Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2007/12/15 00:00

Colombia 1, Nicaragua 0

La Corte Internacional de Justicia dejó sin piso los reclamos nicaragüenses por San Andrés. La próxima batalla será sobre el límite marítimo entre los dos países.

Colombia 1, Nicaragua 0

En Nicaragua la sabiduría del ex técnico colombiano Francisco Maturana -"perder, es ganar un poco"-, aparentemente, es de buen recibo. Informados por la Corte Internacional de Justicia de que su pretensión de algún día izar la bandera azul y blanca en las islas de San Andrés, Providencia y Santa Catalina era una quimera irrealizable, el gobierno y los medios manifestaron estar muy contentos. Se les olvidó recordar que por los menos desde 1980, cuando los sandinistas llegaron al poder, el objetivo número uno de la política exterior de Nicaragua -su 'Raison d'État' - era recuperar la soberanía de las islas. Así se lo prometieron a diario a su pueblo. Insistieron en que el tratado Esguerra-Bárcenas con Colombia de 1928 no era válido, porque había sido aprobado cuando Nicaragua era ocupada por tropas estadounidenses. Y así lo reiteraron cuando presentaron su demanda ante la Corte Internacional de Justicia en diciembre de 2001.

Pero la retórica sirve para todo: en declaraciones a El Nuevo Diario de Managua, el viernes pasado, el agente nicaragüense ante la Corte, Carlos Argüello, dijo que "territorialmente tienen mayor valor los miles de kilómetros cuadrados que se garantizó Nicaragua con el fallo de ayer, que los apenas 40 kilómetros cuadrados de extensión que representan las islas adjudicadas a Colombia". Entonces, de creerle a Argüello, toda la alharaca sobre San Andrés era puro 'tilín, tilín'. Algunos analistas colombianos han señalado que posiblemente eso era lo que buscaba Nicaragua: pedir todo para quedarse con una parte, un sencillo ejercicio de regateo. Puede ser, pero hasta ahora no han ganado un centímetro cuadrado. Lo que decidió la Corte fue, primero, confirmar que las islas San Andrés, Providencia y Santa Catalina son colombianas. Segundo, que tiene jurisdicción para definir los límites marítimos entre Nicaragua y Colombia, que hasta este momento han sido determinados por el meridiano 82. Tercero, que la soberanía colombiana sobre los cayos de Roncador, Quitasueño y Serrana no se puede inferir del tratado de 1928 y por eso la Corte entrará a analizar el asunto.

A pesar de los titulares, en realidad aún no ha pasado nada. Sólo algunos ilusos nicaragüenses y los eternos pesimistas colombianos pensaban que fuera posible que la Corte desconociera la validez de un tratado firmado y aprobado por dos países. Habría sido un

exabrupto jurídico. A los conocedores de cómo funciona la Corte no les sorprende que ésta hubiera aceptado tomar cartas en el asunto; al fin y al cabo, la crearon precisamente en 1946 para resolver conflictos entre Estados de manera pacífica y no a los sablazos -como era la costumbre preferida durante siglos-.

Desde cuando Colombia aceptó la jurisdicción de la Corte, era un riesgo cantado que ésta se inmiscuyera en el tema limítrofe. Incluso algunos analistas criticaron esa decisión cuando se tomó en su momento. Dijeron que habría sido mejor dejar a Nicaragua sola, debatiendo con sí misma. Según le comentaron a SEMANA fuentes del gobierno, esa opción se analizó y se descartó, principalmente por dos razones: primero, porque el proceso habría seguido su curso en la Corte, pero sin escuchar la posición colombiana, y segundo, porque sería política y diplomáticamente muy difícil para el país desconocer un fallo en su contra, aunque desde el punto de vista jurídico, careciera de validez.

Dado lo anterior, el fallo del jueves 13 es apenas el abrebocas de la pelea principal de la cartelera. Hasta ahora, sólo Nicaragua ha presentado sus argumentos de fondo. En los próximos meses y años, será el turno de Colombia para persuadir a los magistrados de la Corte de desechar las pretensiones de Managua. En declaraciones a la prensa, el embajador Julio Londoño, quien ha encabezado la delegación colombiana, se mostró confiado en que la Corte reconozca al meridiano 82 como límite entre los dos países, como lo ha sido en la práctica desde hace ya más de 70 años. Y como lo han reconocido otros países en tratados con Colombia. De cumplirse los cronogramas de la Corte, posiblemente en 2010 -200 años después del grito de independencia- se sabrá si esa argumentación tuvo eco entre los 17 magistrados del Alto Tribunal.

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