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| 3/21/2017 10:09:00 AM

“El Gobierno debe comprometerse con reformas más atractivas para la inversión”

Roger Noriega, ex subsecretario de Estado de Estados Unidos y uno de los expertos en política exterior con América Latina más respetados en Washington, habla sobre el panorama político y económico que se avecina para Colombia y América Latina bajo la administración de Trump, Noriega participará en el foro ‘La era Trump ¿cómo capitalizar la incertidumbre?’, que se realizará el 28 de marzo en Bogotá

Foros Semana: ¿Cómo cree que se reorientará la política exterior de Estados Unidos con respecto a Latinoamérica?

Roger Noriega: Es muy pronto para determinar cómo la nueva administración va a ajustar la política de Estados Unidos respecto a América Latina. Aunque el nuevo secretario de Estado ha sido nombrado, los oficiales directamente responsables para la región no han sido designados.

El tema en el que el nuevo presidente se ha concentrado en detalle es México. Su discurso retórico hacia ese país –que demuestra una falta de comprensión y respeto por la importante relación bilateral– ha llevado a muchos a esperar lo peor. Sin embargo, en las últimas semanas, parece haber un esfuerzo concertado dentro del círculo interno del nuevo presidente en la Casa Blanca, para manejar el discurso público y tratar con altos funcionarios mexicanos en un ambiente más cooperativo. Queda por ver si este enfoque se mantendrá.

No hay duda de que los dos países pueden hacer tratos y trabajar en conjunto por los desafíos comunes. Yo espero que las autoridades mexicanas den la bienvenida a la oportunidad de discutir las debilidades del NATFA o la demanda de drogas entre mis compatriotas que alimentan la inestabilidad y la violencia en México. En mi opinión, estos problemas compartidos empeorarán, a menos que la Casa Blanca y las autoridades se ocupen de estos temas de manera informada, inteligente y respetuosa.

La manera como la nueva administración se ocupe de México afectará su capacidad de ejercer liderazgo en asuntos importantes que afectan el Hemisferio. Y en la medida en que los mexicanos sienten que las reglas del NAFTA no se respetan o que su cooperación en la lucha contra la droga y la inmigración ilegal no es apreciada, los políticos populistas que son contrarios a Estados Unidos pueden beneficiarse en futuras elecciones.

F.S.: ¿Cuál debe ser la estrategia de política exterior de Colombia para hacerle cara a la nueva administración y no afectar el sector privado?

R.N.: Por supuesto, no es el derecho de ningún gobierno extranjero juzgar o revisar un acuerdo de paz hecho por los colombianos. Sin embargo, espero que las autoridades estadounidenses consideren el desempeño de Colombia en la lucha continua contra las drogas ilícitas antes de decidir si apoyan estos esfuerzos en el futuro.

Además, existe una percepción de que el gobierno de Colombia ha sido reacio a apoyar los esfuerzos para responder a las violaciones democráticas que tienen lugar en Venezuela. En casi todas las esquinas, restaurantes, aulas universitarias en Colombia, hay una víctima y un refugiado del régimen de Maduro. Espero que el Gobierno haga su parte para enfrentar la crisis en un país vecino, demostrando la voluntad de decir la verdad sobre este problema.

F.S.: ¿Cómo se puede leer el panorama para Colombia?

R.N.: Tengo muchos amigos colombianos que están muy preocupados por el futuro de su país y me mantienen informado de los asuntos políticos y económicos que enfrenta Colombia. También he revisado una encuesta reciente de Yanhaas realizada este mes que evidenció un sorprendente nivel de preocupación por el futuro. Por ejemplo, el porcentaje de personas que sienten que Colombia está en el "camino equivocado" es tres veces más alto que aquellos que sienten que las cosas están "progresando". Las tasas de desaprobación del presidente y su gabinete también fueron notables.

Pero el número más preocupante fue el porcentaje de jóvenes –"baby boomers"– que desaprobaron el desempeño del Gobierno e, incluso, del proceso de paz. Esperaba que estos fueran los más optimistas sobre la paz, pero parecen ser extraordinariamente negativos sobre las condiciones, y aún más pesimistas sobre el futuro.

He observado desde hace años que a los colombianos, a pesar de sus opiniones sobre el proceso de paz, les preocupa que las negociaciones desviaran la atención de otros asuntos que enfrentara el país como la calidad del sistema educativo, los servicios de salud, las cuestiones fiscales, la corrupción, entre otros. Todas estas cuestiones son esenciales para una economía moderna y determinarán la competitividad, el crecimiento y el éxito a largo plazo de Colombia.

Además, esta misma encuesta dice que tres cuartas partes de los colombianos tienen una visión negativa de la implementación del proceso de paz, por lo que una mayoría probablemente piensa que para alcanzar la paz el precio es demasiado alto.

F.S.: Hay incertidumbre respecto a la reformulación de los TLC que tiene Estados Unidos con otros países ¿qué cree que va a ocurrir respecto a este tema?

R.N.: En Washington poco se discute sobre el acuerdo comercial con Colombia, dudo que vaya a ser sometido a una reformulación seria. Sin embargo, es justo decir que este acuerdo no ha desarrollado todo su potencial. El TLC debía alimentar la reforma económica, la modernización y la competitividad. El Gobierno no aprovechó al máximo la oportunidad de adoptar una agenda de reformas internas que maximizarían el comercio con Estados Unidos. Por lo tanto, la mayoría de los colombianos concluirá que el acuerdo no se ha implementado de manera completa para lograr mayores beneficios para su país.

F.S.: ¿Qué oportunidades pueden tener las empresas colombianas para hacer negocios en Estados Unidos y en otros países aprovechando la coyuntura?

R.N.: El acuerdo comercial otorga acceso privilegiado al mercado de Estados Unidos. Para maximizar estos beneficios, el Gobierno debe tener la voluntad política para comprometerse con una serie de reformas que harán el país más atractivo para la inversión extranjera y que facilitarán la creación de empresas y empleos, y reducirán las barreras de crecimiento del sector privado.

El proceso de paz hará que algunas partes del país estén disponibles para el desarrollo económico y el crecimiento. En mi opinión, el Gobierno debe considerar esto como una oportunidad para hacer de economía sea más moderna, abierta y competitiva. En otras palabras, no deben tratar áreas de conflictos pasados como zonas aisladas para proyectos de desarrollo, sino que deben adoptar un programa económico nacional ambicioso y visionario en el que se puedan integrar estas áreas en el posconflicto.

F.S.: Los últimos días ha habido controversia por la alta cifra de cultivos de coca en Colombia ¿Cómo afectará esto la confianza de países como Estados Unidos para realizar negocios?

R.N.: Colombia tiene muchos amigos en Estados Unidos porque ha sido un aliado eficaz y un socio confiable en materia de seguridad y comercio, pero incluso entre esos amigos hay serias preocupaciones de que ha perdido terreno en la lucha contra los cultivos de coca, y que integrantes de las FARC siguen participando en el tráfico ilícito de drogas y que los capos asociados con las FARC ya no están sujetos a extradición.

La mejor manera de abordar estas preocupaciones es a través de acciones concretas para tranquilizar a las autoridades de Estados Unidos de que Colombia tomará medidas efectivas y urgentes para mejorar el desempeño en estas áreas. Creo que los legisladores estadounidenses estarán buscando garantías de que exmiembros de las FARC que violen los términos del proceso de paz y que han sido formalmente acusados de crímenes en Estados Unidos estén disponibles para la extradición.

F.S.: ¿Qué pasará con aquellas empresas colombianas que dependen de capitales e inversiones estadounidenses?

R.N.: Cuando se revisa el crecimiento económico en Estados Unidos durante los últimos 10 años, el promedio es del 1,5 % anual en el Producto Interno Bruto. Francamente, eso es patético. El crecimiento del mercado bursátil desde cuando el nuevo presidente asumió el cargo indica un optimismo acerca de las nuevas políticas que se espera que mejoren la productividad y traigan capitales nuevos a nuestra economía mediante la reducción de las tasas de impuestos corporativos.

Aunque el nuevo presidente usa la retórica proteccionista, no hay razón para esperar que cambie los términos del acuerdo comercial con Colombia. Por supuesto, la economía colombiana se verá afectada por la inestabilidad económica mundial que algunos dicen podría ser causada por la visión económica poco ortodoxa del presidente Trump. Hasta ahora, los mercados se han estabilizado desde su elección, y eso ha ayudado a estabilizar el peso después de algunas preocupaciones iniciales.

Sin embargo, Colombia es un mercado que puede ser muy difícil para inversionistas y competidores extranjeros. Existe la percepción de que las poderosas empresas nacionales de Colombia comparten el mercado en sectores clave y no están entusiasmadas con la competencia extranjera. El sector petrolero está dominado por Ecopetrol, no por su eficiencia o productividad, sino porque está protegido por el Estado. Estas condiciones pueden ser favorables a intereses económicos arraigados, pero impiden el crecimiento de la economía de Colombia a un alto costo para los ciudadanos y consumidores.

Así mismo, Colombia ha adquirido la reputación de un mercado que no respeta la propiedad intelectual, particularmente dentro del sector farmacéutico. A largo plazo, esto puede resultar contraproducente en términos de innovación en salud, seguridad del consumidor e inversión tecnológica.

Junto con la competencia, la inversión extranjera aporta capital, innovación y beneficios para el consumidor. Sus funcionarios no pueden simplemente decir que: "Colombia está abierto para los negocios", y esperan atraer la inversión y el comercio. Se deben adoptar políticas económicas de vanguardia y hacer un mejor trabajo explicando los beneficios de la inversión extranjera entre sus propios productores y consumidores, para convertirse en una economía de clase mundial.

Francamente, en gran medida, el futuro económico de Colombia está en sus manos porque su liderazgo político y económico puede optar por modernizar y dar la bienvenida al capital extranjero y la competencia. Hay mucho que se podría hacer para mejorar la competitividad y la productividad de este país, un líder colombiano con valentía y visión podría garantizar un futuro próspero pero falta ver si surgirá tal líder y podrá ganar el apoyo de poderosos intereses nacionales.

F.S.: ¿Hacia dónde deben mirar los empresarios en un escenario negativo en el plano económico para Colombia?

R.N.: En algunos países latinoamericanos, el sector privado no puede o no quiere entablar un diálogo con el Gobierno porque hay una falta de confianza y prefiere simplemente reaccionar ante un conjunto de políticas. Sin embargo, los empresarios colombianos no deben ser espectadores cuando se trata de impulsar políticas económicas transformadoras, que son necesarias para sacar adelante una nación. Tal vez puedan comenzar a insistir en las reformas en la actual administración porque estos temas no dan más espera.

Ciertamente, en mi humilde opinión como extranjero, tal agenda debe ser una parte central de las próximas elecciones presidenciales. El sector privado debería liderar esa discusión pública ahora mismo y estar preparado para prestar su apoyo político a partidos y candidatos comprometidos con un ambicioso y activo programa económico.


*El foro ‘La era Trump cómo capitalizar la incertidumbre?’ se llevará a cabo en Bogotá en Connecta Centro de Negocios y Eventos (Calle 26 # 92-32), de 7 de la mañana a 12:30 de la tarde. Participarán representantes del Gobierno y del sector privado, empresarios y líderes gremiales. El encuentro es organizado por Terranum y Foros Semana

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