de su partido, y definir si se va por el No o por la abstención en el plebiscito por la paz.

Contar con un líder carismático y con la fuerza política que tiene Álvaro Uribe Vélez, le ha permitido al Centro Democrático (CD) consolidarse como partido. Con apenas tres años de vida se convirtió en el principal referente de la oposición al presidente Juan Manuel Santos, en especial en lo que se refiere al proceso de paz.

Pero aunque la figura de Uribe es un punto de convergencia y de unión, hay temas que causan divisiones internas. Estas quedaron en evidencia con unas duras declaraciones del senador José Obdulio Gaviria, fundador del partido, en las que señaló que el excandidato presidencial, Óscar Iván Zuluaga, debe abandonar su dirección. Y fue más allá: “Óscar Iván nunca debió ser el director del partido”, dijo.

Las declaraciones de José Obdulio responden a un enfrentamiento de vieja data con Zuluaga, cuando en 2013 este último, como precandidato presidencial, manifestó que el primero no debería hacer parte de las listas al Congreso del Centro Democrático. En su momento Zuluaga consideró que el nombre de Gaviria, al ser señalado de haber recibido dineros de su primo –Pablo Escobar—para financiar campañas anteriores, no le hacía bien al CD. Detrás de esa disputa también se escondió la cercanía entre José Obdulio y Francisco Santos, quien en la convención del partido terminó perdiendo frente a Zuluaga la posibilidad de ser aspirante presidencial.

Pero esta vez el enfrentamiento no se quedó en el terreno personal y dejó ver que en el Centro Democrático comienza a haber diferencias sobre la mecánica electoral y otras de carácter conceptual, cuando empiezan a sentirse los vientos de la campaña presidencial. Al día siguiente de las declaraciones de José Obdulio, varios congresistas salieron a apoyar su idea de renovar la dirección del partido. Entre ellos el senador Iván Duque, precandidato presidencial y para quien lo ideal es que la colectividad cuente con una dirección plural, compuesta por uribistas sin interés en ser elegidos.

A pesar de haber logrado casi 7 millones de votos en la segunda vuelta, hay varias razones por las cuales la permanencia de Zuluaga al frente del partido no está asegurada. Primero, la situación jurídica del excandidato, acusado de estar detrás de las ‘chuzadas’ del hacker Andrés Sepúlveda, que no está resuelta. Segundo, hay malestar en las toldas uribistas con la forma como Zuluaga entregó los avales a las elecciones locales en 2015. Y, tercero, en el tiempo que lleva como director, no se ha avanzado en la definición de unos estatutos que sirvan como marco básico de acción para los políticos del CD. “Somos un partido joven, y por ello la falta de reglas de juego para las elecciones, nos genera estrés y algo de incertidumbre. Sucede en todos los partidos”, dice la representante a la Cámara Tatiana Cabello.

Esa incertidumbre sobre la mecánica también tiene que ver con la manera como se elegirá al candidato presidencial. La mayoría de sus congresistas claman porque se haga una consulta abierta para escoger al abanderado. Esta idea la respalda incluso el exministro Carlos Holmes, quien desde hace meses está recorriendo el país en una precampaña y había propuesto que el candidato del CD para 2018 se escogiera poniendo en práctica una especie de elecciones primarias. “Lo importante es que haya equidad y transparencia en la elección del candidato”, insiste.

A pesar de que quienes hacen parte del primer anillo de confianza de Álvaro Uribe le han pedido desde hace un año pronunciarse sobre los mecanismos para elegir el aspirante a la Presidencia y la dirección del partido, él ha preferido guardar silencio. Lo único que les ha expresado es que preferiría que los congresistas, diputados y demás elegidos por su partido llegaran a la convención, que tendrá lugar en septiembre con un consenso sobre ambos temas. Esto, en aras de evitar escándalos como el de 2013, cuando al final de la misma Francisco Santos puso en duda la votación interna mediante la cual Zuluaga fue elegido candidato.

A los dilemas anteriores se suma otro, no menos complejo: cómo se definirán las listas al Congreso para 2018. Aun si Uribe vuelve a encabezar la lista al Senado y embarcarse en una tarea parlamentaria por otros cuatro años, hay un debate interno sobre si las listas deben ser cerradas o de voto preferente. Quienes creen lo primero argumentan que, con Uribe en la cabeza, es difícil que los otros candidatos que la componen hagan campaña individual, invitando a votar por ellos y no por el jefe. Por su parte, quienes prefieren el voto preferente, insisten en que con este mecanismo el Centro Democrático podría tener una mayor votación, debido a que todos los aspirantes de la lista trabajan para ser elegidos. “En lista cerrada y con Uribe a la cabeza, los demás candidatos se echan a la locha. Así sucedió en 2014”, asegura un senador del Centro Democrático.

Esta semana, el CD realizará retiros espirituales para buscar consensos. Jueves y viernes, quienes tienen voz y voto en el partido tratarán, además de los anteriores, un tema de fondo que tiene que ver con la coyuntura: ¿votar No al plebiscito por la paz, o invitar a la abstención? Quienes abogan por el No aseguran que el Centro Democrático puede lograr una votación importante –e incluso triunfar– en contra de la refrendación de los acuerdos. Al fin y al cabo, en un plebiscito lo que predomina es el voto de opinión y no de maquinaria y la bandera de la oposición a las Farc puede ser muy rentable. Además creen que, si por alguna razón ganara la abstención, el resultado no sería adjudicado a los esfuerzos del partido por desestimular la votación –sino a la conocida abstención estructural que existe en Colombia–, lo cual le restaría relevancia en el debate.

Por otra parte, quienes defienden la alternativa abstencionista –entre quienes están Paloma Valencia, Holmes y Duque– creen que con ella evitan el costo político de oponerse al fin del conflicto. Adicionalmente, debilitarían la credibilidad del plebiscito por la paz, mecanismo que consideran ilegítimo. Por el momento, las apuestas indican que la abstención tiene más posibilidades.

En lo que sí existe consenso es que con los 3 millones de votos, que obtuvieron en las elecciones regionales de 2015, deben buscar una coalición de derecha, en la que también podrían estar figuras –como Marta Lucía Ramírez o el procurador– hoy más cercanas al conservatismo. “Por ahora no descartamos recoger otras bases que interpretan nuestro proyecto, y si eso implica acercamientos con quienes se oponen a la coalición entre liberales e izquierda que se formará con el argumento de la paz, estamos listos”, asegura la representante María Fernanda Cabal. Como en primera vuelta el Centro Democrático tendría candidato propio, esa coalición podría ser en la segunda vuelta.

En el corto plazo es posible que el Centro Democrático llegue a la convención de final de año con la propuesta de una dirección colegiada, en la que estarían la exembajadora Alicia Arango, el exsenador Juan Carlos Vélez y una tercera persona, de la cuerda de José Obdulio Gaviria. Pero si Uribe, en esta y en las otras decisiones de mecánica política, sigue callado, las divisiones entre sus miembros podrían profundizarse. Por el contrario, si habla, ya se sabe que la suya será la última palabra.

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