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| 9/20/1993 12:00:00 AM

A colgar las armas

Desde hace tres años, nunca se había estado tan cerca de una nueva desmovilización de guerrilleros, la de una disidencia del ELN.

DESPUES DE LAS CONVERsaciones de Caracas y Tlaxcala. Muy pocos colombianos creen aún en una solución negociada al problema de la guerrilla. Sin embargo, todo parece indicar que son pocos los días que faltan para que se llegue a un acuerdo de diálogo con la Corriente de Renovación, una disidencia del Ejército de Liberación Nacional que desde hace cinco meses ha venido estableciendo contactos con el Gobierno con el fin de acordar un procedimiento que permita su desmovilización.
La historia comenzó hace más de dos años, cuando ante la caída del bloque soviético y el fracaso del comunismo europeo, el grupo de los "históricos" -los fundadores del ELN- y el MIR Patria Libre -otra fracción de la Unión Camilista ELN fracasaron en su intento por promover en el seno de la organización el debate sobre el papel de la lucha armada en el proceso revolucionario. Ante la negativa del grueso de los guerrilleros de revisar posiciones, ambas fracciones se distanciaron del ELN y formaron la Corriente de Renovación, un grupo que hasta ahora ha continuado la actividad subversiva por su parte, pero con la aparente convicción de que como proyecto, la lucha armada está agotada. Es esa convicción la que explica que la Corriente haya buscado involucrarse en los diálogos de Caracas y Tlaxcala, donde pidió un cupo como movimiento independiente de la Coordinadora Guerillera Simón Bolívar. Pero que el grupo se sentara a la mesa de negociaciones con vocería independiente no convenció del todo a la Coordinadora, y el intento por sentarse a negociar fracasó. La Corriente sin embargo, optó por establecer contactos directos con el Gobierno. Y eso es lo que ha venido haciendo desde hace algún tiempo.
A pesar de su decisión política de dejar las armas, del diálogo con la Corriente ha sido un proceso tedioso y difícil. Aunque ya existe un acuerdo de un cese unilateral al fuego, pasaron varios meses antes de lograr un consenso entre los subversivos y el Gobierno sobre el lugar donde se establecerían los guerrilleros involucrados en el proceso de paz, y sobre cuáles serían los puntos de la agenda que se discutirá en la mesa de negociaciaciones. "El problema -según Ricardo Santamaría, consejero presidencial para la Seguridad Nacional- es que ha habido una diferencia de enfoque sobre el tipo de proceso que se debe llevar a cabo. La Corriente tiene en mente una negociación en función de la coyuntura política, mientras el Gobierno está llevando a cabo el diálogo en función del tamaño del grupo. Así las cosas, la guerrilla no puede pretender que el proceso le signifique altos dividendos políticos y debe comprender que ese trabajo lo debe hacer despuése de la desmovilización ".
Aún falta esperar que los negociadores de ambas partes logren llegar a un acuerdo definitivo como el que se produjo con grupos guerrilleros como el M-l9, el Quintín Lame, el PRT o el EPL en 1990 . También queda por probar si los negociadores de la Corriente han logrado convencer a la totalidad de los frentes que la conforman acerca de las bondades de la desmovilización, cosa que aún no es segura en el caso de las fracciones ubicadas en Urabá, las cuales han mostrado resistencia al diálogo. Sin embargo, a pesar de la demora y de las diferencias que se hayan podido presentar durante el proceso, todo parece indicar que en cuestión de pocos días la disidencia del ELN fijará su campamento en un área rural de la Costa Atlántica. Si es así y las cosas van como espera el Gobierno, los 250 hombres de la Corriente de Renovación depondrán las armas antes de diciembre y se unirán a los 3.600 desmovilizados de los otros grupos subversivos, sumándose de este modo a los logros del parcelado proceso paz colombiano paz colomhiano.
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