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| 12/18/2010 12:00:00 AM

Colombia y el mundo 2010 ¡Qué año tan intenso!

Este año será recordado como uno de los más noticiosos y dramáticos de la historia reciente.

El 2010 será un año para recordar. Un año intenso. Un periodo de grandes cambios, noticias impactantes y momentos angustiosos. Las salas de redacción trabajaron a todo vapor, y la opinión pública fue sorprendida por una gran cantidad de hechos que, tanto por su magnitud como por su gravedad, afectaron sus vidas cotidianas.
 
Las tragedias naturales fueron una de las notas predominantes. Apenas comenzaba 2010 cuando el mundo se conmovió con los desastres causados por el terremoto en Haití. El país más pobre del continente, y uno de los más subdesarrollados del mundo, sufrió enormes pérdidas porque el fenómeno natural se ensañó contra una infraestructura precaria, una institucionalidad sin capacidad de respuesta y una cooperación internacional con mejores intenciones que posibilidades de ejecución. Otro terremoto, en Chile, alimentó aún más los temores por las inesperadas reacciones de la naturaleza. Y la temporada de lluvias de fin de año, especialmente en Colombia y en Venezuela, cerró una cadena de daños que afectaron las condiciones de vida de millones de personas.
 
El mundo no tuvo descanso. En el campo económico, la esperada recuperación de la crisis financiera que había estallado un año atrás en Estados Unidos resultó lenta y tímida: el crecimiento fue precario y no empujó el empleo. Peor aún, fantasmas de crisis pulularon en Europa, donde las malas situaciones fiscales de España, Grecia e Islandia pusieron nerviosos a los mercados en varios momentos. En el área política no cesaron las tensiones, sobre todo en relación con las políticas de Irán y Corea del Norte en materia nuclear, y por los tropiezos que se encontró Estados Unidos para cambiar el rumbo en Afganistán y en Irak. Finalmente, en el terreno informativo, WikiLeaks hizo volar en mil pedazos la diplomacia estadounidense. Su publicación en la red mundial de documentos secretos y cables confidenciales puso al desnudo detalles desconocidos sobre el comportamiento de la primera potencia mundial.
 
No menos intenso fue 2010 para Colombia. Un año electoral. Un periodo de cambios. El fallo de la Corte Constitucional que impidió la segunda reelección de Álvaro Uribe le abrió paso a una campaña electoral inédita, por la magnitud del triunfo de Juan Manuel Santos, por el volumen de participación y por el alto grado de competencia entre seis candidatos que dieron la talla. La batalla fue emocionante y tuvo innovaciones frente a las tradiciones electorales: los debates por televisión fueron definitivos, las redes sociales alimentaron las ilusiones de la ola verde y la mercadotecnia alcanzó altos niveles de sofisticación. Santos hizo la diferencia con una estrategia que al final hizo énfasis en su continuismo del gobierno saliente, y Mockus confió demasiado en el voto de quienes buscaban un cambio.
 
La emoción no terminó el día de las elecciones . El nuevo gobierno puso en marcha una fórmula de continuidad en lo fundamental –sobre todo, el combate a las Farc con el resonante bombardeo contra el Mono Jojoy–, de cambio de estilo y de una agenda que diversificó y movió hacia el centro del espectro político. Eso le permitió un segundo semestre de avances rápidos en el Congreso en torno a un paquete de ambiciosas reformas y una popularidad semejante a la del gobierno anterior.
 
El 2010 será también muy recordado para la diplomacia nacional. Y, paradójicamente, tanto por los momentos de tensión que hubo con Venezuela como por la posterior normalización de las relaciones con Rafael Correa, presidente de Ecuador, y con Hugo Chávez. Los acercamientos de los últimos meses fueron tan intensos como las tensiones que llegaron a alcanzar las denuncias del saliente gobierno de Álvaro Uribe sobre la presencia de miembros de las Farc en territorio de ese país.
 
Fue un año, en fin, de alta velocidad. La economía creció casi un 5 por ciento y superó las proyecciones que se habían hecho. Falta ver, hacia adelante, hasta dónde llegarán los efectos de las inundaciones y de las lluvias sobre la infraestructura, la agricultura y las condiciones de vida de más de dos millones de damnificados. La efectividad de la respuesta del gobierno y su habilidad para gerenciar los recursos de cooperación recogidos también serán determinantes de la verdadera magnitud del daño causado a la economía.
 
Pero si 2009, hace 12 meses, fue despedido como un periodo perdido, de transición y para olvidar, 2010, por el contrario, será un periodo cuyas consecuencias perdurarán durante varios años.
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