Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/08/13 00:00

“Es falso que los acuerdos de paz se puedan renegociar": César Gaviria

El expresidente coordinador de la campaña por el Sí, responde las críticas del uribismo sobre el proceso de paz y explica las bases de su estrategia a favor del plebiscito.

César Gaviria. Foto: Guillermo Torres

SEMANA: Hay varias campañas a favor del Sí. ¿Cuál es la suya?

CÉSAR GAVIRIA: Esta campaña por el Sí a la paz está por encima de la coalición. Es una campaña de coordinación general –no de jefatura– entre movimientos sociales, ciudadanos y partidos a favor de la paz. Si bien partidos como el Liberal, La U, el Verde o Cambio Radical serán autónomos en las actividades de la campaña, serviremos como articulador en temas como logística, publicidad y construcción de mensajes.

SEMANA: Aunque el Consejo Nacional Electoral no ha definido la fecha de inicio formal de la campaña, en la práctica esta ya arrancó. ¿Cómo ha visto este arranque?

C.G.: Estar en una campaña no es fácil porque aún no se conocen los acuerdos definitivos de paz. Esperamos que estos ya estén plenamente divulgados para cuando se convoque al plebiscito, porque son bastante complejos y largos, y hacerles pedagogía no será sencillo. Una vez estén listos deberemos transformarlos en un lenguaje común y tratar de que la gente entienda que responden a un esfuerzo de más de cuatro años entre las partes. Nuestro reto es esencialmente comunicacional.

SEMANA: En varias oportunidades usted ha señalado que parte de su trabajo será romper mitos que se han generalizado sobre el proceso de paz. ¿A cuáles se refiere?

C.G.: Un primer mito es que el proceso de paz se hizo para las Farc, lo cual no es cierto. Este es un proceso para todo un país. De hecho, temas concretos como la justicia transicional se le van a aplicar tanto a los guerrilleros, como a los militares, empresarios y demás actores del conflicto. En el caso particular de los militares, es evidente que muchos esperan resolver su situación judicial a través de la justicia transicional que se está acordando. Y paradójicamente el expresidente Uribe, que tanto defiende un tratamiento justo para los militares, no tiene respuesta para aquellos que cometieron irregularidades en el conflicto y que hoy se preguntan cómo se resolverá su situación. En caso de que en el plebiscito gane el No, ellos tendrían que seguir siendo juzgados con la severidad de la justicia ordinaria. Los acuerdos de paz son también una solución para todos los actores que han participado de la guerra, incluidos los militares.

SEMANA: ¿Cuál es el segundo mito?

C.G.: La campaña por el No insiste en que si gana, los acuerdos se pueden renegociar. Pero sobre eso no hay certeza. Si llegaran a renegociarse, eso ocurriría en otro gobierno y no sabemos si para entonces las partes estén dispuestas a hacerlo. Tampoco sabemos si Estados Unidos o la comunidad internacional volverían a apoyar un acuerdo con la contundencia que lo han hecho. Es falso que los acuerdos de paz se puedan renegociar: si estos no se aprueban en el plebiscito, es duro decirlo, pero volvería la guerra.

SEMANA: ¿Cómo ve la articulación entre las diferentes campañas?

C.G.: Aunque todas las campañas por el Sí tienen un objetivo común, van por diferentes caminos. Hay muchos sectores en la izquierda que están en la oposición y tienen su propia explicación, distinta a la de la coalición, de por qué van a votar por el Sí. A ellos se suman sectores sociales que están con la paz, jóvenes, estudiantes, trabajadores, sin necesariamente coincidir con el resto de temas de la agenda del gobierno. El reto de articular las distintas campañas pasa por hacer que la gente entienda que este no es un plebiscito sobre Santos, sino sobre si el país quiere o no cerrar el capítulo de las Farc. Nunca antes ha habido un acuerdo de paz tan completo.

SEMANA: Los expresidentes Uribe y Pastrana insisten en que el proceso, como está ahora, implica impunidad. ¿Qué opina?

C.G.: Ni en Colombia, ni en Irlanda ni en Sudáfrica, ni en ningún otro país del mundo, quienes han negociado la paz han ido a la cárcel. El expresidente lo sabe y de hecho, a conciencia, él mismo ha aprobado indultos. Lo hizo con el proceso del M-19 y con el que lideró con los paramilitares que son quienes más crímenes de lesa humanidad han cometido. La mayoría de paramilitares, que amparó la Ley de Justicia y Paz durante la década pasada y que son casi 20.000, están en la calle. Y aunque el expresidente sí extraditó a algunos, no lo hizo para castigarlos sino porque se le colaron jefes del narcotráfico en la negociación.

SEMANA: Según la última encuesta publicada por SEMANA, el 88 por ciento de los colombianos quieren que los guerrilleros vayan a la cárcel. ¿Cómo hacer campaña contra esa creencia?

C.G.: Es natural que la gente quiera cárcel. Pero hay que entender que la búsqueda de la paz se negocia porque ninguna de las dos partes, ni el Estado ni las Farc, le ganó militarmente a la otra. La ventaja de este proceso es que cuenta con garantes internacionales de la más alta credibilidad, que no son ni del gobierno ni de las Farc, y que trabajan porque se sepa la verdad. Hay que aclarar, además, que si un miembro de las Farc deja por fuera de su testimonio algún delito tendrá que enfrentarse a la justicia ordinaria, y que habrá sanciones severas contra quienes hayan cometido crímenes de lesa humanidad.

SEMANA: ¿Cómo tiene concebida la campaña por el Sí?

C.G.: Esta campaña es atípica porque los protagonistas no son necesariamente los partidos, sino organizaciones sociales y ciudadanas que tradicionalmente no participan en política. Vamos a segmentar los mensajes sobre la paz para diferentes audiencias.

En el mundo rural, que ha sufrido la violencia con más fuerza, nos apoyaremos en la expresión de “Fin de la guerra”, la cual tiene un enorme peso sobre la vida y el pensamiento de la gente. Y en las ciudades, donde la gente no ha sufrido la guerra en carne propia, haremos énfasis en los cambios que se podrán hacer una vez termine la guerra.

SEMANA: ¿Encuentra parecidos entre esta campaña y la de la Constituyente?

C.G.: Sí. Al igual que sucedió en 1990, en esta campaña participan sectores que tradicionalmente han sido contestatarios y que se han sentido excluidos de la vida política, en especial de izquierda. Adicionalmente, alrededor de la paz convergen sectores amplios de la Iglesia, empresarios y movimientos sociales que le apuestan al cambio. Esta no es una campaña exclusiva de los políticos, y es suigéneris porque, de manera similar a la Constituyente, ellos no buscan elegirse.

SEMANA: ¿Cuántos votos espera que saque el Sí?

C.G.: Hoy, cuando el plebiscito aún no tiene ni siquiera fecha, contamos con un voto soft que podría estar alrededor de los 5 millones. A medida que se acerquen la firma final de la paz y el día de la refrendación de los acuerdos, esperamos contar con una intención de voto más fuerte, que esperamos que supere los 12 millones.

SEMANA: ¿Es posible sacar tantos votos, sin que los políticos estén en campaña para reelegirse?

C.G.: La baja votación que hubo para elegir los constituyentes del 91 (un poco más de 3 millones de votos) evidenció que cuando la elección de los políticos no está en juego, los protagonistas de cualquier campaña deben ser los movimientos sociales y ciudadanos. Nos tocará aprender de esa experiencia.

SEMANA: ¿Cómo va a ser su día a día en la campaña?

C.G.: Mi tarea será la de aportar a la construcción y vocería de un mensaje unificado sobre la paz. Estoy aquí para desmentir mitos y responderle a la contraparte, al Centro Democrático, que los argumentos que están utilizando no son válidos. Me mantendré en la actitud de responder, tratando de evitar las confrontaciones personales y mantener un nivel alto en la discusión política. Mi prioridad es hacer una campaña que le ayude al ciudadano a entender qué es lo que va a decidir, cuál es la importancia de votar el plebiscito, qué pasa si este es aprobado, y qué pasa si no.

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