Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2000/03/20 00:00

¿Cese al fuego?

Raúl Reyes lo mencionó. Pocos le creen, pero lo cierto es que también podría llegar a servirle a las Farc.

¿Cese al fuego?

Independientemente de sus resultados, es evidente que la gira por Europa de los negociadores del gobierno y de las Farc le dio un nuevo aire al proceso de paz. No sólo porque generó confianza en que el conocimiento de otras realidades ‘desparroquialice’ la visión del mundo que tiene ese grupo guerrillero, sino porque las declaraciones emitidas a lo largo del viaje por los negociadores fueron muy esperanzadoras. Comenzando por las distintas referencias que hizo Raúl Reyes a la posibilidad de un cese al fuego.

El sólo hecho de que uno de los máximos dirigentes de las Farc lo plantee como una alternativa real mejora sin duda las expectativas en torno del proceso. De allí que los analistas hayan empezado a preguntarse por las motivaciones de las Farc para lanzar ese globo ante la comunidad internacional y por la factibilidad de que un hecho como ese se produzca en el corto o en el mediano plazos.

Las opiniones están divididas al respecto. El vicerrector de la Universidad Nacional, Alejo Vargas, considera que la idea no es descabellada. Durante el proceso de paz del gobierno de Belisario Betancur las Farc declararon una tregua unilateral y mantuvieron el cese al fuego durante casi un año. Y las conversaciones no estaban tan adelantadas como las actuales. El analista Alfredo Rangel, en cambio, lo considera improbable. Para él, Reyes no hizo más que repetir en Europa lo que viene diciendo desde hace mucho tiempo: que para que haya un cese al fuego se necesita que se solucionen buena parte de los problemas del país y que las negociaciones avancen por lo menos en un 80 por ciento.

El contexto, sin embargo, es diferente. Porque si bien es cierto —como lo dice el propio Rangel— que las más beneficiadas con el viaje a Europa son las Farc, pues ‘‘en las pocas semanas de gira han avanzado políticamente más que en sus 40 años de lucha armada’’ al ser recibidas y tratadas por gobiernos extranjeros en condiciones de igualdad con los voceros del gobierno colombiano —lo que les da en la práctica un estatus bastante parecido al de beligerancia—, el solo hecho de que hayan aceptado la invitación a Europa tiene un gran significado.



Cooperación internacional

No hay que perder de vista el hecho de que uno de los promotores del viaje fue Jan Egeland, asesor especial del secretario general de las Naciones Unidas para Colombia, y que esa organización tiene toda una teoría sobre la cooperación internacional en los procesos de paz. Jean Arnault, quien actuó como mediador de la ONU en las negociaciones entre el gobierno y la guerrilla de Guatemala a comienzos de los años 90, le atribuye un gran valor a esa teoría.

Según Arnault, en un conflicto como el de Colombia —que tiene más similitudes con el de Guatemala de lo que se suele aceptar— la participación internacional juega un papel importante en dos aspectos: contribuir a la acumulación de una ‘masa crítica’ de factores en favor de la paz en el conjunto de la sociedad —incluyendo un compromiso cada vez mayor de las partes con el proceso mismo—, y lograr una serie de ‘éxitos parciales’ que le den credibilidad a la negociación para que pueda sobrevivir y consolidarse.

En Guatemala se negoció en medio de la guerra —ver recuadro— y sólo hasta el final se produjo el ansiado cese al fuego. Según los analistas, es altamente probable que en Colombia pase lo mismo. Por eso, sin embargo, el que en algún momento del proceso se llegare a presentar un cese al fuego —así sea de manera temporal— no sólo sería un gran ‘éxito parcial’ de los que considera importantes la ONU, sino que dispararía como pocas otras acciones la credibilidad de todo el proceso.



La oportunidad de las Farc

Surge entonces la pregunta: ¿Qué sacarían las Farc? Y la reacción de las Fuerzas Militares ante los anuncios de Raúl Reyes da una respuesta parcial: si se trata de un cese al fuego negociado con el gobierno y que obligue a las dos partes, se convertiría en una camisa de fuerza para el Ejército en su lucha contra la subversión. De allí que la semana pasada tuvieran lugar dos reuniones en Palacio entre el gobierno y los altos mandos militares para hablar sobre el tema y que el Ministro de Defensa haya salido rápidamente a decir que lo que se necesita no es un cese al fuego sino un cese de hostilidades (que incluya la suspensión de secuestros y extorsiones a lo largo del país).

Las Farc podrían aprovechar la ocasión, además, para dar un golpe de opinión. Y complicar aún más, por ejemplo, la discusión en el Congreso de Estados Unidos sobre la ayuda de ese país a Colombia. Aunque se ha repetido muchas veces que el componente militar de la ayuda —que es el principal— está destinado a combatir el narcotráfico en el sur del país, es claro que detrás está el concepto de una ‘narcoguerrilla’ decidida a defender su mayor fuente de ingresos. Pero en un escenario de cese al fuego no tiene mucho sentido destinar 1.000 millones de dólares a fortalecer la capacidad ofensiva del Ejército.



Nueva dinámica

Pero aun en el caso de que las Farc anunciaran en algún momento un cese al fuego de carácter temporal no serían muchas las razones para la euforia. Muchos de los temas estructurales de la negociación —como el paramilitarismo, el canje y el secuestro— seguirían intactos. No hay que olvidar, además, que ninguno de los temas de la agenda conjunta de negociación ha sido evacuado todavía, lo que quiere decir que el proceso se puede demorar todavía varios años. Y que las armas son un elemento muy poderoso de negociación.

Más allá de tal preocupación, no obstante, lo cierto es que la sola expectativa ha generado una dinámica muy positiva para el gobierno, que ha estado acompañada, además, de noticias esperanzadoras en relación con el Ejército de Liberación Nacional. Después de dos semanas en que ese grupo guerrillero puso en jaque al gobierno con la voladura de torres de energía y con el bloqueo de algunas de las más importantes carreteras del país, el acuerdo logrado con los pobladores del sur de Bolívar y la selección de un negociador nato, como el embajador en Cuba Julio Londoño Paredes, para desentrabar las conversaciones con ese grupo guerrillero —ver artículo— han mejorado las apuestas también en ese frente.

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