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| 11/23/2013 11:00:00 AM

Cazatalentos de cerebros fugados

El gobierno y la academia preparan un proyecto con el que aspiran nada menos que retornarlos a Colombia. Los retos son mayúsculos.

Colombia, que por décadas ha expulsado talento humano hacia el extranjero, está ahora buscando cómo recuperar sus cerebros fugados. Una comisión de sabios, creada en marzo, se está reuniendo para determinar las medidas y propuestas de un nuevo programa que apunta a que el país ‘cace’ de nuevo a sus talentos perdidos.

La ‘fuga de cerebros’ no es un asunto de nostalgia patriótica. La migración de personas altamente calificadas impacta notablemente la economía y el desarrollo de los países, porque todo el conocimiento y la capacidad de innovación que desarrollan esos individuos se pierden para el país y acaban beneficiando a las naciones que los acogen. 

Una reciente publicación reveló que solo en Estados Unidos, que recibe el 59 por ciento de la diáspora colombiana, los talentos nacionales ejercen en disciplinas como bioestadística, ingeniería aeroespacial, economía, administración, odontología, arquitectura, agronomía, medicina, literatura, arte y música. 

En Colombia, esa fuga se registra desde el auge de la industria petrolera en Venezuela en 1936. Luego le siguieron oleadas migratorias hacia Estados Unidos y España entre 1960 y 2005, alentadas por motivaciones económicas y por los vaivenes del conflicto armado y la violencia.

El gobierno y la academia creen que esos tiempos cambiaron y por eso, en marzo, pusieron en marcha el proyecto Plan de Impacto e Intercambio de Conocimiento: hoja de ruta para el retorno al país de recurso altamente calificado. Aunque muchos crean que es casi imposible convencer a compatriotas talentosos para que regresen, según el programa, muchos anhelarían hacerlo y el asunto es de incentivos. 

La comisión de sabios planea estímulos como la creación de puestos para profesionales con doctorados y posdoctorados, salarios similares a los que ganan en el exterior y hasta una prima única de manutención por 10 millones de pesos. Esas son las medidas que el grupo ha discutido en las tres reuniones que ha sostenido y en otra más que tendrá lugar en Bogotá. 

“Serán investigadores y no maestros universitarios de tiza y tablero”, explicó David Gleiser, asesor de innovación de Colciencias, entidad que junto a la Universidad Nacional, Purdue University, RutaN, el Parque Biopacífico, Fulbright Colombia y Ecopetrol, promueve la iniciativa y tienen sus representantes en la comisión.

Ann Mason, directora de Fulbright, una de las entidades becarias más importantes del mundo, dice: “Físicamente no hay que traerlos; basta con que trabajen desde sus sitios con proyectos de innovación que le aporten al país de origen”.

Pese al optimismo de la comisión, la tarea no es fácil. Según un estudio del Banco de la República de 2009: “Colombia registra un proceso de exportación neta de individuos altamente calificados con grado de universidad o posgrados (…), y quienes más retornan son los menos calificados”. 

El estudio muestra que los colombianos que residen en Estados Unidos son, en promedio, más calificados que los que viven en Colombia: “El 37 por ciento de los colombianos inmigrantes en Estados Unidos son universitarios o han hecho posgrados; mientras que solo el 14 por ciento de los residentes en Colombia han obtenido un grado similar”.

Países como Irlanda, Corea del Sur, India y Chile han logrado revertir la fuga con políticas y planes agresivos de repatriación. En la mayoría, sin embargo, la pérdida de capital humano altamente calificado es inevitable.

En Suramérica, Colombia es vista con aprecio en varios sectores de investigación. Según Proexport, cada año llegan al país jóvenes latinoamericanos y de otras regiones del mundo para realizar sus estudios en Medicina, Enfermería, Bacteriología y Odontología, “atraídos por la gran reputación del país en el sector de la salud”. 

Por algo, en ese campo Colombia tiene ejemplos destacados de ‘cerebros fugados’ como Rodolfo Llinás, médico neurofisiológico; Luis Parada, profesor y jefe del departamento de Desarrollo Biológico del Southwestern Medical Center de la Universidad de Texas, o Nubia Muñoz, la microbióloga que contribuyó al desarrollo de la vacuna contra el cáncer de cuello uterino, por citar algunos.

Francisco Miranda, director del Parque Biopacífico, localizado en Valle, donde se articulan proyectos que lideran el CIAT, el ICA, Corpoica y las universidades Nacional y del Valle, asegura que en Colombia “tenemos un déficit muy grande de cerebros”. Miranda, que es economista e integrante de la comisión de sabios, cree que para atraer a los talentos fugados se debe fortalecer la investigación local. El profesor argumenta que mientras Brasil anualmente promueve 10.000 doctorados, en Colombia apenas se gradúan unos 800.

En agosto pasado, 650 científicos colombianos, a través de una carta pública le hicieron saber su molestia a la directora de Colciencias, Paula Arias, por haber declarado que “faltan más y mejores científicos” y que “el que quiera hacerse rico, que no se dedique a ser investigador o profesor universitario”. 

El grupo, que se autodenomina Diáspora de Científicos e Investigadores de Colombia, le recordó que salieron del país motivados no por el deseo de riqueza, sino para educarse y por las oportunidades que les brindan en otros países, y que desean regresar pero “Colombia no puede seguir ignorando el capital humano con formación de alta calidad”.

En 2008, la revista Poder 360 grados, que circula en varios países del continente, publicó un especial sobre los ‘cerebros fugados’ de Colombia, con una encuesta a 50 de ellos que confirma las dificultades que enfrenta el proyecto del gobierno y la academia para repatriarlos. Un 64 por ciento de los consultados migró en busca de maestrías y doctorados, mientras un 14 por ciento lo hizo por ofertas de trabajo. 

La encuesta confirma la poca probabilidad de retorno, ya que casi todos llevan más de cinco años por fuera y solo 14 de los consultados regresaría al país. Al final, reconocen que a Colombia le faltan salarios competitivos e inversión en investigación (en otros países los salarios de un médico como mínimo duplican los que se ofrecen en el país).

Con ese panorama, cazar esos talentos perdidos no solo requerirá de voluntad política, todo un programa y ofertas competitivas, sino de una buena chequera.
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