Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2000/10/30 00:00

Colombia en la gran diplomacia

Después de 10 años el país vuelve al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, donde espera impulsar temas como la lucha contra el tráfico de armas.

Colombia en la gran diplomacia

En los próximos días —si todo sale como está previsto— Colombia ingresará a uno de los clubes más selectos y poderosos del mundo. Se trata del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Esto significa que el país, en cabeza de Alfonso Valdivieso, su representante ante la ONU, podrá participar en las principales discusiones y decisiones de la comunidad internacional en torno a temas cruciales como la seguridad y la paz.

El Consejo de Seguridad, el organismo más influyente de las Naciones Unidas, está integrado por 15 países: los cinco más poderosos con puesto permanente (Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, China y Francia) y los demás se rotan por períodos de dos años. Su misión es velar por la solución de los conflictos y guerras que azotan a muchos países del mundo. Fija la posición de la comunidad internacional en los asuntos de seguridad y en los casos más graves puede intervenir de diversas formas, que van desde las sanciones políticas y económicas hasta la intervención militar directa de los famosos ‘cascos azules’.

Históricamente Colombia ha sido uno de los países más activos en el Consejo. Lo ha integrado cinco veces en el pasado —en los años 1947, 1953, 1957, 1969 y la última vez, bajo el gobierno de Virgilio Barco, en 1989—. Pero ahora, en momentos en que el conflicto armado se ha degradado tanto y se habla insistentemente de la necesidad de ‘internacionalizarlo’, muchos se preguntan si el ingreso del país al Consejo tiene un significado especial. Ante la gravedad de la situación colombiana algunos han hablado de la posibilidad de una mediación —o incluso intervención— externa. Y podría pensarse que el Consejo tiene un papel que jugar en estas decisiones.

Pero no es así. El conflicto no es uno de los que está debatiendo hoy el Consejo de Seguridad. Y es poco probable que el país ocupe su atención en un futuro. En Colombia —a diferencia de casos como el de la antigua Yugoslavia— no hay dos facciones de la población enfrentadas entre sí por razones étnicas, religiosas o políticas, ni existe una disputa territorial. Tampoco hay una amenaza para los países vecinos, como en el caso de Irak cuando intentó anexar a Kuwait. Por eso el embajador Alfonso Valdivieso aclara que Colombia “no clasifica para una intervención de la ONU”. Y es muy enfático en afirmar que “nadie va a venir de afuera a solucionarle el problema a los colombianos”.

En todo caso estar sentando en el Consejo de Seguridad tiene repercusiones importantes para el país, aunque sea indirectamente. Como este organismo es muy influyente en las posiciones que finalmente adoptan las naciones sobre los temas centrales de la agenda global, como derechos humanos, medio ambiente, narcotráfico, población, etc., Colombia va a aprovechar su cuarto de hora para promover su visión de problemas internacionales que la afectan internamente. Por ejemplo, el país quiere promover el respeto por el Derecho Internacional Humanitario de todos los actores de los conflictos, un mayor control al tráfico ilícito de armas pequeñas y una lucha más decidida contra las fuentes de financiación de las guerras.

Es cierto que el ingreso de Colombia al club de los poderosos de la ONU no tiene nada que ver con el hecho de que el conflicto se haya agravado. El país lanzó su candidatura desde 1997, buscando ser escogido por América Latina para un cargo que le corresponde allí. También es claro que el Consejo no se va a ocupar directamente del conflicto colombiano —a no ser que ocurra algo extraordinario—. No obstante, si Colombia logra ‘vender’ su visión de varios problemas internacionales que le atañen ante el Consejo de la ONU (único organismo con legitimidad mundial en asuntos de seguridad), es claro que puede resultarle altamente benéfico. Por eso no es una exageración decir que en los próximos dos años Colombia jugará en las grandes ligas de la diplomacia mundial.

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