Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2008/05/17 00:00

A cinco bandas

Desde hace varias semanas se ha notado un giro en la estrategia de la Casa de Nariño. Las jugadas audaces han dado oxígeno para conjurar la crisis política. Todavía hay movidas que están por resolverse.

El Primer mandatario trata de zafarse de la ‘para-política’ y de la ‘yidis-política’

En una mesa de billar se reconoce a leguas al jugador que viene a apostar el todo por el todo. Llega confiado, con estuche propio de taco y tiza, se mueve con propiedad alrededor de la mesa, mira a los ojos a sus contendores y sobre todo, hace lo que le toca para salir ganando. Por eso, cuando el juego se desordena y siente que pierde el control, es cuando aparece el billarista genial que con una jugada maestra taca a más de tres bandas y se impone en el juego.

Esa descripción le cae como anillo al dedo a Álvaro Uribe Vélez, a quien le ha tocado sacar en las últimas semanas lo mejor de su repertorio estratégico para tratar de conjurar la más grave crisis política de sus cinco años y ocho meses de gobierno. Desde hace unas semanas es evidente que hay un cambio de estrategia en la Casa de Nariño, que combina nuevas y audaces tácticas con algunas que ya pasaron la prueba en otras oportunidades. El resultado ha sido un golpe, poco común, a cinco bandas.

La enigmática reforma del 20

El primer golpe tiene que ver con la crisis creada por la 'para-política' en el Congreso. Hace casi un mes el propio presidente Uribe llamó un sábado a varios de los senadores de su bancada para garantizar que votaran a favor de la reforma política que hacía curso en el Congreso y que debía pasar un trecho difícil en la comisión primera.

Aprobar la reforma de la 'silla vacía' se veía como una necesidad para darle un purgante al Congreso enfermo y así dejarlo en buenas condiciones para poder seguir funcionando en los dos años largos que le quedan de vida. Entre otras, no sobra decir, se necesita un Parlamento saludable y legitimado para aprobar la eventual reforma que dé vía libre a un tercer período de Uribe.

La sorpresa vino, días después, cuando el alto gobierno comenzó a mostrar desinterés por la reforma. Ya no era tan atractiva para la Casa de Nariño por la manera como se transformó en su paso por la Cámara: la sanción de la silla vacía se aplica desde la orden de captura a un congresista (hay 65 investigados, 32 de ellos presos) y no desde la condena, como estaba antes.

El problema, por el cual Uribe le habría quitado de repente su apoyo, es que dejaría fuera de juego un número significativo de congresistas de la bancada uribista. Pero también porque para evitar el desgaste en una reforma política ya muy manoseada, el primer mandatario decidió adelantarse con la próxima jugada. Va a convocar una comisión de notables constitucionalistas y tendrá listo para el 20 de julio un texto de reforma del sistema político, mucho más ambicioso que el de hoy. Esta comisión, dicen, podría lograr el consenso que hoy por la polarización parece imposible.

Uribe, intuyen algunos, no se contentará con una reforma de urgencia, a manera de paños de agua tibia, sino que quiere aprovechar para hacer todos los cambios que necesite. Hay quienes no descartan la posibilidad de que, incluso, se proponga una reforma a la justicia que dé lugar a un nuevo tribunal para juzgar a congresistas, magistrados y Presidente, la misma idea que provocó gran polémica hace tres semanas.

Partidos uribistas sin piso

El segundo golpe de la estrategia a cinco bandas se resume en el gesto de restarles fuerza a los partidos uribistas. Cuando, hace dos semanas, el comisionado de Paz Luis Carlos Restrepo, sin que nadie se lo preguntara decidió hacer una reflexión sobre la utilidad de estas colectividades, no se trató de una simple equivocación, como se ha tratado de hacer ver.

Restrepo, un funcionario de total confianza del Presidente y que no viene de los partidos, dice que éstos se deberían extinguir, porque vivían de la imagen del Presidente y no le correspondían a la hora de legislar o trabajar por los programas del gobierno.

Dejar sin piso la legitimidad de los partidos uribistas es una tacada de Uribe que no es fortuita. Qué mejor para él que volver a su estado original como líder independiente y antipolítico, en momentos en que la política que lo rodea no goza de buena salud. No sólo por la 'para-política', que involucra a muchos de sus bastiones electorales, sino también por la 'yidis-política' -el carcelazo a la ex parlamentaria que con su voto definió la reelección-, que le resta credibilidad al encono con el que Uribe dice rechazar "la politiquería y la corrupción".

Las encuestas siguen ratificando la extraordinaria empatía con la opinión, y el presidente Uribe siente que puede avanzar en su gobierno sin necesidad de partidos de "garaje", como los calificó el Comisionado, que le hacen más daño que favores.

El referendo no se detiene

Es entonces cuando aparece la tercera de las tacadas del gobierno. El famoso referendo para que "el pueblo decida" la tercera reelección sigue su camino. En medio de cierto silencio, de vez en cuando dan noticias sobre cómo va la recolección de las firmas. Mientras tanto, como si se estuvieran graduando de sordos, ciegos y mudos, nadie tiene idea de lo que piensa el mandatario, y el Presidente jamás dice una palabra sobre este mecanismo de consulta.

En esa ambigua situación, el comité organizador, promovido por Luis Guillermo Giraldo, ex senador, ex embajador y secretario del partido de La U, no afloja. Es más, ya va en la segunda fase de recolección de firmas a través de empresas temporales que les pagan un salario a los que trabajan en esa tarea. Un andamiaje bastante complejo y costoso para una iniciativa que podría quedar en el aire en el momento que el Presidente decida, por ejemplo, decir que no le jala.

Con ese juego reeleccionista de fondo, el país sigue su marcha. El Presidente se niega a decir que no aspira a la reelección y trata de concentrar la atención en su ya manida frase de que lo que busca es la reelección de la seguridad democrática. Sus escuderos dan una explicación que parece rebuscada: dicen que Uribe no quiere poner en el mínimo riesgo la confianza inversionista y que por eso lo único que necesita es encontrar al sucesor correcto para anunciar que no aspira a la reelección.

Freno de mano a opositores

En el cuarto frente también se le ha visto trabajar con cierto ahínco. Uribe volvió a sacar de la manga la carta que ya lanzó hace varios meses de atacar a sus contradictores. Aplica sin cesar la táctica del espejo retrovisor y lanza tacadas directas desde hace algunas semanas contra los procesos de paz del pasado y contra quienes fueron beneficiados por ellos: ex comandantes del M-19, que completan ya casi 20 años en la política, como Gustavo Petro, o de la Corriente de Renovación Socialista, como León Valencia.

Es evidente que trata de bajarle la temperatura a la crisis de la para-política. Gira de la chequera de su popularidad para poner en entredicho a guerrilleros de antes que se convirtieron hoy en congresistas y académicos respetados y que son dos de los principales críticos del escándalo que involucra a congresistas con las autodefensas.

Pero no sólo la molestia verbal del primer mandatario ha recaído sobre ellos. Uribe está convencido de que los hechos que en su conjunto son considerados como una crisis política no son proporcionales a la realidad, sino que corresponden a una especie de conspiración en su contra. En sus permanentes ataques a la Corte Suprema lo demuestra.
La extradición de los paras

Y para completar el juego a cinco bandas, su última movida: la extradición de los jefes paramilitares. Para su gobernabilidad en los dos años y medio que le quedan del período y por ende para el cumplimiento de su metas de gobierno, Uribe sale y, sin agüero alguno, envía a 14 jefes paramilitares a la justicia de Estados Unidos.

Con la extradición decide quitarse de encima a los generadores de la mayoría de sus dolores de cabeza. Además, deja sin piso las sospechas de acuerdos que pudo haber hecho con ellos en el pasado, y remata con una demostración más de que "está jugado", como lo dijo una vez en una entrevista, y eso significa que se juega el todo por el todo.

Con algunas de esas jugadas las bases ciudadanas vibran de emoción. En el billarpool la maestría consiste en tacar a varias bandas para al final meter la bola donde se quiere. La pregunta entonces es: ¿a qué le juega Uribe? ¿a preparar el camino para la reelección? ¿o sólo a conjurar la crisis para mantener en buen estado de salud a su gobierno?

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