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| 4/23/2011 12:00:00 AM

Colombia D.F.

Varios mandatarios locales y regionales están empeñados en consolidar regiones autónomas. ¿Podrán vencer el 'coco' del centralismo?

En las clases de sociales, los alumnos de bachillerato repiten que "Colombia es un país de regiones" hasta que terminan por aprendérselo de memoria. Los profesores reiteran hasta el cansancio que las cordilleras, los mares y los climas han conformado una Nación que parece una colcha de retazos. Y en un viaje por carretera es fácil comprobar que Colombia se puede dividir en territorios amplios que comparten terreno, cultura, folclor, paisaje, coincidencias históricas y una identidad muy propia.

Sin embargo, esta realidad suele desvanecerse como un lugar común que solo evoca textos históricos o mapas de geografía. En plata blanca, las regiones hasta ahora no han tenido su verdadera dimensión política. La falta de voluntad de los gobiernos, la accidentada topografía y el descomunal rezago en infraestructura hacen que las llamadas regiones no hayan podido integrarse ni tengan una proyección administrativa ni económica de verdad. Tanto es así que la historia de Colombia se ha escrito con pluma centralista, mientras las regiones han tenido un papel de reparto.

Pero esto podría estar por cambiar. Desde hace unos cinco años, la dinámica regional está cogiendo fuerza y empieza a reclamar un papel más protagónico. En foros, universidades, las correrías políticas y el Congreso es el primer tema de la agenda. A lo largo y ancho del país, gobernadores, senadores, gremios y miembros de la academia están levantando la voz para proponer que las regiones se consoliden en epicentros de desarrollo con más autonomía. Según el gobernador de Cundinamarca, Andrés González, "podemos lograr más desarrollo a través de un modelo de regiones. La división de departamentos y municipios se quedó chiquita". Es, además, una tendencia mundial, pues países como Japón, Finlandia, Francia y España le han apostado al desarrollo regional y están reinventando sus mapas en busca de mayor competitividad a nivel global. Y Colombia, que está en la búsqueda de acuerdos comerciales, no es ajena a esta discusión.

Para los precursores de este 'país regional', aprovechar las ventajas comparativas de cada región no es un capricho, sino una obligación para subsanar las grandes brechas de desigualdad. Mientras Cundinamarca, Santander y Bogotá gozan de un PIB per cápita de 15 millones de pesos, en otras regiones, como el Pacífico, no supera los tres millones. La región de Bogotá y Cundinamarca concentra el 32 por ciento del PIB del país y de cada cien pesos que se producen, veinte van para las arcas centrales, mientras apenas 2,5 centavos van para las regiones. Por esto, más que redistribuir los ingresos de regiones avanzadas hacia las más necesitadas, los líderes locales quieren promover la construcción de regiones autónomas que funcionen como polos de desarrollo y que tengan unos clusters de competitividad muy definidos.

Para Eduardo Verano, promotor de la Región Caribe, se trata de superar el yugo histórico con Bogotá, que el desfile burocrático e interminable para que los tecnócratas de la capital les pasen al teléfono o coger un avión cada vez que necesiten asegurar una partida presupuestal.

Con esto en mente, Verano impulsó el Voto Caribe en 2010, un primer intento para medir el interés de siete departamentos caribeños en constituirse como una región. Tuvo una respuesta positiva de más de dos millones y medio de costeños, y fue tal el éxito que el gobernador ya propuso una votación a nivel nacional en las próximas elecciones de octubre. La papeleta se llamará Colombia Regional y, de ser acogida por los votantes, sería un impulso importante para la regionalización del país.

Verano propone crear un "estado regional" que evite la concentración de poder en Bogotá, desmonte la megaburocracia del Estado central y delegue a las regiones mayor soberanía política, solvencia económica y capacidad de maniobra. Esto no significa la federalización del país, pero sí una mayor autonomía local.

Por los lados del Pacífico también se siente este aire de regionalización. Sin embargo, no les preocupa tanto la autonomía política como el trabajo en equipo en proyectos comunes. El gobernador del Cauca, Guillermo González, invitó a Valle, Nariño y Chocó a firmar un acta constitutiva de la Región Pacífico, y esperan trabajar en conjunto para subsanar la desigualdad y la pobreza de la región, que llega al 63 por ciento y es la más alta del país. "Llevamos más de 200 años en la neblina", dice González, y asegura que el Pacífico está listo para convertirse en un nodo de desarrollo gracias a su situación geográfica y a su biodiversidad.

La hoja de ruta ya está trazada. El deseo de abrir el comercio con Asia y pertenecer al Foro de Cooperación Económica Asia- Pacífico (APEC, por su sigla en inglés) pasa necesariamente por el mejoramiento de las vías de comunicación y megaobras de infraestructura en parte del territorio. También están en conversaciones con Brasil para construir un puerto que le dé salida por el Pacífico al país vecino, pasando por Manaos y Puerto Asís.

En el otro extremo del país, el gobernador de Santander, Horacio Serpa, está en la misma campaña. El primer paso es sacar adelante proyectos comunes entre Santander y Norte de Santander, transformar la región en un cluster de desarrollo para la industria -sobre todo la marroquinería- y aprovechar su condición de frontera. A largo plazo, hay interés para conformar una gran región nororiental junto con Arauca y Tolima.

Hasta el centro del país se está pensando como región. Bogotá y Cundinamarca se autodenominan ahora la Región Capital, que hará énfasis en macroproyectos de vivienda, saneamiento básico, la recuperación del río Bogotá, dobles calzadas y la creación de zonas francas. También quiere apostarle a la tecnología y la innovación en sectores específicos como la floricultura. Otra gran obsesión de la Región Capital es la competitividad, y al estar a 1.500 kilómetros del mar, un gran aeropuerto se vuelve crítico, pero hasta ahora los proyectos y los diseños no están a la altura de las necesidades, sobre todo si se tiene en cuenta que esta región tiene una economía más grande que la de Honduras o Paraguay.

La Orinoquia y la Amazonia no han entrado aún -al menos formalmente- en este proceso. Pero es un hecho que con el boom petrolero y minero, y la disponibilidad de seis millones de hectáreas cultivables en el llano -la reserva más grande del mundo para cultivar alimentos- esa zona del país está ad portas de un despegue económico. Por eso, aunque la idea no ha sonado en forma, ya hay voces pidiendo que se inicie el debate. "Si no consolidamos una región pujante, otros la desbaratan para su propio beneficio. Depende de nosotros", afirma la senadora Maritza Martínez, quien reconoce que grandes obras de infraestructura son una prioridad para conectar un territorio tan amplio -33 por ciento del país- con otras regiones. La Amazonia, por su lado, tiene unas particularidades diferentes, porque gran parte de su territorio es gobernado por las autoridades indígenas y porque por su naturaleza selvática ha sido la principal causa de aislamiento. Sin embargo, la región está en boca del mundo entero por su valor ambiental y por lo que puede significar en las negociaciones internacionales de cambio climático.

¿Se hará realidad este país de regiones? Aunque todo indica que este proceso es irreversible, no se ve tan fácil. En primer lugar, porque a los gobiernos de turno no les interesa soltar las riendas del presupuesto. En segundo lugar, porque en varias regiones hay una institucionalidad muy débil, muchas veces capturada por mafias políticas o actores armados. En tercer lugar, porque la experiencia de las regalías, donde por mandato constitucional se tenía que girar un porcentaje millonario a los municipios y departamentos se convirtió en un nido de corrupción de tal magnitud que hoy esas regiones siguen sumidas en la miseria a pesar de los miles de millones de dólares que han recibido por la explotación de sus recursos naturales.

A pesar de la complejidad regional, es cada vez más claro que el modelo centralista está haciendo agua. Escándalos como el del cartel de la contratación en Bogotá son muestra de que la corrupción es un mal endémico a nivel nacional y no propio de las regiones. Y esta tendencia regional parece tener un gran ímpetu, y lo que está faltando es una estrategia para que el Estado delegue funciones, recursos y confianza a las regiones. Una gran prueba será la aplicación de la Ley de Regalías, donde el centro podrá supervisar los recursos, pero finalmente la inversión se hará en las regiones. Porque el fondo del problema no es desconfiar de las regiones sino tratar de fortalecerlas.
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