Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2015/08/22 22:00

Colegios tienen que respetar la diversidad sexual de sus estudiantes

Mientras que el procurador está a favor de que los manuales de convivencia restrinjan las demostraciones de afecto, la Corte Constitucional aboga por las libertades.

Para Alejandro Ordóñez los niños no tienen el mismo margen de libertad en sus decisiones afectivo-sexuales que un adulto. Foto: Guillermo Torres

Poco más de un año des-pués de que Sergio Urrego, de 16 años, se suicidó en un centro comercial de Bogotá, producto de una presunta discriminación y matoneo por su condición sexual en el colegio Gimnasio Castillo Campestre, la Corte Constitucional falló a favor la tutela interpuesta por su madre, Alba Lucía Reyes. La magistrada Gloria Stella Ortiz amparó los derechos al debido proceso, igualdad e intimidad.

La corte le ordenó al colegio entregar el grado póstumo de bachiller a Sergio Urrego, algo que la institución se negaba a hacer. Además, le pidió al Ministerio de Educación que a más tardar en un año adecúe los manuales de convivencia de los colegios en todo el país con el fin de que se protejan las libertades sexuales de los estudiantes.

Este fue un triunfo para la familia, pero días antes el procurador general, Alejandro Ordóñez, envió un concepto a la magistrada Gloria Ortiz en el que consideraba pertinente que los manuales de convivencia pudieran restringir en los colegios las manifestaciones de afecto entre los estudiantes. La polémica, como es usual en las intervenciones de la Procuraduría, no se hizo esperar.

En el documento de 54 páginas, Ordóñez considera que no hubo discriminación por parte del colegio en su manual y asegura que si las manifestaciones obscenas están prohibidas en espacio público para todos los ciudadanos, es normal que una institución las sancione cuando se ejercen dentro de ella.

El procurador va más allá al encontrar válida la moderación de los actos afectivos con connotaciones sexuales y se pregunta: “Si efectivamente no se pudiera exigir a los niños el recato y el pudor al interior de sus instituciones educativas, ¿qué razones válidas existirían o podrían existir para exigirlas a los ciudadanos? Pero, en cambio si el recato y la moderación son virtudes socialmente exigibles a los adultos, entonces ¿por qué no podemos formar a los niños en su ejercicio?”. Lo difícil en este caso sería lograr un acuerdo para distinguir qué es un acto afectivo moderado, qué es un acto afectivo exagerado y quién trazaría esa línea. O, en otras palabras, cómo se contraponen el derecho al libre desarrollo de la personalidad y a tener una relación afectiva frente a situaciones que pueden resultar obscenas o inmorales. En principio, es un hecho evidente que algo va de un abrazo o una cogida de mano entre dos novios en el recreo a una relación sexual en un salón de clase. Sin embargo, en la tesis del procurador hay una lectura moral, cuando habla de conceptos como el del recato y pudor. ¿Hasta dónde llegan? ¿Quién los define?

Germán Casas, miembro de la junta directiva de la Asociación Colombiana de Psiquiatría, considera que las manifestaciones de amor y cariño no se pueden limitar por decreto porque pertenecen al normal desarrollo de los seres humanos. “Se debe educar, enseñar que las manifestaciones de amor y cariño también responden a un acuerdo social, en el cual tienen límites dispuestos por la sociedad, basados en el respeto hacia el otro”.

Para Casas, cuando se crea una prohibición se genera una confusión en la cabeza del niño o el adolescente, quien comenzará a ver su instinto natural al afecto y al amor como algo malo que debe hacer a escondidas.

Carolina Ibarra, psicóloga e investigadora del grupo Familia y Sexualidad de la Universidad de los Andes, considera que lo importante es fortalecer la autorregulación en los estudiantes. “Eso no ocurre por decreto, se aprende en la interacción con otros, a través del ejemplo, la experiencia, la guía y el acompañamiento”.

Sin embargo, no todos ven estas restricciones propuestas por el procurador como algo negativo. Martha Inés Rojas, coordinadora del Colegio Distrital Cedid en Bogotá, asegura que hay estudiantes que exageran en sus demostraciones de afecto, sin tener en cuenta que hay niños muy pequeños que repiten lo que ven sin saber lo que hacen. “Si no se generan límites en los niños y adolescentes, luego tendremos problemas para enseñarle límites al adulto. Muchos problemas radican en que ahora a los niños se les permite todo”.

Con la orden de la corte para que el ministerio revise los manuales de convivencia, la familia de Sergio Urrego obtuvo una gran alegría luego de una dolorosa tragedia y muchos están de acuerdo en que se debe educar y no prohibir. Sin embargo, el debate continúa, ya que otros consideran que los manuales están abiertos, y si a un padre no le gusta está en la libertad de buscar un colegio que se ajuste a lo que quiere para su hijo.

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