Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/03/10 00:00

Clamor por los secuestrados

Los familiares de los secuestrados empezaron una nueva cruzada. Ante la Comisión de Derechos Humanos de la OEA, pidieron acuerdo humanitario y no rescate militar.

Caterina Heyk, abogada. Juan Sebastian Losada, Yolanda Pulecio y Ángela Giraldo frente a la sede de la OEA y reunidos con el senador Dodd

Llegaron puntuales a la cita. Faltaban 15 minutos para las 9 de la mañana y en el Salón Padilha Vidal, de la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington, todo estaba listo para escucharlos. Eran seis familiares de secuestrados y una experta en derechos humanos que debían sustentar ante uno de los organismos de mayor jerarquía del hemisferio, un camino jurídico que no contempla el rescate militar y que propende por un acuerdo humanitario.

En el recinto había cinco miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Tres hombres y una mujer esperaban el inicio de una audiencia que duraría 45 minutos. Los colombianos entraron entre periodistas de varios países. Unos entrevistaban a la esposa del militar de mayor rango que está secuestrado, María Teresa de Mendieta; otros se centraban en Yolanda Pulecio, madre de Íngrid Betancourt, unos más, en Marleny Orjuela, representante de los soldados rehenes y también en Patricia Perdomo y Carolina Pérez, cuyos padres están secuestrados. El menor del grupo, sin embargo, fue el que más impacto causó. El ex secuestrado Juan Sebastián Losada Polanco, hijo de Gloria Polanco de Losada, secuestrada hace siete años, y de Jaime Losada, asesinado hace dos.

El muchacho fue el tercero en hablar Tenía escrito su discurso, pero como si se tratara de una inspiración divina, le sobrevinieron las palabras y en 15 minutos relató paso a paso su drama.

"Fui secuestrado en 2001 con mi hermano y mi madre cuando un comando armado de las Farc asaltó el edificio Torres de Miraflores en la ciudad de Neiva (...) Mi madre fue separada abruptamente de nosotros a los siete meses del cautiverio. Mi hermano y yo mantuvimos la calidad de secuestrados extorsivos. Luego de tres años, mi hermano y yo fuimos liberados pues mi padre pagó una fuerte suma de dinero, en cuotas.(...) Luego de cinco años y medio, la pesadilla no ha terminado, pues mi madre aún sigue pudriéndose en la selva, mientras espera que los canallas que la tienen se pongan la mano en el corazón y le permitan cruzar el camino que la conduzca a sus hijos. (...) Mi padre era símbolo del acuerdo y lo asesinaron en un infame y deliberado atentado.

Estoy aquí no para despertar compasión ni mucho menos caridad hacia mí, o hacia la familia que represento (...) He sentido lo que siente un secuestrado en carne viva, he sentido la angustia de tener un familiar retenido y he sentido el infinito dolor de quien pierde de la forma más cobarde lo que más quiere. Por eso, vengo aquí con toda la autoridad moral para decirles a ustedes, señores comisionados, que a pesar de haber vivido estas tres tristes facetas de la guerra, puedo afirmar que quienes se manifiestan a favor del rescate a sangre y fuego tienen algo en común: desconocen la situación del secuestrado que vive la perspectiva agobiante de que se inicie una operación".

Se oyeron sonidos de llanto que quedaron consagrados en la grabación de la audiencia que la misma comisión monta en su página web. Juan Sebastián, con su relato, cumplió el objetivo que desde hace más de cuatro meses se propusieron con este viaje al 'norte' . Hacer visible su pelea por la libertad y sensibilizar el caso de los tres estadounidenses que están en la misma condición.

Cumplido el tiempo, la audiencia terminó. Los comisionados demostraron interés en el caso y anunciaron su estudio juicioso. Aún sin respuesta positiva de esta gestión, que incluyó citas con senadores importantes como Chistopher Dodd y el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, y el Departamento de Estado, esta visita a Washington marcó para los familiares de los secuestrados el inicio de una nueva jornada, al pasar las fronteras para conseguir la solidaridad que no despiertan en su país.

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