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| 2/10/1986 12:00:00 AM

CHAO Y GRACIAS

William Jaramillo, El Espectador y Galán tumban al nuevo Alcalde

El Presidente de la República y Diego Pardo Koppel nunca habían hablado de la posibilidad de la renuncia del joven Alcalde. Lo hicieron por primera vez el día jueves 9 de enero, en la reunión de gobernadores en el Palacio de Nariño. En breve diálogo que sostuvieron en privado, Pardo Koppel manifestó que, aunque opinaba que lo que estaba sucediendo era el resultado de actitudes politiqueras no respaldadas por la opinión pública, reconocía la gravedad de la situación y en consecuencia le ofrecía su "retiro". Betancur le respondió que entendía esta decisión, pues aceptaba que el "espacio político" se había reducido a tal punto que era muy difícil manejar la administración distrital. Esa misma noche, telefónicamente acordaron la protocolización del retiro en entrega formal de carta a las 7 a.m. del viernes. Sin embargo, a las 4 y media de la mañana del día siguiente el Presidente lo llamó para cancelar la cita, con el argumento de que tenía un itinerario demasiado apretado y le sugirió que simplemente se la enviara. Pardo insistió en su deseo de hacerle entrega personal, agregando que estaría dispuesto a ir inmediatamente si fuera necesario. Ojeroso y en medio de la bruma, habría de recorrer por última vez en el Mercedes de la Alcaldía, la ruta norte-sur por la Avenida Circunvalar, para ser recibido por el Presidente pasadas las cinco y media. Betancur leyó rápidamente la carta, pronunció las protocolarias palabras de rigor, terminando con la frase, "el tiempo te demostrará la nobleza del pueblo bogotano".
En todo caso, la nobleza que no se veía por ningún lado era la de la clase política, incluyendo la de su propio partido. En 48 horas el Alcalde había perdido cronológicamente el apoyo político del Nuevo Liberalismo, el alvarismo a través de un editorial de El Siglo, el duranismo y finalmente el pastranismo, que argumentaba que "el problema había pasado de lo personal a lo político". Ernesto Samper estratégicamente extendió sus vacaciones, y no hubo pronunciamiento de su grupo.
El único respaldo categórico que el Alcalde recibió al final, fue el del editorial de La República que afirmaba:"Las verdaderas explicaciones que deseaban los grupos liberales -y también los conservadores-no eran las referentes a su conducta de siete años atrás, sino las atinentes a la contemporánea repartición de la partija burocrática. Era más bien un juicio de responsabilidades políticas que no se atrevio a mostrar las orejas". Sumada esta conspiración por la "partija burocrática", estaba según el editorialista la "gran prensa liberal", a la que acusaba de hacer terrorismo moral" para avanzar en sus propósitos partidistas.
En realidad al Alcalde lo habían tumbado William Jaramillo, El Espectador y finalmente Galán. A pesar de que el caso de la maleta de Fonseca tenía suficientes ingredientes para ser cuestionado ético-políticamente, no faltaron incongruencias de parte de quienes adelantaron el debate.
William Jaramillo, el denunciante, quien no consideró satisfactoria la respuesta de Pardo frente a los interrogantes éticos planteados por él, nunca pudo a su turno dar una explicación aceptable sobre por qué hizo la denuncia cuando Pardo fue nombrado Alcalde y no dos años antes cuando fue nombrado gerente de la CAR, como si los requisitos morales en una entidad fueran diferentes que en la otra. Galán, que inició la desbandada de retiros, mostró una incongruencia no menos protuberante, si se tiene en cuenta que nunca le exigio la renuncia a Rodrigo Lara Bonilla, quien dio explicaciones mucho menos claras que las de Pardo Koppel ante acusaciones mucho más graves. El Espectador fue coherente; sin embargo, incurrió en sevicia periodística al darle al tema 18 titulares en primera página durante los 26 días que duró el episodio, sin aportar prácticamente ningun etemento nuevo desde la denuncia original de William Jaramillo. Para los observadores esta actitud obedecía, no a las preocupaciones burocráticas que le atribuyó La República, sino a obtener un empate periodistico frente a El Tiempo, que acababa de meter el gol de Hisnardo Ardila. Curiosamente, El Tiempo, temeroso de ser acusado de devorador de alcaldes, incurrió en un exceso de prudencia hasta la penúltima hora.
El hecho es que la intensidad del ataque de los medios de comunicación obligaba a Pardo Koppel, prácticamente todos los días, a insistir en que no renunciaria, dejando la impresión de un hombre acorralado que desafiaba a la opinión pública. Su decisión de autodemandarse ante el Tribunal Superior de Bogotá, aun cuando gallarda, pareció ridícula. Finalmente, con el retiro del Nuevo Liberalismo, que es la fuerza política más importante del Distrito, sus días estaban contados. Galán astutamente había arrinconado al oficialismo, obligándolo a seguir su ejemplo para no quedarse atrás en materia de moralidad administrativa. El alvarismo fue el primero en romper filas dentro del Partido Conservador, y finalmente el pastranismo y el propio Presidente cedieron ante lo inevitable.
Pardo, finalmente se enfrentó a la realidad y comenzó a preparar maletas. El manejo que le había dado a la situación durante las tres semanas de su calvario, había sido torpe, particularmente en lo que se refería al misterioso y encumbrado personaje que le había presentado a Rodriguez. En sus últimas 48 horas, sin embargo, hizo lo que no había logrado hacer en los 26 días anteriores. En apariciones en RCN, Caracol y el Noticiero 24 Horas, así como en su rueda de prensa de despedida, logró convencer a sectores importantes de la opinión pública de que no obstante su participación en el caso de la maleta de Fonseca, era un hombre honesto y bien intencionado, que estaba siendo objeto de un tratamiento que no guardaba ninguna proporción con cualquier error de criterio que pudiera haber cometido en el pasado. Encuestas telefónicas llevadas a cabo por Todelar y RCN el día de su retiro, arrojaban cifras de apoyo cercanas al 70% en las dos cadenas. Tal vez tenía razón Belisario Betancur cuando le dijo al aceptarle la renuncia, que pronto se sorprendería de la nobleza del pueblo bogotano.
Ese mismo día se dio a conocer el nombre de su reemplazo: el discreto y respetado ministro de Salud, el cartagenero pastranista Rafael de Zubiría.
Además de su inmaculada hoja de vida, había un factor predominante en su selección para el cargo: el hecho de ser en la actualidad Ministro. Esto hace que tenga que ser politicamente aceptable para todos los sectores que lo han apoyado en el Ministerio de Salud, garantizandole al presidente Betancur que después de haberle tumbado dos alcaldes en un mes, al tercero no habrá quién lo ronde. --
CINCO EXPERTOS OPINAN
¿Existía incompatibilidad ética ?
Jesús Pérez Especialista en derecho constitucional
En mi opinión el Alcalde se descalificó el mismo, no en razón de lo que dijo en su declaración-peritazgo, en la cual es probable que tenga razón desde el punto de vista jurídico, sino por lo que calló ante la opinion pública que le reclamaba mas explicaciones y mas claridad. El doctor Pardo no supo explicar si quien lo contrató fue el señor Fonseca, alguien que se hizo pasar por el señor Fonseca, el señor Rodríguez, con su verdadera idéntidad o con otra suplantada, en su propio nombre o en el de un tercero. Nadie sabe el contenido completo de su declaración en la Corte americana, aunque se conoce parcialmente. Y es que ahí radica buena parte de su error: suministrar parte de la información y luego negarse a suministrarla totalmente. El cuenta, por ejemplo, cuanto le pagaron por honorarios, pero no quien le mandó el cliente. El haber observado la conducta que comentamos no lo inhabilitaba legalmente para ejercer el cargo de Alcalde, pero si politicamente, pues toda sociedad organizada es muchisimo mas exigente con quienes exalta a las más altas posiciones del Estado. Yo creo que asi debe ser.

Hernán Jiménez Arango
Director del periódico El Catolicismo
Las explicaciones que dio el ex alcalde Pardo Koppel acerca de su actuación en el caso de la maleta de Fonseca satisfacen tanto al derecho como a la moral. El cargo que se le hace de que declaró en un juicio contra Colombia no se sustenta en ninguna razón seria: los ciudadanos nos vemos con frecuencia envueltos en litigios en que la contraparte es el Estado. Si la persona que requirió el peritazgo del abogado Pardo Koppel después resultó ser un narcotraficante, es un despropósito de todo orden pretender transferir a aquél la culpa de éste. Y si el ex alcalde se negó a revelar el nombre de quien le presentó el caso, hizo bien en guardar el sigilo profesional; mas aún, extremó su sentido del deber hasta el sacrificio de su propia posición. Considero que el ex alcalde dio un ejemplo de integridad ética que le faltó en esta ocasión al periodismo, tanto por la malevolencia y el animo de injuria y personalismo que manifestaron los unos como por la expectativa oportunista en que se mantuvieron los otros.

Francisco Zuleta Holguín Abogado
Considero que es por lo menos difícil trabajar en el sector público cuando no ha existido una permanente dedicación a esto, o una total desvinculación con la vida de los negocios, ya que el comportamiento ético de uno y otro sector se rigen por principios diferentes. Como conclusión, considero que cualquier nombramiento debe tener como base el estudio de los antecedentes de la persona designada.

Alberto Preciado Experto en derecho público
No hay ninguna norma que preceptúe que un abogado peca contra la ética por emitir un concepto juridico conforme a su buena fe profesional. La opinión que se haya dado puede ser materia de controversia, pero jamas inconveniente para desempeñar posiciones públicas. Si eso fuera así, los abogados que litigamos en el campo del derecho público y que hemos demandado con éxito la nulidad de multitud de actos de las autoridades por contraria a la Constitución y a la ley, estaríamos impedidos de ingresar a la funcion pública.

Germán Sarmiento Palacio Experto en derecho internacional
Expreso los puntos de vista del movimiento Insurgencia Liberal al cual pertenezco.
Nosotros, en Insurgencia Liberal, nos apartamos del cuestionamiento moral y no jurídico que se le estaba haciendo al Alcalde. Consideramos tambien que es contrario a los principios liberales colocar la moral por encima del derecho. Pero el problema de Pardo era juridico desde el principio y no simplemente ético como ha dicho la mayoría. Pardo no explicó jamas cómo se puede ser abogado sin que exista el cliente, cómo se puede representar a alguien sin que exista la persona a quien se representa.
Consideramos, sin embargo, muy peligroso el precedente que se puede haber creado con la conducci6n y desenlace del debate, por razones únicamente morales y sin distinguir lo anecdótico de lo esencial. Se puede estar creando la tesis de que hay dos clases de abogados, los buenos y los malos, dependiendo de los clientes; lo cual impide que cualquier persona pueda servirse de abogadosid6neos para ejercer el derecho constitucional de defensa, necesario para que exista el concepto de justicia.
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