Martes, 17 de enero de 2017

| 2003/07/13 00:00

¡Cipote hueco!

La magnitud de la crisis pensional no tiene responsables pero sí víctimas: los jubilados. ¿Cuánto nos costará la falta de decisión de los últimos nueve presidentes?

Los anuncios sobre el tamaño del 'hueco' en el presupuesto de la Nación para 2004 han causado escozor. El Ministerio de Hacienda dijo la semana pasada que se necesitan 3,3 billones de pesos adicionales para financiar el mayor gasto en pensiones y en seguridad el próximo año.

Las razones que da el gobierno para explicar estos faltantes son cuento viejo. Desde hace muchos años se sabía, por ejemplo, que las reservas pensionales se estaban agotando y que tarde o temprano la Nación iba a tener que responder por las mesadas de los 509.000 jubilados hoy afiliados al Seguro Social (ISS). También se tenía previsto que para ejecutar la política de seguridad iba a ser necesario seguir aumentando el gasto militar y que los mayores recursos conseguidos con la última reforma tributaria no eran suficientes para cubrir ese aumento.

La pregunta que surge entonces es ¿por qué hasta ahora Hacienda y el Departamento Nacional de Planeación empiezan a estudiar medidas para conseguir la plata que todos sabían que se iba a necesitar? Después de una reforma tributaria, una reforma pensional, bonos de seguridad y los recortes que el gobierno ha hecho en la administración pública las perspectivas de nuevos ajustes generan desconcierto.

Según el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, las reformas efectuadas el año pasado buscaban principalmente devolver a los acreedores la confianza en Colombia. El objetivo era enviarles un mensaje en el sentido de que el país sí puede responder por sus deudas. Tanto el Congreso como el gobierno sabían que los 2,4 billones de pesos que se recaudaron por el impuesto al patrimonio no alcanzaban para financiar los mayores gastos en seguridad. También sabían que era demasiado tarde comenzar a cobrar el IVA sobre nuevos productos a partir de 2005 y ahora el gobierno pedirá que se adelante este cobro.

El próximo año el gobierno tendrá que sacar de su presupuesto casi 10 billones de pesos para pagar las mesadas de los jubilados, tanto del sector oficial como de los afiliados al Seguro Social. Esto representa un aumento de 32 por ciento sobre lo que gastó por este concepto este año (ver tabla). De estos 10 billones, 1,5 billones son para cubrir los faltantes en las reservas del ISS, que se terminarán antes de 2005 como estaba proyectado. Es decir, que aunque la mayor parte del gasto en pensiones corresponde al sector público la bomba que estallará el próximo año es la de los faltantes del Seguro Social.

Según Héctor Cadena, presidente del ISS, las reservas que quedan para pagarles a los jubilados se acabarán entre septiembre y octubre de 2004. Las proyecciones se equivocaron por un año, lo que significa que llegó el momento de pensar en cómo pagar la gigantesca deuda que tiene la Nación con los pensionados del Seguro. Y lo peor, nadie sabe exactamente a cuánto asciende. Sólo se sabe que la deberán pagar al menos tres generaciones de colombianos.

El origen de esta deuda se remonta a 1966, año en que se creó el sistema de pensiones en Colombia, y su explicación es sencilla: quienes hoy reciben mesadas no ahorraron lo suficiente para gozar de ellas. Pero no fue culpa de la gente. Durante casi dos décadas los gobiernos no quisieron darse la pela de aumentar el porcentaje de cotización al ritmo previsto por la ley. El Estado se había comprometido a aportar una tercera parte del ahorro para las pensiones futuras, pero nunca lo hizo. Y las condiciones para jubilarse nunca fueron consecuentes con el ahorro que un trabajador hacía durante su vida laboral.

Sólo hasta 1985 el gobierno de Belisario Betancur aumentó la cotización de 4,5 a 8 puntos del salario mensual. La Ley 100 de 1993 intentó cerrar la brecha aumentando aún más este porcentaje hasta 13,5 por ciento- y subiendo la edad y el número de semanas cotizadas necesarias para jubilarse. Creó además los fondos privados de pensiones, bajo un régimen en el que cada cual ahorra en una cuenta individual lo que espera recibir de pensión cuando envejezca.

Con la llegada de los fondos privados el número de personas que cotizaban al ISS comenzó a caer. Más de un millón de colombianos dejaron de aportar al Seguro entre 1995 y 2003. Y como las pensiones se pagaban con estos aportes, empezaron a gastarse las reservas con la garantía de que cuando se acabaran la Nación comenzaría a poner el faltante.

La última reforma pensional, aprobada en enero de este año, dispuso entre otras cosas aumentar poco a poco las cotizaciones, hasta llegar a 15,5 por ciento en 2006, y la edad de jubilación. También obligó a los nuevos servidores públicos a afiliarse al Seguro.

Las modificaciones al sistema pensional que introdujeron las sucesivas reformas iban dirigidas a resolver el problema de fondo -que los trabajadores de hoy ahorren lo suficiente para las pensiones del mañana-, pero no a conseguir la plata que desde 2004 se necesitará para pagar a los actuales pensionados.

¿De dónde saldrá la plata?, es la pregunta que debe responder el gobierno. El ministro Carrasquilla tiene dentro de sus cuentas que el año entrante se necesitan 1,5 billones para cubrir el faltante. Héctor Cadena dice que este monto disminuye con los 800.000 millones que aproximadamente deberán pagar los fondos privados al Seguro por cuenta de los 'multivinculados', es decir, personas que aparecen registradas en el ISS pero que vienen haciendo aportes a los fondos. Lo grave no es sólo saber qué va a pasar el próximo año sino encontrar una forma para pagar la totalidad de la deuda pensional.

"No se descarta para nada la posibilidad de plantearle al país un mecanismo a través del cual los actuales jubilados coticen sobre la base de sus pensiones", dijo a SEMANA el ministro Carrasquilla. Esto implica poner a todos los pensionados a pagar parte de sus propias pensiones. Aunque impopular y muy dura para quienes en el pasado cumplieron con lo que la ley les ordenaba para acceder a una pensión, esta medida es la más sana entre toda la baraja de opciones. De alguna forma es justo que el peso de la deuda pensional lo lleven las generaciones que la originaron por no haber ahorrado lo suficiente.

Otras opciones que han sido aplicadas en otros países implicarían echar mano a los recursos de los fondos privados de pensiones. Esas alternativas sólo lograrían maquillar el problema durante unos años más, pues no conseguirían recursos frescos para financiar el sistema. Es decir, se incurriría en el mismo error que se ha venido cometiendo hasta ahora. Según Carrasquilla, este tipo de medidas han sido descartadas por el gobierno.

El problema no se limita, entonces, a conseguir plata para cubrir los faltantes en el presupuesto anual, situación que se ha venido repitiendo en los últimos años. Ahora debe cumplir con el compromiso adicional de tener que cubrir el 'hueco' de las pensiones de los afiliados al ISS. Y para esto se tendrán que cobrar nuevos impuestos, lo que no será fácil después de la cascada impositiva que ha caído sobre los contribuyentes en el último año. Pero además, en el horizonte, está el lío del largo plazo, y es encontrar la forma de llenar el abismo que se avecina.

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