Martes, 21 de octubre de 2014

| 2013/08/02 00:00

Colombia y Venezuela: ¿Pactos de papel o acuerdos concretos?

Ambas naciones reactivaron la agenda que ha estado pendiente desde hace más de tres años.

El canciller de Venezuela Elias Jaua y su homóloga colombiana, María Ángela Holguín. (EFE) Foto: EFE

La canciller colombiana, Maria Ángela Holguín, y su homólogo venezolano, Elías Jaua, en compañía de ministros, empresarios y diplomáticos de los dos países, reactivaron las mesas de trabajo binacionales en cinco áreas estratégicas: comercio, seguridad, comunicaciones, transporte, e infraestructura. Ambos manifestaron su interés en trabajar conjuntamente y anunciaron próximas reuniones, tanto en Venezuela como en Colombia, para concretar algunos de los planes anunciados.

El primero de ellos fue la firma de un convenio para compartir información sobre teléfonos celulares reportados como robados, tanto en Colombia como en Venezuela. El ministro de Tecnología y Comunicaciones, Diego Molano firmó el convenio de cooperación con su contraparte venezolana.

Aunque es una medida positiva, este no es un asunto trascendental que afecte las relaciones de ambos países, como sí lo es el contrabando, el narcotráfico, los grupos armados ilegales a ambos lados de la frontera o la balanza comercial, que no ha vuelto a retornar a los niveles que tuvo en 2008, antes de que se rompieran las relaciones entre los dos países por el bombardeo al campamento de las FARC en Ecuador.

Sólo hasta que Juan Manuel Santos asumió la presidencia, y tras la reunión que sostuvo con el fallecido presidente Hugo Chávez en Santa Marta, el 10 de agosto de 2010, las relaciones empezaron a encarrilarse otra vez.

Desde esa fecha, ambos países acordaron trabajar en cinco comisiones: relaciones comerciales (que incluía el pago de la deuda de Venezuela a los empresarios colombianos) una comisión de complementación económica, una de inversión social en zonas fronterizas, otra de seguridad, y una comisión de infraestructura.

Son, prácticamente, las mismas mesas temáticas a través de las cuales los cancilleres se comprometieron  a trabajar este viernes, y que por la enfermedad de Chávez, las elecciones internas venezolanas, y el más reciente episodio de enfriamiento de relaciones, habían quedado congeladas.

Por eso, mucho de lo anunciado hoy suena a promesa reciclada. Por ejemplo, el famoso puente en Tienditas, para facilitar el paso en la frontera se ha quedado en veremos muchas veces. Hasta la misma canciller Holguín lo reconoció así con algo de tristeza. "Tengo la ilusión que esta vez sí vaya a ser una realidad nuestro puente," dijo.

Más proposiciones

Otras promesas, solo en materia energética que hicieron los dos gobiernos, y que ya han hecho antes, incluyen la construcción de un oleoducto que le permita a Venezuela exportar su petróleo al pacífico, pasando por Colombia. La exportación de gas de Venezuela a Colombia, pero a partir del 2014, porque hoy es Colombia la que, increíblemente, le vende gas, y también algo de crudo, a Venezuela. Hablaron también de proyectos de exploración y explotación petroleras en conjunto, y del suministro de energía eléctrica (de Venezuela a Colombia, pero ahora también de Colombia a Venezuela porque ésta no ha superado su propia crisis energética).

En materia de seguridad, son muchos "los planes" a futuro. Un protocolo binacional para combatir la minería ilegal en zonas fronterizas, la repatriación expedita de vehículos robados en ambos países y cooperación de inteligencia contra el contrabando en todos sus niveles.

Prometieron seguir luchando contra el narcotráfico, ejerciendo mayor control en puertos y aeropuertos de sustancias precursoras y cultivos ilícitos. Hasta ahí, todo sonaba muy formal y técnico, y ninguno de los dos cancilleres había mencionado nada que tuviera un tinte más político.

Pero fue Jaua el que lo hizo con una declaración que puede ser tan bien recibida, como mal vista en Colombia, porque al mismo tiempo en que en La Habana se habla de paz, en el país la guerrilla continúa delinquiendo, y aunque Venezuela se supone que es un país facilitador de los diálogos en Cuba, también es vista por muchos como un país cómplice que le da refugio a la guerrilla.

"Mantenemos nuestra firme voluntad, como lo hemos hecho, de no permitir ningún tipo de operación de grupos irregulares de ningún tipo, y mucho menos de quienes ejercen acciones contras las fuerzas armadas colombianas o contra la población colombiana. El presidente Nicolás Maduro me ha pedido notificarlo. Nuestro compromiso con Colombia es con la paz," dijo.

¿Cesa la amenaza?

Que Venezuela hubiera amenazado con retirarse del proceso de paz ante la más reciente crisis diplomática fue visto como un chantaje por parte de los uribistas. Quienes apoyan el proceso de paz y la facilitación de Venezuela, le echaron la culpa a Santos de haber recibido al líder opositor Henrique Capriles, poniendo en peligro los diálogos.

Si bien fue una jugada arriesgada de Santos, la situación en Venezuela, tras las elecciones, pintaba negra. La legitimidad de Maduro como presidente era cuestionada interna y externamente, la crisis de desabastecimiento por la que atravesaba el país estaba en uno de sus peores momentos, y se hablaba hasta de un escenario de 'golpe de Estado'.

Y aunque la crisis política interna venezolana sigue vigente, el sucesor de Chávez parece estar atornillándose mejor en su silla con el apoyo del poder electoral y judicial, que se negaron a admitir las demandas de la oposición de que las elecciones habían sido fraudulentas.

Otra lectura, menos coyuntural y dependiente de Venezuela, sobre la decisión del mandatario colombiano de recibir a Capriles sugiere que Santos no cometió una imprudencia, sino que más bien, podría haber aprovechado una oportunidad. Quizás le interesaba mandar un mensaje, no sólo a sus vecinos, de que él es también un jugador regional, así no haga parte del club de países de izquierda, que se muestran más incondicionales a Venezuela.

El lanzamiento de la Alianza del Pacífico, el anuncio de querer participar de la Otán (así no sea viable) y el recibimiento en la misma semana al Secretario de Estado de EEUU, John Kerry, y a Henrique Capriles en Bogotá, podrían haber sido decisiones calculadas y no improvisadas.

Lo que Santos, tal vez, no imaginaba era una reacción desmesurada por parte de Venezuela, y mucho menos que él fuera catalogado como "conspirador" dentro de planes desestabilizadores del gobierno venezolano, junto a su principal adversario, el expresidente Álvaro Uribe.

"A pesar de los incidentes recientes, nunca dejamos de dialogar", se limitó a decir la canciller Holguín sobre ese episodio, y añadió que eso demostraba que las relaciones entre ambos países habían madurado. Cuando le preguntaron si había prevista una nueva reunión entre el gobierno colombiano y Capriles, dijo sin mayores detalles, "no".

No se conocen las pruebas

Jaua tampoco dijo si le había entregado al gobierno colombiano las supuestas pruebas de esos planes magnicidas contra Maduro, que volvieron a anunciarse con gran bombo esta semana, y que incluirían ya no solamente al expresidente Uribe, sino también a un militar activo colombiano. Añadió que ese tema no era un asunto de las comisiones binacionales y que Santos y Maduro tienen un canal directo para tratar esos temas.

Ambos países reiteraron que no iban a inmiscuirse en los asuntos internos de cada uno, y que no iban a manejar las relaciones con "pactos secretos", sino a través de acuerdos, que aunque contaron esta vez con participación de algunos gobernadores de estados venezolanos, se seguirán impulsando desde los palacios de Nariño y Miraflores. Por eso, el nombramiento de Luis Eladio Pérez como nuevo embajador en Caracas no es una noticia de gran envergadura para ninguno de los dos países y sus relaciones.

En cambio, lo que pueda acordarse el próximo martes entre los ministros de Hacienda de Colombia y el de Finanzas de Venezuela, Mauricio Cárdenas y Nelson Merentes, será fundamental. De ellos depende que se concrete un mecanismo que permita no sólo que Venezuela termine de pagarles la deuda a los empresarios colombianos, sino que se logre reactivar el comercio bilateral.

Si la forma como se han manejado las relaciones en la última década son un indicativo de cómo será esta "nueva" etapa, no hay que hacerse muchas expectativas. Depende de ambos gobiernos que tantas promesas que se han quedado en planes, protocolos y convenios, se traduzcan, por fin, en hechos concretos. De lo contrario, este nuevo relanzamiento de relaciones, presentadas como "acuerdo" de cooperación entre la partes, es en realidad la versión reeditada de un 'pacto' de no agresión.

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