Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2009/02/28 00:00

Comisionitis

A raíz del escándalo del DAS, hay polémica por el papel de las comisiones de notables que los gobiernos nombran en momentos de crisis y no terminan en nada.

Comisionitis

Si existiera un manual del perfecto burócrata colombiano, con seguridad tendría un capítulo dedicado a crear comisiones para solucionar problemas que parecen salirse de madre. De unos años para acá ese ha sido el procedimiento asumido por el gobierno, que suele acoger o no las recomendaciones acordadas por el grupo de notables escogidos al efecto. Pero mientras tanto, ha logrado que baje la presión pública sobre el asunto que preocupa. Lo malo es que con el tiempo, cuando vuelven a surgir los mismos problemas, queda la duda de qué tan efectiva fue la comisión que se creó, y si no fue más bien una táctica para ganar tiempo, y para darle apariencia de cambio a una problemática que realmente sigue igual.

La reflexión tiene lugar en este momento a raíz del escándalo de las 'chuzadas' del DAS. Esta entidad fue asesorada en 2007 por una comisión que el presidente Álvaro Uribe convocó luego del escándalo por la infiltración paramilitar en la entidad. Le correspondió al entonces director Andrés Peñate aplicar las recomendaciones de la comisión, y a pesar de que él le dijo a SEMANA que se acogieron al pie de la letra, es evidente que algo falló. ¿Se quedaron cortos los consejos de los asesores que durante algo más de un mes trabajaron en el tema? ¿Hubo fallas en la forma como se pusieron en marcha sus sugerencias, o simplemente el episodio demostró que el sistema de las comisiones no funciona?

Crear comités para diversos temas es muy usual desde hace años en países como el Reino Unido y Estados Unidos. En estos Estados se presume que quien decide convocarlos es honesto, reconoce que hay una situación en la que desconoce cómo actuar, se rodea de expertos, y recibe un concepto calificado. En Colombia, además de la comisión de notables que se creó hace unos tres años para el DAS, también las ha habido para revisar temas sociales como el empleo, la pobreza y la educación; en la economía, para el ingreso público y otra para el gasto público; otra de notables para la reforma política, y dos muy recordadas relacionadas con la necesidad de reformar la Policía, entre otras.

"Una comisión nace con el estigma de que es una mamadera de gallo", dice el ex vicepresidente Humberto de la Calle, que fue uno de los notables que participaron en la de la reforma política. Dice que el problema surge de la impaciencia de la sociedad frente a la urgencia de los temas, que no entiende que este tipo de conceptos más que solucionar un tema del momento, debe apuntar a temas de largo alcance y de gran calado.

Otra de las dificultades, según María Victoria Llorente, quien fue asesora de la Misión Especial para la Policía en 2003, es que en algunos casos las comisiones se concentran en el deber ser de las instituciones, pero por su alcance limitado no llegan al detalle de definir los procedimientos. Pero "no se puede decir que son un chiste, pues en muchos casos han incidido tremendamente en las políticas públicas", dice Llorente.

Y esto conduce al tercer punto en el que coinciden varios de los miembros de comisiones consultados para esta nota: el tema clave es si existen voluntad política y capacidad de poner en práctica las recomendaciones.

En cuanto a la primera, y en el caso del DAS, el ex procurador Carlos Gustavo Arrieta, miembro de la comisión de notables que le hizo las recomendaciones a esa entidad, cree que de haber sido aplicadas en su totalidad no se habría dado una situación como la actual. Sin referirse a este caso específico dice que "a veces las recomendaciones tropiezan con toda clase de problemas de índole político". En cuanto a la capacidad, Peñate reflexiona sobre cómo los nuevos hechos del DAS se dieron precisamente cuando la entidad estaba bajo un director interino, quien por definición no puede actuar con la autonomía necesaria. "Ninguna comisión puede arreglar el problema de liderazgo en una entidad. No es una crisis de estructura sino de personas", dice.

El punto neurálgico en muchos de los casos colombianos es que los temas que las comisiones buscan solucionar a veces ya están sobrediagnosticados, lo que lleva a que aquellas terminen sirviendo sólo para que el gobernante de turno diluya su responsabilidad. Porque en muchas oportunidades no se trata de saber qué es lo que toca hacer, sino decidir hacerlo.

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