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| 9/3/2011 12:00:00 AM

Cojea, pero condena

A pesar de lo histórico del fallo, no deja de suscitar controversia.

"Como la persecución a Pablo Escobar arreció y Luis Carlos Galán arremetía contra la mafia, y las encuestas lo disparaban, el Patrón atendía las citas más privadas en una casita localizada a unos diez kilómetros de la finca Las Marionetas (Magdalena Medio). Allí se reunieron con Santofimio, quien traía un mensaje urgente: que Galán era seguro presidente de la República, pues tenía el apoyo de los Estados Unidos. Le advirtió: 'Si Galán es presidente, te extradita, te lo digo con todo el convencimiento: Pablo, mátalo. Galán te va a cobrar la muerte de Rodrigo Lara Bonilla'. Pablo se quedó en silencio por espacio de cinco minutos… Cuando el Patrón pensaba, Alberto Santofimio lo miraba y le decía: 'Pablo, mátalo'. El Patrón le devolvía la mirada y no le contestaba nada. Escobar rompe el silencio y me ordena que busque a Ricardo Prisco Lopera (para planear el crimen)". Este testimonio del lugarteniente de Pablo Escobar, Jhon Jairo Velásquez, más conocido como Popeye, produjo la histórica sentencia a 24 años de cárcel contra Alberto Santofimio Botero como determinador del crimen de Luis Carlos Galán en 1989.

La decisión es histórica. Se trata del veredicto final de la Corte Suprema de Justicia sobre el magnicidio que partió la historia reciente del país y es la primera vez que una figura del establecimiento resulta condenada como autor intelectual de un crimen de ese calibre. Justamente por la envergadura ha sido objeto de controversia que el testimonio de un hombre que ha confesado que asesinó a más de 270 personas sea la prueba fundamental de este fallo.

Popeye nunca implicó a Santofimio en sus primeras declaraciones. Fue en 2005 -luego de 16 años de prudente silencio- cuando relató en su libro, El verdadero Pablo, que el político tolimense instigó al capo para perpetrar el crimen. De esta forma un proceso archivado que había en la Fiscalía cobró impulso. Como la denuncia provenía de un hombre que había confesado su participación en el crimen de Galán y que había sido condenado por este, tenía cierto peso ante la justicia. En cuanto al retraso de 16 años, Popeye explicó que no había hablado por miedo a que lo mataran.

 Y no era el único testimonio. El asesinado excongresista Carlos Oviedo Alfaro le dijo a la justicia que Pablo Escobar le confesó en prisión que quien maquinó el magnicidio de Galán fue Santofimio. Esto ocurrió cuando Oviedo visitó al capo en la cárcel como emisario del cartel del Norte del Valle, para llevarle el mensaje de que ese sector era neutral en la guerra de Escobar contra el cartel de Cali. "Yo le dije que don Orlando, don Efra y los Grajales eran neutrales en su pelea con el cartel de Cal, y él me respondió que tranquilo, que les dijera que él no volvía a cometer errores como el que cometió por 'el Santo'. Le pregunté que quién era ese y me dijo que Alberto Santofimio. Que mirara cómo se nos vino el Estado encima por la muerte de Galán, que él no volvería a hacerle caso".

 En 2007, con base en estos dos testimonios, el de Popeye y el de Alfaro, un juez declaró culpable a Santofimio y lo condenó a 24 años de prisión. Un año después, la defensa acudió al Tribunal Superior de Cundinamarca para que revisara la decisión y este la revocó, absolviendo al acusado. Sin embargo, la Fiscalía y la familia de Galán lograron que el caso no prescribiera, elevándolo a la categoría de delito de lesa humanidad, con lo cual el proceso pudo hacer tránsito para una nueva revisión en la Corte Suprema de Justicia como última instancia. Esta acaba de restituir el fallo condenatorio, fundamentado principalmente en el testimonio de alias Popeye.

 La defensa de Santofimio repitió hasta el cansancio que el testimonio de Popeye no era creíble por varias razones. Lo primero que se cuestiona es la motivación del crimen. Según el sicario, Santofimio tenía interés de "sacar del camino" a Galán porque era contendor suyo como precandidato a la Presidencia por el Partido Liberal. Este raciocinio, que hoy es repetido una y otra vez, tiene algo de irreal, pues hace caso omiso de que Santofimio, en 1989, era un candidato totalmente marginal, sin ninguna opción de ganar. Galán en ese momento tenía el apoyo en las convenciones del partido, el respaldo de los Lleras y de Turbay, de El Tiempo y El Espectador, y además ganaba en las encuestas. Su verdadero rival era Hernando Durán Dussán, quien aunque no tenía un gran respaldo popular, contaba con buena parte de la maquinaria del partido en una época en la que esta era aún decisoria. Detrás de Durán venía Samper, quien representaba la renovación dentro del partido. Y después de estos, de colero, estaba Santofimio, con una presencia insignificante en las encuestas pues ya había estado en la cárcel por delitos de peculado y falsedad documental que habían acabado con su prestigio y su carrera.

Por otra parte, la explicación de Popeye de que no habló durante 16 años por miedo despierta cierto escepticismo. Escobar, que era quien mataba a todo mundo, había sido dado de baja en 1993, es decir, 12 años antes de la confesión de Popeye.

No hay duda de que Alberto Santofimio era un hombre de amistades peligrosas. No solo fue muy cercano al cartel de Medellín, sino también al de Cali, cuando esa doble militancia podía costar la vida. Es un hecho que fue muy cercano a Pablo Escobar y que llegó a fantasear con la idea de llegar a la Presidencia apoyado por la fortuna del capo. Sin embargo, acusarlo de la autoría intelectual del magnicidio de Galán implica que el jefe del cartel de Medellín requería instigamiento, lo cual no es evidente si se tiene en cuenta su carrera criminal. Escobar, además de volar un avión de Avianca y matar 500 policías, asesinó candidatos presidenciales, ministros, jueces, periodistas y parlamentarios, sin que le temblara la mano.

Era indudable que Luis Carlos Galán representaría un gran peligro para él si llegaba a la Presidencia de la República. Pero no necesitaba a Santofimio para entender eso. Si es verdad que el dirigente tolimense era tan cercano al capo como para estar al tanto de ese magnicidio, debería estar en la cárcel más por complicidad que como autor intelectual.

El abogado de Santofimio argumenta que el testimonio de Popeye no debería haber sido tenido en cuenta por tratarse de un sicario confeso. Eso no es tan automático, pues sobre el mundo de la mafia saben más los sicarios confesos que la gente de bien. El problema en los casos de confesiones de hampones radica en determinar cuánto de lo que dicen es verdad y cuánto es producto de algún tipo de animadversión.

Todas las anteriores consideraciones son ya estrictamente académicas. La realidad jurídica es un fallo de la Corte Suprema de Justicia sobre el magnicidio más importante del último medio siglo en el país. Ese solo hecho convierte el fallo en un hito de la jurisprudencia colombiana y en una señal de que aun en los casos muy complejos la justicia opera. Aunque no todo el mundo esté de acuerdo con el veredicto, esto significa un fortalecimiento de las instituciones y un aumento de su credibilidad. 
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