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| 3/12/2016 12:00:00 AM

César Gaviria, más recargado que antes

Aunque nunca ha estado desconectado del poder, la actividad del expresidente se encuentra en un momento de alta intensidad política.

En junio de 2005 el Congreso Liberal eligió a César Gaviria director único del partido y le asignó una doble misión. Por un lado, movilizar la política alrededor de la candidatura presidencial de Horacio Serpa. Por otro, devolverle al liberalismo figuras como las de Rafael Pardo y Andrés González, quienes, en 2003 y como congresistas, habían montado la disidencia del Nuevo Partido para viabilizar el nacimiento del uribismo.

Aunque Gaviria no ha dejado de estar presente en la escena política y se ha convertido en el contrapeso por excelencia del uribismo, durante los últimos meses su protagonismo ha crecido y ha adquirido características similares a las que tuvo hace diez años.

Como en esa ocasión en el liberalismo no hay grandes disidencias, y la cercanía al gobierno le ha servido para tener coordinadas a la mayoría de sus filas, esta vez la apuesta del expresidente va más allá de su propio partido. Ha dedicado las últimas semanas a darle vida a la Unidad por la Paz, una idea que encontró eco en el gobierno, que busca convocar a otros partidos que abiertamente apoyen las conversaciones con las Farc para que se comprometan a participar, en el mediano y largo plazo, en la puesta en marcha de los acuerdos a los que se llegue en Cuba. Para los liberales, haber estado al frente de la negociación con el M-19 a comienzos de los años noventa y haber promovido la Asamblea Nacional Constituyente como parte de un acuerdo nacional son dos referencias que Gaviria encuentra en su propia historia para imprimirle entusiasmo a la defensa de la paz. “Él sabe que los procesos de paz necesitan legitimidad política, por eso, en ese tema él tiene un liderazgo fuerte, que puede ser aún más fuerte”, afirma el presidente del Congreso, Luis Fernando Velasco.

En términos prácticos, y desde febrero, el expresidente ha convocado a los directivos de La U y del Partido Conservador a hacer parte de este proceso. En un almuerzo en su casa a comienzos de febrero, Horacio Serpa, codirector liberal, Roy Barreras, presidente de La U, y David Barguil, jefe del conservatismo, coincidieron en la necesidad de hacer un frente común para defender el proceso y el referendo propuesto por el gobierno para consolidar los acuerdos resultantes en La Habana.

En la política colombiana, en muy pocos casos sus protagonistas hacen acuerdos sin un propósito electoral. Por ello, si bien en la reunión sostenida en la casa de Gaviria solo hablaron de la necesidad de construir un frente político a favor de la paz, sus asistentes salieron pensando de qué modo participar en este frente puede viabilizar las candidaturas presidenciales de sus respectivos partidos. De hecho, desde ese encuentro, congresistas de La U y del liberalismo comenzaron a especular sobre la posibilidad de que entre esos tres partidos surja una fórmula para escoger un candidato único que –con el discurso de la paz– pueda llegar a la Casa de Nariño en 2018.

Algunos liberales insisten en que, más allá de que se concrete una posibilidad de alianza, el candidato de Gaviria para representar al liberalismo dentro de dos años sería Humberto de la Calle. Y es que el jefe del equipo negociador de La Habana cumple todos los requisitos para ser el candidato del expresidente. Como ministro del Interior, fue uno de los funcionarios más destacados del gobierno de Gaviria y tuvo a su cargo, entre otros temas, la interlocución del gobierno con la Asamblea Constituyente y su vocería en las negociaciones con la Coordinadora Guerrillera en 1991. Posteriormente, afianzó su relación con el expresidente cuando renunció a la Vicepresidencia de Ernesto Samper por cuenta del escándalo del proceso 8.000.

Si algo le reconocen los políticos a Gaviria, es que sabe manejar los tiempos del poder. Ejemplo de ello es que en 2010 entró a apoyar la primera campaña de Juan Manuel Santos cuando la Ola Verde estaba en su punto máximo de efervescencia, y se convirtió en su jefe de debate cuando el uribismo, en cabeza de Óscar Iván Zuluaga, se acercaba a la posibilidad de volver a la Presidencia en 2014. Por eso, quienes lo conocen dicen que durante este año defenderá a capa y espada el discurso de la paz, y que el año entrante, una vez definido el contexto político posacuerdo, apoyaría de frente una candidatura de De la Calle.

Contrario a lo que podría pensarse, la cercanía de Gaviria con el jefe negociador no genera mayor malestar en el partido. Según dijeron varios dirigentes liberales a SEMANA, si De la Calle decide ser candidato participaría de una consulta interna en el liberalismo. Esta consulta garantizaría tranquilidad de otros posibles aspirantes, como el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, el senador Luis Fernando Velasco o el exalcalde de Medellín Aníbal Gaviria.

Otro síntoma de que el liderazgo de Gaviria en el partido se encuentra en un buen momento es su cercanía con el senador Horacio Serpa. Después de muchos años, la división entre el gavirismo y el samperismo, donde alguna vez se ubicó Serpa, ya no tiene vigencia. El hoy senador ha acompañado al expresidente a sus reuniones para lograr la unidad partidista por la paz, y entre parlamentarios, concejales y diputados se dice que cuenta con el apoyo de Gaviria para pasar de ser codirector a presidente del partido. Además, ambos comparten un propósito personal: apoyar la carrera de sus hijos, Simón y Horacio José, ambos decididos por la política y de la misma generación.

En el círculo del expresidente se mencionan razones adicionales por las cuales su participación en la política nacional está pasando por un momento de alta intensidad. Una de ellas tiene que ver con que las figuras cercanas a él están en el gobierno: Rafael Pardo, Luis Carlos Villegas, y el mismo Simón. Esto implica que no pueden dar de frente peleas estratégicas para el liberalismo, como la que supone hacerle contrapeso al poder electoral que hoy tiene el partido del vicepresidente.

Y es que si bien las relaciones entre Germán Vargas y Gaviria hoy en día son diplomáticas, el exmandatario sabe que desde hace dos años el pulso del liberalismo es con Cambio Radical. La tensión entre ambos partidos se hizo evidente cuando Gaviria no invitó a ningún directivo de este a la reunión de Unidad en su casa, a lo cual se sumaron dos desencuentros recientes. El primero tuvo que ver con la elección de contralor en 2014. Si bien los liberales apoyaban la candidatura del exrepresentante Gilberto Rondón, Cambio Radical impulsó la aspiración de Edgardo Maya, quien terminó elegido. El segundo, con el malestar que generó en las toldas rojas la presencia inesperada de Vargas en la cumbre de gobernadores, organizada en noviembre pasado por el exministro liberal Amylkar Acosta en Villavicencio. Por cuenta de ese episodio, Serpa acusó al vicepresidente de politiquero. “Las actitudes oficiales del doctor Vargas Lleras, los desaires públicos a mucha gente…han causado desagrado entre los aliados del gobierno y están lesionando la integridad de la Unidad Nacional. En el Partido Liberal hay inconformismo”, dijo.

César Gaviria es el expresidente más activo en la política nacional. Con el paso de los años, y a pesar de que nunca ha salido de las toldas rojas, ha entendido que hoy en día las elecciones se ganan defendiendo causas más que partidos. Por eso, de la estrategia que diseñe para convertir en votos el papel político del liberalismo en la definición de acuerdos con las Farc, y del éxito que tenga en su apuesta de consolidar la Unidad por la Paz, dependerá buena parte de la dinámica del poder y –por supuesto– de la próxima contienda presidencial.

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