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| 9/17/2016 12:00:00 AM

La próxima generación ya no conocerá al Santa Isabel

En 162 años Colombia perdió el 84 por ciento de su área glaciar. Lo que antes eran montañas blancas cubiertas de nieve, hoy son solo rocas con manchas de hielo aisladas.

A la parte nevada del volcán Santa Isabel o Poleka Kasue, como le llamaban los indígenas pijaos, quimbayas, carrapas, chibchas y quindúes, que subían a rendirle culto, le quedan pocos años. Aquel glaciar, que corona glorioso la montaña que marca la frontera entre los departamentos de Caldas, Risaralda y Tolima, se derrite un centímetro al día. Estudios del Ideam dicen que en las próximas tres décadas solo será un recuerdo.

“Los glaciares de Colombia están en vía de extinción. Según nuestros cálculos, en unos 30 o 40 años morirán todos. El calentamiento global es una alarma encendida desde hace varias décadas, y estos son los estragos”, explica Jorge Luis Ceballos, el único glaciólogo de Colombia, que desde hace 11 años estudia para el Ideam el cambio climático a partir del deshielo en las cimas de las montañas.

Según una investigación publicada por el Ideam, muy pronto los demás volcanes nevados correrán la misma suerte. El del Huila perdió entre 1850 y 2010 el 71 por ciento de su área glaciar. El del Tolima, un 91 por ciento y el del Ruiz redujo su masa en un 40 por ciento en solo 17 años, después de que en los cincuenta servía de pista para los esquiadores.

Adicionalmente, la sierra nevada de El Cocuy, que en 1850 tenía en sus cumbres el 43 por ciento de los glaciares colombianos, disminuyó poco más del 89 por ciento. La Sierra Nevada de Santa Marta presenta una pérdida de un 91 por ciento y el volcán nevado Santa Isabel hoy cuenta con menos de 1,8 kilómetros cuadrados.

Aunque la tendencia a la desglaciación es una constante, variables influyen en su velocidad, entre ellas el clima y los fenómenos extremos. La temperatura general en el país aumenta 0,13 grados centígrados cada diez años, mientras en la alta montaña el incremento es de 0,21 grados. Durante el fenómeno de El Niño, el deshielo aumenta. Para cuando llega La Niña, la naturaleza sigue siendo incapaz de reparar los daños del anterior.

Santa Isabel se escurre

El volcán nevado Santa Isabel es uno de los glaciares más importantes del país. No solo por su aspecto, sino porque posee la estación climatológica más alta de Colombia y hace parte de los 17 picos que estudia el Servicio Mundial de Monitoreo Glaciar en Suiza (WGMS) desde 2009.

El Santa, como Ceballos lo llama, no es una estructura volcánica común como la del Tolima o el Huila, sino un conjunto de domos, o superficies extrañamente redondeadas creadas por la efusión de lavas que permitió el asentamiento glaciar. Tiene tres cimas principales: norte a 4.964 metros de altura, centro a 4.934 metros y sur a 5.100.  

Para Maribel Rincón, guía de Parques Nacionales desde 2004, la montaña es su casa, pero antes, todo era diferente: “En esa época la temperatura era más baja y había más nieve. No tocaba caminar tanto para lograr llegar al borde glaciar. Ahora vemos vegetación de páramo más arriba y animales que no deberían estar por acá”.

Además de la crisis que registró la masa glaciar del Santa Isabel en los años sesenta, por el calentamiento global, estudios realizados desde 2006 evidencian que sufre un desequilibrio constante. Uno de los dolores más recientes de los muchos que lo aquejan, son la ceniza y el lapilli –pequeñas piedras que arrojan volcanes en erupción–, que han caído durante los tres últimos años de actividad del volcán nevado del Ruiz.

“Santa Isabel está en peligro por dos razones: es muy bajito y muy pequeño. Su cumbre norte apenas toca los 4.964 metros, lo que hace que se derrita más rápido”, explica Ceballos. El deshielo constante del nevado drena por el costado occidental los ríos Claro, Otún y Campoalegre, los cuales desembocan en el río Cauca; y por el costado oriental, va a los ríos Totarito, Azul y Mozul, que hacen parte de la cuenca del Magdalena; de ese modo alimenta dos de las arterias hidrográficas más importantes del país con agua dulce.

Según el Ideam, el Santa Isabel será el próximo nevado colombiano desaparecido.

Gigantes en extinción

Puracé, Galeras, Sotará, Chiles, Pan de Azúcar, Quindío, Cisne y Cumbal yacen ya en el cementerio de aquellos que estaban por debajo de los 4.800 metros. Dice el Ideam que los glaciares colombianos pasaron de tener una extensión de 374 kilómetros cuadrados a 45,3.

El primero en desaparecer, en los años cuarenta, fue el volcán nevado del Puracé: tenía una altura de 4.520 metros y un área de 3,5 kilómetros cuadrados. Ubicado en las montañas del departamento del Cauca, le hizo honor a su nombre en quechua y pasó de ser un pico nevado a convertirse en la ‘montaña de fuego’. Una con laderas de 30 grados de inclinación y dos cráteres de 500 y 900 metros de diámetro que actualmente presentan actividad volcánica.

En 1985, en las cumbres de la cordillera Central se extinguió el último: el volcán nevado Cumbal. Con una altura de 4.790 metros y un área de 2,3 kilómetros cuadrados, los nariñenses lo llamaban el ‘gigante de las montañas del sur’.

Bajo la influencia del fenómeno de El Niño los glaciares pueden perder hasta el 100 por ciento de su cobertura nival, es decir, que solo quedarían con hielo, haciéndolos más vulnerables a la radiación solar y a la temperatura ambiente. El Niño que se dio entre 2009 y 2010, causó en el volcán nevado Santa Isabel daños irreversibles: se desvaneció la cantidad de nieve que se perdería en tres años.

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