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| 2/22/2011 12:00:00 AM

Colombia ha perdido en bosques el equivalente a dos veces y media la isla de Jamaica

Según un estudio de la U. Stony Brook de Nueva York, hay una acelerada deforestación en el norte de los Andes, en el Pacífico y en los bosques amazónicos. En cinco años se perdieron 35.121 km cuadrados.

Desde hace diez años la investigadora colombiana Liliana Dávalos quería comprobar si existía una relación directa entre los cultivos de coca y la deforestación en los alrededores a éstos. Con el análisis que realizó con su equipo no sólo comprobó su teoría, sino que encontró un triste panorama: Colombia perdió en bosques el equivalente a dos veces y medio el tamaño de la isla de Jamaica. La siembra de coca, una de las causas.
 
La pérdida en biodiversidad es incalculable e irremplazable, en especial en los bosques del Pacífico, de la zona centro y del sur del país. Lo lamentable, según Dávalos, es que el número de kilómetros cuadrados de bosque perdido puede ser mayor si se tiene en cuenta que la investigación se concentró sólo en los años 2002 y 2007.
 
La base del estudio de los investigadores del departamento de Ecología y Evolución de la Universidad Stony Brook de Nueva York es el censo de nuevos cultivos ilícitos que elabora desde el año 2002 el SIMCI (Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos ilícitos).
 
Al comparar el mapa de nuevos sembrados de coca, estos coinciden con las zonas en donde más se han perdido bosques en esos cinco años. Las dinámicas económicas y sociales que genera en el entorno un nuevo cultivo ilícito atrae la inmigración de personas en busca de nuevas oportunidades y con ella se activan otras actividades económicas que llevan a la tala de árboles.

“Lo que nosotros establecimos es que existe esa relación: que cuando más gente migra es cuando más deforestación hay, pero eso solamente ocurre en los municipios en donde se está presentando nueva coca”, le dijo a Semana.com la directora de la investigación.
 
El caso más crítico está en el Pacífico. “En el sur encontramos ese efecto fuerte en el cual la cercanía a la coca y la cantidad de coca que hay en el espacio es un factor importante que aumenta la probabilidad de deforestación”, explica Dávalos.
 
Para la experta, es claro que el subdesarrollo en las regiones donde hay cultivos influye en la deforestación. “Estas regiones no son subdesarrolladas porque tengan cultivos de coca, sino que tienen cultivos de coca porque están subdesarrolladas, por la falta de acceso a mercados y a la pobreza (...) En los sitios donde no hay condiciones de desarrollo es donde la deforestación se dispara. Es algo que queremos ver a fondo”, agrega.
 
Bosques del Pacífico, amenazados
 
Para el período de cinco años analizado se concluyó que sólo en el sur se perdieron 14.322 kilómetros cuadrados de bosque (ver mapa), una porción mayor que la isla de Jamaica, que mide en su totalidad 11.190 kilómetros cuadrados.
 
El panorama es similar en los bosques andinos de la zona centro, “únicos en el mundo”, según explica la experta. Allí desaparecieron 13.630 kilómetros cuadrados que se suman a los 1.160 kilómetros de bosque perdido en el norte y a los 291 kilómetros cuadrados en el Pacífico. “Suena poco, pero como allí queda tan poco bosque, el efecto es devastador”, asegura la investigadora.

En el Pacífico, según Dávalos, hay un frente de colonización gigante. “Preocupa la biodiversidad en Nariño y Cauca, zonas con bosques riquísimos, importantes e irremplazables y en donde la tasa de deforestación está aumentando”.
 
Esta zona ha tenido un aislamiento geográfico por miles de años y ha dado lugar a especies que no se encuentran en otras regiones de Colombia. Allí fueron descubiertas hace algunos años una nueva especie de murciélago y otra de colibrí, que también están amenazadas por los efectos de los cultivos de coca y la deforestación.

“Es triste. Son cientos de especies y miles de plantas que existen, la mayoría sin estudiar”, resalta Liliana Dávalos quien advierte que las consecuencias van más allá de la pérdida de la biodiversidad: deterioro de la calidad de vida de los habitantes, derrumbes, inundaciones y cambios en los flujos hídricos. “Estamos jugando con fuego”, agrega.

El estudio concluyó que las zonas protegidas sí frenan la deforestación, aunque no significa que no ocurra. De hecho, ayuda a mitigar el problema, sin embargo, a simple vista el porcentaje de zonas protegidas sigue siendo pequeño. Los esfuerzos deben ser más grandes.
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