Sábado, 20 de diciembre de 2014

| 2013/02/11 00:00

Colombia no se quedará sin santa

Pese a la renuncia del Papa, se conoció que la Madre Laura será canonizada el próximo 12 de mayo.

María Laura de Jesús Montoya Upegui, Madre Laura, será la primera santa católica colombiana.
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BBC

La noticia quedó eclipsada por el anuncio de que el papa Benedicto XVI abandona el cargo, pero para la feligresía colombiana no dejó de ser jubilosa. El 12 de mayo será canonizada la primera santa católica colombiana: María Laura de Jesús Montoya Upegui, conocida entre sus paisanos simplemente como Madre Laura.


Nacida en el pueblo antioqueño de Jericó el 26 de Mayo de 1874, Montoya Upegui falleció en Medellín el 21 de octubre de 1949, a la edad de 75 años.


Y si bien el título de "santa" le llegará luego de que El Vaticano determinó, en diciembre pasado, que la sanación de un médico antioqueño gravemente enfermo que se encomendó a la entonces beata en el año 2004 constituía un milagro, en Colombia se la recuerda sobre todo por la labor misionera que desarrolló durante muchos años en pro de los indígenas.


"Ella fue una mujer de avanzada, una mujer que luchó y que hizo camino en su época", le dijo a BBC Mundo Zurama Ortiz, profesa de la Congregación de las Hermanas Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, fundada por Montoya Upegui en 1914.


"Madre Laura luchó por los indígenas, a quienes siempre consideró sus hijos del alma", explicó la religiosa. 


"Para ella eran su llaga, que la laceraba por la situación en que vivían, porque en esa época el indígena no era tenido como persona, sino como un ser salvaje, como un ser que no era humano", añadió.


Espíritu misionero


Huérfana de padre desde muy niña, la infancia y la juventud de Madre Laura transcurrieron entre muchas privaciones.


Y siguiendo los pasos de su madre –que quedó viuda luego de que el padre de la futura santa fue asesinado "por sus convicciones políticas y religiosas"– su primera vocación fue el magisterio. Luego de ejercer la docencia en varios pueblos de Antioquia, Montoya Upegui fue nombrada vicedirectora del Colegio de la Inmaculada de Medellín, frecuentado por las hijas de la elite de la capital antioqueña.


Y la piadosa mujer ejerció la dirección del colegio desde 1901 hasta 1914, cuando decidió dedicarse de lleno a la actividad misionera en favor de los indígenas del departamento de Antioquia. Según Claudia Umaña, una de las biógrafas de la futura santa, esa vocación chocó, en un inicio, con la oposición de las autoridades eclesiales.


"Nadie podía entender que una mujer se dedicara a ese tipo de labores. El arzobispo consideraba que Laura era un hervidero de ideas liberales y trató por todos los medios de impedir su empresa misionera", escribe Umaña.


"Ante la negativa, escribió una larga carta (al papa Pío X), en la que le exponía la situación de abandono y marginamiento social, político, económico e incluso religioso en que se encontraban los indígenas latinoamericanos", se lee en la biografía.


La respuesta le llegó en la encíclica Lacrimabili statu, en la cual el Papa pedía a los obispos americanos que velasen por el bien material, moral y espiritual de sus indígenas. Y poco después, la futura santa conseguiría el apoyo de monseñor Maximiliano Crespo Rivera, obispo de Antioquia, para su empresa.


"El 4 de mayo de 1914, después de vencer muchas dificultades, Laura emprendió, con cinco ayudantas, entre las que se encontraba su madre, un viaje a Dabeiba (Antioquia)", escribe Umaña. Nacía así la Congregación de las Hermanas Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, que actualmente tiene presencia en 21 países de América, Europa y África.


Escritora y mística


Madre Laura eventualmente regresaría a Medellín en 1940, junto a sus "hermanas lauritas", un año después de haber sido reconocida con la orden Cruz de Boyacá por el entonces presidente, Eduardo Santos.


Y fue la propia Arquidiócesis de Medellín la que inició la causa para su beatificación 23 años después de su fallecimiento.


De un profundo misticismo desde muy joven, Madre Laura también combinó su trabajo docente y misionero con el amor por la escritura.


Y, en total, escribió cerca de 30 libros, incluida una autobiografía –Historia de las misericordias de Dios en un alma– de cerca de 1.000 páginas.


"La madre Laura se proyectó como maestra, como misionera, como profeta, como escritora y como fundadora", le dijo a BBC Mundo la Hermana Zuramana.


Y el convento de Belencito, Medellín, donde murió y donde reposan sus restos, es hoy por hoy un santuario que diariamente atrae a centenares de visitantes.


El camino a la canonización


11 de julio de 1968: La Congregación de las Hermanas Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena recibe la aprobación papal.


1973: María Laura de Jesús Montoya Upegui es declarada "Siervo de Dios".


22 de enero de 1991: El papa Juan Pablo II la declara "Venerable".


25 de abril de 2004: Es declarada "beata" por el papa Juan Pablo II.


20 de diciembre 2012: El papa Benedicto XVI autoriza su canonización.


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