Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2009/05/23 00:00

“Cogida de mano y pico, pero no con uniforme”

Por primera vez en la historia un agente de policía gay habla con un medio de comunicación social de su vida en la institución.

“Cuando nos conocimos, a él le pareció que ser policía era una actividad como cualquiera”

Javier es el primer policía homosexual que, amparado en una sentencia de la Corte Constitucional, hace valer el Régimen Especial de Policías y Militares. Traducción: es el primer policía que logra reconocimiento de la seguridad social para su compañero del mismo sexo. Hace ocho años está metido en un uniforme que, con el tiempo, da muestras de una flexibilidad única en las Fuerzas Armadas. Discreto, prudente y perfectamente identificado con el servicio a la comunidad, Javier, que aspira a ser subintendente, confía en que muchos sigan el ejemplo. Si él pudo, ¿por qué los otros uniformados no?

GUSTAVO GÓMEZ: La idea de hacer valer los derechos de seguridad social para la pareja, ¿fue suya o de su compañero?

JAVIER: Lo habíamos discutido y decidido incluso antes de que saliera la sentencia de la Corte Constitucional. Nosotros habíamos hecho ya una solicitud, vía correo electrónico, a la dirección de la Policía, para que a mi pareja la incluyeran en la seguridad social.

G.G.: ¿Y usted no se moría del pavor pensando en lo que podría pasar?

J: Uno siempre es consciente de los riesgos, pero el precedente era tan importante, que primó sobre los temores.

G.G.: Su compañero es un activista de la comunidad homosexual y usted es el primer policía gay que hace efectiva la seguridad social para su pareja. ¿Quién admira a quién en la casa?

J: La admiración es mutua. Él admira de mí el valor que tuve de decirle a la institución que quería afiliar a mi pareja del mismo sexo, para que no quedara desamparada, y yo admiro profundamente la tarea de defensa de los derechos de las minorías que él adelanta como estudiante de derecho.

G.G.: ¿Cómo se conocieron?

J: En Facebook.

G.G.: ¿Se demoraron mucho en pasar de lo virtual a lo real?

J: Tres meses.

G.G.: Cuando se vieron por primera vez, ¿su pareja sabía que usted era policía?

J: No, pero a él le pareció una actividad como cualquier otra.

G.G.: ¿Cuándo supo que había futuro con él?

J: La convivencia fue definitiva. Nos fuimos a vivir juntos muy pronto, porque había muchas afinidades.

G.G.: ¿En público ustedes son cariñosos?

J: Normalmente, sí. Cogida de mano y pico, pero no con uniforme.

G.G.: ¿Y si fuera heterosexual?

J: Seguramente me comportaría de la manera como nos tiene acostumbrados la sociedad, porque a nadie le parece mal visto un policía besando a una mujer. Algún día las cosas cambiarán y será tan aceptado lo uno como lo otro.

G.G.: ¿Cómo se animaron al reconocimiento legal de la unión?

J: Funcionábamos muy bien juntos, teníamos proyectos similares, y fue el paso normal que habría dado cualquier pareja. Queríamos tener una seguridad jurídica patrimonial que nos diera solidez ante cualquier imprevisto. Queríamos estar legalmente protegidos.

G.G.: Muchos de sus compañeros en la Policía saben de su opción sexual. ¿Hay un ambiente de respeto en el trabajo?

J: Hacen comentarios de todo tipo, algunos muy negativos, otros a favor, pero nunca han tenido el valor de enfrentarme o de preguntarme algo. El ambiente de trabajo es el mismo de antes, excepto quizá por un compañero que es homofóbico y trata de guardar las distancias, pero con mucha educación. Yo también estoy en la obligación de respetar su manera de ver la vida.

G.G.: ¿Por qué decidió ser policía?

J: Quería trabajar con la comunidad.

G.G.: ¿No lo frenó el hecho de pensar que era una institución de mucha disciplina y, digámoslo así, apego a la tradición?

J: Nunca me lo planteé de esa manera. Yo quería ser policía y soy policía.

G.G.: ¿Pensó en el Ejército?

J: Jamás. Además, en mi familia muchos han sido policías; ahora mismo hay seis uniformados.

G.G.: ¿Con ellos conversó sobre la decisión de amparar a su pareja?

J: No, ellos ni siquiera saben que soy homosexual.

G.G.: El hecho de que usted esté concediendo esta entrevista lo pone a uno a pensar en que la Policía, que hace poco llevó a una mujer al generalato, es una institución moderna. ¿Usted qué cree?

J: Totalmente de acuerdo. La Policía está demostrando que ha tenido un cambio significativo, especialmente en el reconocimiento y el respeto de los derechos humanos.

G.G.: ¿Otros policías homosexuales lo han apoyado?

J: Muchos. Me han llamado, me han mandado correos, me han dicho que sueñan con hacer algo parecido a lo que hicimos nosotros. Y también algunos heterosexuales me han hecho sentir su aprecio.

G.G.: ¿Conoce personalmente al general Óscar Naranjo?

J: No, sólo por televisión. Me gustaría tener el privilegio de hablar con una persona como él, tan sensible frente a las necesidades de los miembros de la institución y de la comunidad.

G.G.: Hace unos días usted y su compañero tuvieron una ceremonia muy simbólica. ¿Quién los animó a hacerla?

J: Inicialmente iba a ser una reunión de amigos, pero contamos con el respaldo del movimiento Ciudadanía Rosa y nos decidimos a hacer la ceremonia. Nos ayudaron en los preparativos, a buscar un lugar de alguna persona tolerante y abierta, y con los contactos en la Iglesia Veterocatólica.

G.G.: ¿Ese día usó uniforme?

J: No, no quería molestar a la institución y preferí un traje de etiqueta de calle. Al llevar el uniforme puesto me habría expuesto a que pusieran a circular fotos con mala intención y que hicieran comentarios indelicados.

G.G.: ¿Estaba nervioso?

J: Antes de llegar al sitio estaba relajado, pero me puse nervioso a la entrada, cuando escuché la música.

G.G.: ¿Invitó personas de su familia?

J: No, a nadie.

G.G.: ¿Y compañeros de trabajo?

J: Invité cuatro y fueron dos.

G.G.: ¿Sus superiores le mandaron regalo?

J: No, porque no estaban enterados de la ceremonia.

G.G.: ¿No hubo luna de miel?

J: Está aplazada por cuestiones de trabajo. Pero habrá.

G.G.: ¿Cómo vio el cubrimiento de los medios a la ceremonia?

J: Hubo de todo. Cosas muy positivas, pero de lo negativo diría que hubo un titular que me pareció fuera de tono. Decía: Se casa policía gay, y la palabra gay la ponían enorme.

G.G.: ¿Qué le regaló a su pareja?

J: Nos regalamos los anillos de unión, diseñados por los dos. Cada argolla evoca la cultura chibcha precolombina con un ídolo rodeado por un par de serpientes. Representan la supremacía de los dioses, que les permitía refugiarse en seres animados y versátiles.

G.G.: ¿Por qué esa cercanía a la cultura chibcha?

J: Son nuestras raíces, ambos somos de Boyacá.

G.G.: ¿Qué tan respetuosa es la tradición boyacense de la opción sexual de personas como ustedes?

J: Los boyacenses son muy católicos, pero saben usar bien la cabeza y no se someten a todo lo que les diga la Iglesia católica. En Tunja, en Duitama y en Sogamoso, en las ciudades, hay una mentalidad muy abierta.

G.G.: ¿Es creyente?

J: Tengo fe, pero no puedo ser muy apegado a una Iglesia en la que el apoyo está condicionado por la sexualidad de las personas. La Iglesia necesita evolucionar y adaptarse a la sociedad, y aceptar que existe el amor entre personas del mismo sexo.

G.G.: ¿Cómo es su dios?

J: Mi Dios es el bien. Es no hacerles daño a los demás. Dios es hacer el bien; la Policía es hacer el bien.

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