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| 2/14/2017 4:26:00 PM

Las víctimas de mala praxis en cirugía estética que nadie oye

La muerte de Diana Álvarez demuestra cómo el negocio pasa por encima de la seguridad de los pacientes. Además, hay médicos que quieren burlar el pago de impuestos.

“Caímos en manos de esta gente”, dice Darío Chavarro con notoria tristeza para referirse a la cirujana Lisbeth Vincent Pacheco, su equipo de trabajo y a la Clínica Arte y Cuerpo, donde murió su esposa el 9 de diciembre pasado después de una cirugía en la que había procedimientos que Chavarro nunca supo que su esposa quería practicarse.

Cuando recuerda la trama de la historia, Chavarro se lamenta. Todo empezó a mediados del año pasado, después de un viaje familiar que hizo con su esposa, Diana María Álvarez, a Europa, entonces volvieron a su casa de Atlanta, en el estado Georgia, en Estados Unidos. Por esos días Diana empezó a frecuentar una nueva peluquera, Paola Villa, oriunda de Medellín, una compatriota muy formal y bella. Como en toda conversación de sala de belleza, comenzaron hablar de procedimientos estéticos y Paola le comentó que conocía a la mejor cirujana de la capital antioqueña, que diariamente tenía filas y filas de jovencitas dispuestas a que las operara. Diana, que hace días quería hacerse una liposucción, le pidió el contacto.

Diana se contactó con Lizbeth Vicent Pacheco, una médica que desde hace varios años trabaja en Medellín y que el 8 de marzo del año pasado fue suspendida durante seis por el Tribunal Nacional de Ética Médica porque operó durante cuatro horas a Paula Andrea Restrepo Vélez, a quien nunca había atendido y sólo la conoció una hora antes de la intervención y no se trataba de una urgencia, sino de un proceso quirúrgico complejo: reoperaciones y cambio de prótesis mamarias. Según el fallo del tribunal, la médica puso en riesgo la vida de la paciente porque no había evidencia de “una junta médica previa a la cirugía”, “ni una consulta previa”, un médico general había hecho la valoración: Carlos Ramos Corena, hoy en un proceso judicial en Puerto Rico por la muerte de una paciente.

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Así empezó una negociación larga por medio de una de las asesoras del equipo de trabajo de Vicent Pacheco a quien Diana llamó Mafe y con quien se comunicaba por medio de mensajes de whatsapp. En una de esas conversaciones, en las que hubo cruce de fotos y cotizaciones, Diana le preguntó a Mafe sobre la posibilidad de hacerse tres intervenciones un mismo día: liposucción, abdominoplastia e implantación de prótesis, esto le respondió la mujer:

“Cuando hablamos lipo-abdómino y pexia con implantes, podemos decir que es algo bueno que la paciente en una sola cirugía se haga los tres procedimientos, pero por ley y seguridad de la paciente, porque aquí en Medellín estamos trabajando todos en pro de la seguridad de la paciente por tantas irregularidades que han pasado, entonces todo el gremio está implementando nuevos métodos, y por otro lado, cuando nos hacemos lipo vamos a empezar a bajar de peso, la lipo es una extracción de grasa, un moldeamiento… Al hacer la lipo-abdómino y los senos, y como vas a empezar un proceso de recuperación y reducción de peso, entonces empiezan a caer. Pasa que al hacer la lipo con senos, a los dos meses los senos se vuelven más pequeños. Primero hacer la lipo y la abdómino, si es necesaria, y dos meses después de que hayas terminado la recuperación, los senos”.

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La asesora le dijo, en resumidas cuentas, que en primer lugar no es tan seguro hacer tres cirugías al mismo tiempo por “seguridad de la paciente”, y habla de las irregularidades del pasado, irregularidades en las que se ha envisto envuelta la misma Vicent Pacheco; después le explica los problemas estéticos subsiguientes. Diana le contestó: “Entonces sólo las bolsas de bichat (procedimiento en la cara) y la lipo. Yo podría ir a los seis meses a hacérmela (la mamoplastia). A mí sólo me inquieta que he visto en las noticias y en periódicos y hablan que en la clínica Arte y Cuerpo han pasado cosas, y cogieron en Miami al médico que trabajaba con ella (con Vicent Pacheco)”. Mafe tranquilizó a su paciente y le dijo: “La clínica realmente es buena. Está recién remodelada. El inconveniente lo tuvo otro cirujano el año pasado. Qué lástima que todo un gremio se afecte por este tipo de cosas”.

Pese a las sugerencias, y según la historia médica, a Diana se le practicaron cinco procedimientos y la cirugía duró casi cinco horas. Mientras su esposa estaba tendida en la camilla del quirófano, Darío Chavarro estaba en Atlanta, creyendo que lo único que su esposa se estaba haciendo era una liposucción, después se enteraría de que no: “Prácticamente le tocaron todo: los cachetes, senos, abdomen, espalda, piernas, cola, muslos. Es increíble la tragedia que nos hicieron, mi esposa sin ninguna asesoría, simplemente porque venía de Estados Unidos y tenía para pagar. Yo tenía una idea completamente diferente, pensaba que estaba en una clínica como la Santa Fe, en Bogotá, pero eso es una casa de dos pisos”.

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En plena cirugía, a Diana le dio un paro cardiorrespiratorio, entonces la reanimaron y de inmediato la llevaron a la ambulancia, donde sufrió otro paro. La llevaron a la Clínica Las Vegas, que está muy cerca de Arte y Cuerpo, pero no fue suficiente, pues allí entró ya sin la respuesta midriática del ojo, lo que puede indicar muerte cerebral, además, tenía una presión sistólica de 8/5, “es decir, mi esposa llegó muerta”.

En Las Vegas, el equipo médico que había atendido a Diana en Arte y Cuerpo les ofreció a sus familiares devolver los 15.000.000 de pesos que había costado el procedimiento y, además, pagar todos los gastos fúnebres, pero Darío no quiso aceptar, “mi esposa no vale 20.000.000 de pesos”. El proceso en este momento está en trámites jurídicos, sin embargo, ya en Medellín hay experiencia de la lentitud y poca eficacia con la que estos pleitos andan. Diana fue la víctima fatal número 13 de aparentes malas praxis en toda Antioquia.

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Según una fuente consultada por Semana.com que hace algunos años trabajaba con los médicos Daniel Correa y David Majana, ambos con denuncias ante Fiscalía, hay todo un aparato comercial para captar clientes, muchas veces estos aparatos llegan hasta el extranjero por medio de peluqueras o entrenadores de gimnasio que aconsejan a sus clientes operarse en Colombia con los “mejores cirujanos de la ciudad”. Así estos médicos pueden hacer hasta 70 procedimientos al mes, que les pueden dejar utilidades cercanas a 70 millones de pesos. 

Alfredo Salvador Patrón Gómez, jefe de Cirugía Plástica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, especialista en Cirugía Estética, Cirugía Plástica Infantil, Cirugía Maxilofacial, Cirugía de la Mano, Láser, cree que uno de los problemas que ha traído esta emergencia salud pública en Colombia, con un foco especializado en Medellín, donde hay cada vez más denuncias de mujeres que terminaron con su cuerpo destrozado, es que en el país cualquier médico general puede hacer cirugías. “Mientras hay gente que está bien especializada, que hemos estudiado, que hacemos parte de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica y Reconstructiva, otros que no tienen la preparación puede hacer cirugías sin ningún problema, y es ahí donde pueden aparecer las malas praxis”.

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Ante el Estado Colombia las únicas actividades relacionadas con la cirugía que están reguladas son la cardiología y la anestesia, no así la cirugía plástica. Pero otro problema que ha encontrado Patrón Gómez son los posgrados que algunos médicos dicen que han realizado en el exterior –como es el caso de Vicent Pacheco, David Majana, Daniel Correa y Carlos Ramos Corena–, que aunque muchos son muy buenos y reconocidos, hay otros con una reputación dudosa. El mismo Patrón Gómez encabezó el año pasado una carta en la que los profesores de la Universidad de Antioquia le pedían al Ministerio de Educación que evaluara bien las convalidaciones de posgrados que se hicieron en Brasil, sin embargo, la moción no ha sido oída. En palabras del médico, “hay cosas que para nosotros no revisten una verdadera capacitación. Yo demostré que las horas que ellos hacen en una universidad específica de Brasil nunca son equivalentes a las que hacemos aquí, es más, algunos cirujanos que fueron allá no fueron con visa de estudiante”.

Al parecer, estas no son la únicas irregularidades que se presentan con algunos “cirujanos” en Medellín, SEMANA conoció la historia de una mujer dominicana que se contactó con un cirujano vía Whatsapp desde Estados Unidos, el hombre le advirtió que no le consignara el dinero, que debía pagar sólo en efectivo el monto total de las cirugías que se quería realizar: 15.000.000 de pesos. Todos los procedimientos salieron muy bien, aunque después del procedimiento fue atendida en una casa con el acompañamiento de una enfermera. Además de la plata de la cirugía, tuvo que pagar el quirófano, el servicio de enfermeras y la ambulancia.

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El concejal Bernardo Alejandro Guerra, que ha tildado a los médicos que operan sin ser cirujanos o con títulos en el extranjero de universidades dudosas como la bacrim de batas blancas, cree que es necesario que el Ministerio empiece a regular un problema que se ha salido de cauce, “el año pasado tuvimos 13 personas muertas, sin contar con mujeres a las que le han dañado el cuerpo y nadie les responde”.

Entre ellas está Johana Catalina Molina, que en el 2012 quiso hacerse una liposucción y una mamoplastia. Después de averiguar quién era un cirujano idóneo, terminó en la Clínica Nova, donde estaba el médico Daniel Correa, quien le prometió que la dejaría tal como ella soñaba: flaca y con los senos respingados. Le cobró 8.200.000 pesos, por ese dinero, seis días después, Johana entró al quirófano. El posoperatorio estuvo muy bien, sin embargo, no quedó muy contenta, pues veía los senos caídos.  

Johana Catalina Molina, vìctima de una cirugìa plàstica mal realizada. Foto: SEMANA

“Yo tenía revisión como al segundo día, y se me abrió un puntico, pero me hicieron curación y me dijeron que eso era normal. Al mes uno ya ve cómo quedó la operación, y me vi los senos caídos. Yo fui y le dije que no me había gustado, por la cicatriz y por los senos. Él me dijo que me los organizaba. Me dijo que iba a abrir unos nuevos quirófanos y que lo esperara; la garantía que me habían ofrecido era de dos años, pues casi que me tocó esperar dos años hasta que por fin accedió a organizarme. Me dijo que había acabado de llegar de Brasil, de una capacitación en la técnica de puntos invertidos y que lo mejor era que no tenía que ponerme anestesia general sino local, y yo feliz. Yo confiando en la palabra de él. Sólo me cobró las prótesis, entonces le di 1.500.000 pesos”.

Johana entró al quirófano a las 11 de la noche y salió a las 2 de la mañana. “La secretaria ni me pidió los exámenes, fui yo la que se los entregué. Uno cuando entra a cirugía tiene que pasar por unos procedimientos de lavado, él no me hizo eso. Me acostó, me puso la anestesia local y empezó a chuzarme. Yo le decía que estaba sintiendo y él chuce y chuce, y que me echaran más anestesia, así me hizo la cirugía. Hubo un momento en el que me mareé y dijo que me trajeran una aromática, yo en plena cirugía y tomando aromática. Él era hable y hable con las enfermeras, y entonces les decía que se hicieran al frente a ver si estaban iguales los senos, jugaron conmigo toda la noche”.

Lo más difícil vino después, la sutura nunca le cerró y cuando fue a buscar al doctor Correa, este se encontraba por fuera del país, pero la enfermera la revisó y en la cara se le notó que las cosas no estaban bien. “Me habían pegado una bacteria. Me volvieron a tapar y yo me fui para la casa. En la noche me dio la fiebre más horrible. Yo ahí mismo llamé a la secretaria. Yo no tenía póliza. Ella me dijo que no me fuera para ninguna parte. Al lunes fui y ya tenía el seno totalmente abierto. Por celular, el médico dijo que me lavaran, que él ya volvía el miércoles. Y eso me olía a podrido. Al martes me empezaron a doler, me dolía horrible. Al miércoles llegó Correa y me dijo que tenían que sacarme las prótesis y yo me puse a llorar. Me metió de una al quirófano y sobre la infección volvió y me cosió. A los dos días me volvió a ver y eso se me abrió, entonces me metió al quirófano sin anestesiólogo y me quitó las prótesis”.

Pasados unos días, Johana vio su realidad: sus senos eran dos masas llagosas, por lo que consultó a un médico particular, quien por medio de exámenes detectó que tenía una bacteria de difícil tratamiento. Vinieron meses de incapacidad, medicamentos muy fuertes que a veces la mareaban; hoy está bien de salud, sin embargo en sus senos sigue la huella de la mala praxis y la justicia, pese a la denuncia interpuesta ante la Fiscalía, aún no se pronuncia.  

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Martha Ruth Mesa es otra mujer, de 54 años, a quien todavía nadie le responde. Después de un bypass gástrico, se encontró con que la piel que le sobraba le ocasionaba heridas en los pliegues del estómago; su esposo, preocupado, decidió acudir al consultorio de Daniel Correa, que por esos días hablaba con mucha desenvoltura y candor en un programa de radio local. La valoró, le dijo que le cobraba 5.400.000 pesos por todo. Ya en el quirófano, quien la atendió fue el médico David Majana, una clara irregularidad.

Martha Mesa, otra vìctima de una cirugìa plàstica mal realizada en Medellìn. Foto: SEMANA

“A los tres días empecé con fiebre y olía maluco. Cuando al sábado llamamos a EMI, el médico llego y me quitó esas gasas y me dijo que estaba infectada. En la EPS no me recibieron, me llevaron a la Clínica Arte y Cuerpo y salió la doctora Lizbeth Vicent y ella me dijo que no me podía tocar porque no me había operado y estaba muy delicada. Majana o Correa me mandaron una enfermera, yo me desmayaba y él le decía que no me dejara dormir. Yo tenía esa parte de piel muerta, tenían que hacerme curaciones. Una enfermera me colaboraba a mí, iba a la casa, me colaboraba mucho, yo estaba podrida, la cicatriz mía es lo más inmundo que hay en el mundo entero. Yo les pedí que me ayudaran porque la cirugía me la hice por salud y no tenía más plata. Majana me dijo que podía volver a operarme pero que yo tenía que volver a pagarle. Así, nadie me responde, nadie me da justicia”.

 *Corresponsal de SEMANA en Medellín

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