Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/06/25 00:00

El memorial de agravios de Uribe

Tan pronto se anunció el fin del conflicto, el expresidente abrió fuego contra todo lo acordado. Ahora que el proceso no tiene reversa ¿en qué queda la oposición?

El Expresiendete Álvaro Uirbe Vélez hizo público un memorial de agravios contra el acuerdo del cese al fuego bilateral anunciado en la habana la semana pasada. Foto: Guillermo Torres

"La palabra paz queda herida por el gobierno que amenazó con terrorismo urbano y más impuestos para justificar su claudicación ante el terrorismo (…). La palabra paz queda herida con la aceptación de que los responsables de delitos de lesa humanidad como secuestro, carros bomba, reclutamiento de niños y violación de niñas no vayan un solo día a la cárcel y puedan ser elegidos a posiciones públicas (…). La palabra paz queda herida por un gobierno que ha engañado al pueblo y manipulado las normas jurídicas para cambiar la Constitución al antojo del grupo terrorista, que con aprobación oficial somete a las instituciones en lugar de someterse a ellas”.

Con frases como esas, todas comenzando con “la palabra paz”, el expresidente Álvaro Uribe hizo público su memorial de agravios contra el anuncio del fin del conflicto en la ceremonia de La Habana el jueves pasado. Como siempre hubo muchos uribistas –y algunos no uribistas– que estuvieron de acuerdo con su posición. Sin embargo, dado el estado de ánimo del país después del anuncio del cese al fuego bilateral, el botafuegos tuvo algo de inoportuno.

Para el expresidente y sus seguidores no fue una sorpresa, ni una derrota, que se firmara lo que en la práctica es el fin de la guerra. Sabían que eso se venía y que no lo iban a poder evitar. La firma para ellos no es más que la confirmación de los temores que habían expresado durante los últimos meses.

Vea: Uribe recoge firmas en contra del proceso de paz con las Farc

Lo que sucede, sin embargo, es que esos temores no son tan válidos como parecen. Muchos colombianos tienen un recuerdo tan grato del gobierno de Uribe, y su personalidad es tan carismática, que le han dado credibilidad a múltiples afirmaciones que carecen de validez. Él en la actualidad tiene una obsesión contra el presidente Santos y esto se ha traducido en una obsesión contra el proceso de paz. Sin embargo, el origen de esa bronca poco tiene que ver con la paz. Y la mayoría de los elementos del proceso negociados en La Habana coinciden con planteamientos que el propio Uribe había hecho en el pasado.

El origen de esa animadversión no es la supuesta impunidad del proceso de paz, ni que los guerrilleros puedan hacer política, ni que esto quede incorporado al bloque constitucional. El expresidente había propuesto esas tres cosas en el pasado.

Como ya se ha dicho, como senador fue el ponente de la Ley de Indulto que garantizó que ninguno de los guerrilleros del M-19 pudiera ir a la cárcel después de firmada la paz. Igualmente, CM& reveló la semana pasada que el 3 de octubre de 2004, cuando era presidente y estaba sobre el tapete un posible proceso de paz con las Farc, él hizo la siguiente declaración: “Si un acuerdo de paz aprueba que los guerrilleros de las Farc vayan al Congreso, hay que remover el obstáculo constitucional que lo impide, porque hoy el ordenamiento jurídico prohíbe la amnistía y el indulto para los delitos atroces. Entonces, en un acuerdo de paz con las guerrillas, ese cambio habría que llevarlo a efecto constitucional para que puedan ir al Congreso por el bien de la patria”. Por lo tanto hace 12 años, que los guerrilleros pudieran hacer política y que esto quedara consagrado en la Constitución era para él “por el bien de la patria”. Pero ahora que lo está haciendo Santos, para el expresidente es el fin de la patria.

A cualquier otro político le habrían cobrado semejante incoherencia. Pero Álvaro Uribe no tiene seguidores sino adoradores, y en ese mundo la verdad tiene menos peso que la fe.

Si hace unos años Uribe coincidía con todo lo que está haciendo Santos ahora por el proceso de paz, ¿por qué se ha convertido en el mayor crítico de este? En realidad por posiciones que asumió Santos que indignaron a su exjefe y que poco tenían que ver con la paz. No fue por haber nombrado en el primer gabinete a personas que Uribe consideraba enemigas (Juan Camilo Restrepo y Germán Vargas); ni siquiera por haberse reconciliado con Chávez; sino sobre todo por haber cambiado la terna del fiscal. Uribe había enviado una con los nombres de Camilo Ospina, Margarita Cabello y Marco Velilla. La Corte Suprema, que estaba en choque de trenes con él, le dio largas a la elección dejando claro que no iba a escoger fiscal durante su gobierno. Al llegar Santos al poder, en lugar de manejar la situación con los nombres originales, cambió la terna, lo cual desembocó primero en la elección de Viviane Morales y luego en Eduardo Montealegre. Para Uribe ese es el origen de lo que él considera una persecución judicial contra él, su familia y sus colaboradores.

Por cuenta de esa situación se convirtió en un kamikaze contra el proceso de paz. Como no está a favor de la continuación de la guerra, su bandera ha sido la de una paz con las cabezas de las Farc en la cárcel y sin derecho a hacer política. Esa es una paz imposible, pues nunca en la historia un grupo insurgente ha negociado el final de un conflicto armado para terminar en la cárcel. Y si una guerrilla acepta negociar, lo hace solamente para cambiar las balas por votos. Así ha sucedido en todos los países y también en Colombia en las negociaciones de paz con el M-19, el EPL y el Quintín Lame.

La posición de Uribe, que carece de todo fundamento, se ha convertido en dogma para la mitad del país por cuenta de la credibilidad de la que goza. ¿Qué sigue ahora? Como el acuerdo de La Habana no tiene reversa, el recurso de la oposición va a ser decir ‘Yo se los dije’ cada vez que suceda algo. Y para eso va a haber muchas oportunidades. Con el ELN fuera del redil, la paz total no se va a ver a corto plazo. Con las bacrim desbocadas, el narcotráfico y la inseguridad en el campo no van a desaparecer. Por lo tanto cada vez que un finquero se queje de la falta de seguridad en su región sentirá que Uribe tenía razón.

Sin embargo, ese es un sentimiento más emocional que racional. Problemas de seguridad no va a haber solo en el campo, sino también en las ciudades. Pero eso no cambia el hecho de que el país va a quedar mucho mejor con las Farc desmovilizadas. Podrá haber robos, atracos y hasta secuestros cometidos por la delincuencia común, pero terminará la guerra insurgente que producía no solo control territorial, sino reclutamiento de niños, pescas milagrosas, tomas de pueblos, carros bomba y cilindros en las iglesias. El acuerdo por firmar no es perfecto. Pero como dijo Felipe González en su columna de la semana pasada en El País de España, es el mejor posible.

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