Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2000/01/10 00:00

CLINTON VUELTIAO

Con niños vallenatos en la Casa Blanca, un baile de gala que fue la sensación y una entrevista <BR>con Mike Wallace, Colombia logró revitalizar el tema de la ayuda al país.

CLINTON VUELTIAO

Todo el mundo daba por hecho que lo sucedido hace poco más de un año, cuando el
presidente Andrés Pastrana hizo su visita de Estado a ese país, había sido el clímax en materia de
relaciones bilaterales. Un punto tan alto parecía imposible de superar. Pero lo visto por los colombianos la
semana pasada, el presidente Clinton rodeado de niños colombianos con sombrero 'vueltiao', parecía sacado
de un cuento de García Márquez.
El primer 'colombianazo' de Washington se dio el sábado por la noche cuando se llevó a cabo el National
Symphony Ball, una fiesta de gala a la que los invitados asisten vestidos de frac. Es lo que los
norteamericanos llaman el "who is who" de Washington, o sea el evento de mayor importancia social en la
ciudad. Invita el presidente de Estados Unidos pero cada año el anfitrión es un país distinto. El año pasado fue
Holanda y este año, por primera vez en la historia del evento, el país anfitrión fue Colombia. Hasta ahí ya
habría sido un logro diplomático.
El evento, organizado en gran parte por Gabriela Febres-Cordero, esposa del embajador Luis Alberto
Moreno, fue espectacular. Washington es una ciudad sureña, donde los eventos de etiqueta por lo general
son bastante aburridos y terminan por tarde a las 11 de la noche. Pero en esta fiesta todo el mundo
bailó vallenatos y cumbias hasta la una de la mañana.
Pero si la fiesta del sábado fue un éxito, el domingo hubo otro episodio importante. Se emitió el programa
60 Minutes, uno de los de más alto rating en Estados Unidos. Más de 60 millones de norteamericanos
sintonizaron el programa, que abría con una entrevista de Mike Wallace con el presidente Pastrana. Y si
recientemente el primer mandatario no había sido muy afortunado en materia de entrevistas, lo cierto es que
en esta se desquitó. Por lo menos en Washington causó una excelente impresión. Wallace llevaba una
semana entera haciéndole publicidad por televisión al programa y estaba comprometido a lanzarla después
del puente de Thanksgiving, debido a que el rating históricamente es el más alto. Editorialmente se la jugó al
ciento por ciento en favor de Pastrana y fue muy duro con los políticos demócratas y republicanos que
"juegan a la gallina con la plata, mientras Colombia está siendo desplumada". Y si esto fuera poco, Wallace
ofreció a C-Span, el canal del Congreso, para que repitiera la entrevista por completo. Esta fue repetida el
lunes a las 8:00 de la noche, también a nivel nacional.
Y el miércoles se llevó a cabo un debate en C-Span, nuevamente con la presencia en vivo de Mike Wallace,
recibiendo llamadas en vivo de todo el país sobre el tema de Colombia y la entrevista a Pastrana. Una vez
más Wallace defendió a capa y espada al Presidente colombiano.
Esa misma noche fue la fiesta en la que se prende el árbol de Navidad en la Casa Blanca, otro de los eventos
principales en el protocolo social de Washington. Al mismo fueron invitados, además de unos niños
vallenatos, cinco personalidades colombianas: Luis Alberto Moreno, César Gaviria, Violy McCausland, Julio
Mario Santo Domingo y Gabriel García Márquez. Estos dos últimos no asistieron, aunque Gabo mandó un
mensaje escrito (ver recuadro).
El mensaje de Gabo conmovió a Clinton, quien pidió a Gabriela, esposa del embajador, que le tradujera la
letra de las canciones que estaban cantando los niños vallenatos. La embajadora le tradujo la letra de El
Mejoral, y a Clinton le cayó tan en gracia que inmediatamente se puso el sombrero 'vueltiao' que le llevaron
de regalo y acudió a Moreno para que le explicara quiénes eran esos niños. Moreno le dijo: "Son niños de
Valledupar, una zona de Colombia que ha sido azotada, como muchas otras, por la violencia. Pero a ellos los
une la música, a pesar de sus posibles diferencias sociales. Haga de cuenta que fueran unos niños de
Belfast, a quienes no les importa si son católicos o protestantes". El presidente de Estados Unidos se
sorprendió tanto con esto que dijo "hay que hacer algo con estos niños, hay que ayudarles". E
inmediatamente se los llevó a la puerta de la Casa Blanca y con ellos tocando recibió a los invitados.
Luego convenció al famoso músico Wayne Newton de que tocara con ellos y que se los llevara de gira a
Las Vegas. La encendida del árbol de Navidad en la Casa Blanca se vallenatizó.
Los anteriores episodios a primera vista parecen sociales o folclóricos, pero en el fondo pueden tener más
efectos diplomáticos que una gestión de cancillería. Tan es así que en medio de toda esta parranda Clinton
se tomó la molestia de decir en una rueda de prensa que está dispuesto a liderar un acuerdo bipartidista para
lograr que la ayuda económica a Colombia sea aprobada el próximo año.
En realidad la contraofensiva de la semana pasada es el producto de un trabajo esmerado por parte de este
gobierno de mantener a Colombia vigente en Estados Unidos. No solamente en cuanto a sus problemas,
sino también a sus valores culturales. Lo que se logró en los días pasados fue poner al país en la mente de
millones de norteamericanos a través de la televisión, y al mismo tiempo de un puñado de ellos que
conforman su élite política y controlan al país. Todo ello en una sola semana y al ritmo del "¡güepa- je!".

De Gabo para Clinton
Rafael Escalona, el genio de la música vallenata, no aprendió a tocar el acordeón cuando era niño porque
se consideraba un instrumento indigno del sobrino de un obispo. A mí mismo, que quise aprenderlo a los 8
años, mis abuelos me lo negaron porque les parecía una máquina de perdición.
Tal era su mala fama, que a los niños no los asustaban con el diablo sino con Francisco el Hombre, un
patriarca andariego que camina por pueblos y veredas pregonando amores y destapando entuertos de la vida
ajena. Sin embargo, cuando se interrumpió la fábrica de Alemania por la Segunda Guerra Mundial, los
artesanos vallenatos fabricaban acordeones con la osamenta de otros, para que no se extinguiera el arte
de la voz humana con acordeón, que es un modo antiguo y el más feliz de contar un cuento.
Hoy la música vallenata está más viva que nunca, como lo muestra esta delegación de niños que han
aprendido su oficio al mismo tiempo que aprendían a hablar. Seis años es la edad que los pedagogos
aconsejan para aprender a leer, y dos de estos aprendieron a tocar el acordeón a esa edad. Otros no habían
cumplido 5, otro tenía 4, y los mayores son dos ancianos de 10 y 12 años que ya son reyes de la canción.
Los otros, cajistas, guacharaqueros y cantantes, casi podrían decir que nacieron sabiendo. A todos ellos por
igual tenemos que agradecerles el que la música colombiana haya podido cumplir la proeza olímpica de
entrar casi gateando en la Casa Blanca.

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